Rafael Escuredo: «La redención no es posible; el que la hace, la paga»
Rafael Escuredo no se rinde. Escribe para fijar la memoria, para que no ganen los que manipulan, para que Andalucía sepa quién luchó por ella. «Los errores que se repiten traen malas consecuencias», advierte. Por eso escribe, por eso recuerda. Porque el olvido, como él bien sabe, también es una forma de derrota

Rafael Escuredo junto a Antonio Gamoneda en la Fundación Sierra Pambley.
No corren parejos, pero hay cierto empeño entre la clase política por convertir los afanes en libros. Lo han hecho muchos, la mayoría, pero la capacidad de adentrarse en el mundo literario es harina de otro costal. Pedro Silva, el que fuera primer presidente del Principado, es un ejemplo. En su larga carrera como escritor ha tocado todos los palos: poesía, novela, ensayo... Lo mismo ocurre con otro socialista, Rafael Escuredo —expresidente andaluz, político de largo recorrido y escritor tardío— que, entre papeles, recuerdos y palabras, se ha convertido en un narrador de su tiempo. Desde la lucha por la autonomía andaluza hasta la exploración del alma humana en la ficción, su trayectoria literaria es, ante todo, una forma de resistir al olvido y a las mentiras interesadas del presente.
La literatura no le llegó por casualidad, aunque sí con retraso. «Cuando estaba terminando el tour universitario», recuerda con una sonrisa, «empezamos a escribir cuentos entre amigos, nos los pasábamos unos a otros. Para nosotros, aquello era el cielo».
Sin embargo, en el medio se le cruzó la presidencia de Andalucía y aquella vocación quedó en suspenso durante décadas. La política absorbió su tiempo y energía, hasta que, a los 50 años, la necesidad de narrar lo no contado venció al silencio. «Escribí mi primera novela entonces, y desde ahí decidí no quedarme con las ganas. Algunas historias merecían ser contadas». Así han nacido una decena de libros entre novelas, poemarios y ensayos políticos. Rafael no puede precisar el número exacto, pero sí sabe que cada uno responde a una pulsión vital: la de dejar testimonio.
Rafael reconoce la dificultad inherente para separar el recuerdo de la imaginación, pero defiende que para él, escribir sobre política, y sobre todo de su tierra, es un ejercicio de rigor y justicia. «Cuando el PP llegó a Andalucía, trataron de fabricar un relato que no se correspondía con la verdad. Por eso escribí. No desde la nostalgia, sino desde la documentación», reivindica.
Libros como Andalucía y Redente, Historia de una pasión, o Fraude y esperanza. 40 años de la Constitución surgen de la necesidad de dejar constancia de lo vivido. «Quería colocar la verdad frente a un relato interesado y fabricado por la derecha», explica, sin rodeos.
Su tesis sobre la autonomía andaluza es clara: «Andalucía dijo no a la descentralización administrativa desigual. Queríamos lo mismo que Galicia, Euskadi o Cataluña. Y lo conseguimos. Luego, para difuminarlo, llegó el «café para todos», pero eso no es lo que decidió el pueblo andaluz el 28 de febrero». Rafael Escuredo defiende un sistema federal.
— ¿Y ahora? ¿Por qué no lo exigen?
Rafael denuncia con vehemencia la pasividad actual de algunos líderes andaluces: «No piden nada. Solo critican. Y ahí se fragua su mentira». Aunque no ha hablado directamente con Pedro Sánchez, sí lo ha hecho con María Jesús Montero. «Ella estaba de acuerdo. Me nombró presidente de honor del PSOE andaluz. Eso dice mucho».
Cree firmemente que Andalucía debe reclamar lo que le corresponde: las mismas competencias y la misma financiación que otras comunidades. Desde los trenes de cercanías hasta una policía autonómica. «Si se lo han dado a otros, ¿por qué nosotros no lo pedimos?», se pregunta.
Acerca de su obra más personal, Rafael menciona Sombras de luz. No es una autobiografía, pero sí un espejo de sus inquietudes más íntimas: la culpa, el perdón, la redención. La historia gira en torno a un hombre que lo pierde todo: rompe con su familia, sus hijos, su vida. Años después, enfermo y solo, busca el perdón. Pero no lo consigue. «Para mí, la redención no es posible. El que la hace, la paga».
La conversación se detiene en este punto. Hablamos de culpa, del castigo interior, de un mundo que parece haber olvidado el valor del remordimiento. «Estamos en una época en la que la culpa ha dejado de existir. Mire usted lo que hace Putin, lo que hace Netanyahu. ¿Qué culpa sienten ellos al matar a tanta gente? Ninguna».
La mentira como sistema
El político andaluz no esconde su preocupación por la deriva de la izquierda. «Falta ética. Nos hemos acostumbrado al Estado del bienestar como si siempre hubiese estado ahí. Pero hay que defenderlo. Hay que luchar por él».
Reclama una izquierda más comprometida, menos distraída por modas importadas. «No puede ser que se olviden los valores fundamentales, la lucha por los más débiles. Hay un desmantelamiento de derechos humanos en Gaza, en Ucrania... y parece que no pasa nada».
Cita a Goebbels, el jefe de propaganda nazi, para alertar sobre los peligros del presente: «Repetir una mentira muchas veces la convierte en verdad. Hoy pasa lo mismo. Hay que desmontar esas mentiras con rigor y ética». Antes de despedirse, habla de su próximo libro: una novela-ensayo sobre Manuel Chávez Nogales, el gran periodista que tras la guerra y la dictadura se ha convertido en el emblema de la Tercera España de la que tanto se habla y que tan poco se practica. Se titulará Recuerda. En esta obra, publicada por la editorial Eolas, Chávez Nogales habla en primera persona. Su reflexión sobre la Segunda República sirve como espejo del presente: «Entonces la derecha y la izquierda no se entendieron. Solo dijeron «no» ... hasta que llegó el golpe. Hoy estamos viendo lo mismo. No importa lo que se diga, si viene del otro, siempre es no. Hoy en día, este comportamiento político no nos puede llevar a una guerra civil, pero puede traer consecuencias muy graves».