El ingeniero leonés que abrió camino entre las montañas
En Lugueros descansa el Gregorio González Alonso Getino que troqueló la esperanza en las Hoces del Curueño, venciendo la roca para coser la Montaña Leonesa.

En el tranquilo cementerio de Lugueros, a orillas del río Curueño en la Montaña Central Leonesa, descansa un hombre cuya visión y esfuerzo transformaron la vida de toda una comarca: Gregorio González Alonso Getino. Aunque su nombre no siempre figure en las grandes crónicas, su legado es tangible y monumental: la carretera que atraviesa las impresionantes Hoces de Valdeteja.
A principios del siglo XX, la comunicación en esta escarpada zona de la provincia de León era precaria, limitando severamente el desarrollo económico y social de los pueblos de la ribera del Curueño.
González Alonso Getino, un hombre con profundas raíces en la comarca, se puso al frente del desafío de horadar la roca viva de las Hoces, un cañón natural de gran belleza pero de acceso casi imposible. Esta obra de ingeniería no fue solo la apertura de una vía de paso, sino la conexión fundamental que permitió a los habitantes transportar ganado, salir a comerciar, y, en esencia, romper con el aislamiento histórico.
La carretera que hoy admiramos y transitamos, serpenteando entre los acantilados y el río, es fruto de la tenacidad y el compromiso de González Alonso Getino. Su trabajo facilitó el progreso y la llegada de servicios esenciales a las poblaciones de la zona, dejando una huella imborrable en el paisaje y en la vida de sus gentes.
La importancia de esta vía es comparable a la de las antiguas calzadas romanas que ya recorrían la montaña, estableciendo una ruta histórica de comunicación, pero adaptada a las necesidades modernas de su tiempo.
En un merecido reconocimiento a su labor, Gregorio González Alonso Getino fue enterrado en Lugueros, el pueblo que se benefició directamente de la infraestructura que él mismo impulsó y construyó. Su tumba se erige como un símbolo silencioso del esfuerzo individual que pueda transformar a una comunidad entera.
Los vecinos y visitantes que hoy disfrutan del espectacular paisaje de las Hoces de Valdeteja son, sin saberlo o sabiéndolo, herederos del empeño de este hombre, cuya vida quedó ligada para siempre con el progreso de la Montaña Leonesa.