Tierra de agua
Los océanos ocultos de León
León es tierra de agua. Surcada por ríos que alimentan la mayor cuenca hidrográfica de la península, la del Duero, hendida por embalses, arada por miles de lagos, lagunas y charcas. Pequeñas masas de agua dulce que hablan de León, de su historia, de su naturaleza, de su formación. Un equipo de investigadores del departamento de Geografía y Geología de la Universidad de León ha buscado el rastro del agua en la provincia y ha inventariado 1.460 lagos y lagunas. Un pequeño océano desconocido en el que flota un tesoro líquido de un valor natural incalculable ahora al descubierto en toda su extensión

El lago de origen glaciar de Truchillas, en la Cabrera, monumento natural en un circo de un antiguo glaciar rodeado de un anfiteatro de montañas
Hace 41.000 años, el agua estaba allí, en un paraje de Páramo del Sil. Son uno de los restos más antiguos de una laguna en territorio leonés. Ya no existe, pero su huella late aún en la tierra. La delatan los sedimentos.
Hasta allí llegó Javier Santos González, geógrafo y director del departamento de Geografía y Geología de la Universidad de León, junto a un equipo de investigadores. Buscaban el rastro del agua en la provincia. Han inventariado 1.460 lagos y lagunas. Una investigación fundamental para la ordenación del territorio. Un trabajo que nunca se había hecho.
Los lagos, las lagunas y las charcas hablan de la historia de León. De su formación, de su naturaleza, de su economía y sociedad, de su riqueza. De las diferencias del territorio. De cómo fue esta tierra que pisamos. Y del miedo atávico a sus peligros que han glosado, por miles, leyendas, cantares y mitos. Han sido, desde siempre, «los ojos del mar». Como si sus profundidades conectaran con un mundo ignoto, un pasadizo hacia lo desconocido, el canto de sirena que atrapaba a los hombres y, sobre todo, a los niños, de los que dependía el futuro de las comunidades que vivían en esos lugares. Ninfas, seres mágicos, xanas, jianas, cuélebres, mouras, bellas doncellas de apariencia humana peinándose en la orilla de fuentes, cursos de agua, pozos o cuevas inundadas que custodiaban tesoros, jóvenes castigadas a vagar por culpa de un amor, ofrendas de muerte a un mundo oculto... cualquier relato valía para proteger la vida del miedo atávico a lo desconocido, al inmenso poder de la naturaleza.
En las orillas de los casi 1.500 espacios de agua inventariados, algunos también descubiertos gracias a este trabajo, el equipo de investigación de Geografía de la ULE se ha encontrado con algún tritón, pero no el dios mitológico aterrador y fuerte, descendiente de Poseidón que controlaba las profundidades del mar, sino con el anfibio que es indicador de la calidad de las aguas.
Javier Santos González y el catedrático emérito de Geografía Física José María Redondo Vega, las profesoras Amelia Gómez Villar y Rosa Blanca González Gutiérrez, el profesor Alfonso Pisabarro Pérez, el investigador Adrián Melón Nava y Sergio Alberto Peña Pérez han documentado lagunas que no estaban cartografiadas, que no existían para la ciencia. Hasta ahora.
Su conocimiento es fundamental, son recursos que se pueden aprovechar. Porque lagos, lagunas y charcas no sólo tienen valor ambiental y, en algunos casos, forman parte del Catálogo Regional de Zonas Húmedas de Interés Especial, lugares de especial protección porque son vitales para aves y anfibios, para fauna y también para la flora, sino que tienen una utilidad directa, a veces como zona de pesca, como ocurre con el lago Carucedo, o para el baño, como las lagunas de San Martín de Valdetuéjar, las famosas pozas de Valderrueda, otras abastecen de agua para el regadío como algunas de Maragatería o el Páramo, y todas tienen un alto valor paisajístico.
Un equipo de investigadores del departamento de Geografía de la Universidad de León ha buscado el rastro del agua en la provincia y ha inventariado 1.460 lagos y lagunas
El agua tiene dueño. Es de dominio público o de propiedad privada. Y motivo histórico de litigio. El trabajo de la Universidad de León deja al descubierto problemas de dominio, especialmente en las lagunas mineras en terrenos donde ya no hay extracción pero la concesión minera no ha expirado. «Son cuestiones importantes, hay que conocerlas», apunta Javier Santos González, profesor titular de Geografía Física, director del departamento de Geografía y Geología e investigador responsable del proyecto «Rasgos ambientales, potencialidad de uso y dinámica geomorfológica en lagunas mineras del noroeste de España».
Esas manchas de agua ocupan una pequeña parte de la extensión total de la provincia, apenas un 0,46 por ciento, 7.181 hectáreas, de las que la mayor parte corresponden a los embalses (6.500) y sólo 681 a las lagunas. Y, sin embargo, su valor ambiental es muy alto, «de ahí la importancia de su preservación», avisa Javier Santos.

El lago Cheiroso
La laguna viva más antigua de la provincia es quizá la del Castro, en Villaseca de Laciana. 35.000 años de historia en lo que ahora es la Reserva de la Biosfera Valle de Laciana, un lugar protegido por la Unesco. La más profunda es la de Sorbeda del Sil, que supera los 25 metros de profundidad. El más grande es el lago Carucedo, ligado a la explotación aurífera de Las Médulas por Roma, más de 2.000 años de historia, la mayor mina de oro a cielo abierto de todo el Imperio romano, en época del emperador Octavio Augusto, entre los años 26 y 19 a.C., aunque hay constancia de que las tribus indígenas ya habían explotado el yacimiento baldeando el agua. El lago Chao, en Riolago de Babia, muy singular, está formado por un deslizamiento, aún inestable. Sorprende el azul intenso del lago Isoba y del Ausente o el de la laguna de Las Verdes, en Torre de Babia, en donde la vegetación crece en verano por encima del agua y le da la tonalidad de donde toma el nombre. Transparente es el agua en el lago Truchillas, en un circo rodeado de un anfiteatro de montañas, pequeño y con 20 metros de profundidad, se alimenta por algunos neveros, declarado Monumento Natural. O los lagos de los Hoyos de Vargas, dos pozas escalonadas, enlazadas por una cascada en Portilla de la Reina. Espectacular es la Laguna Grande de Babia, pero si hay uno que ha impresionado al equipo de la ULE es el Pozo Cheiroso, en Anllares del Sil. De siempre creyeron los lugareños que es un «ojo de mar», un agujero hecho en el interior de la tierra a través del que se cuela el Cantábrico. Escuchaban allí los pastores la olas del mar y hay quien contaba que bajaba a beber a sus orillas un oso blanco, quizá albino, que dejaba, y aún deja, sus huellas en la nieve.

El lago Ausente, en las proximidades de San Isidro, de origen glaciar y unos 15 metros de profundidad cuya agua, según el día, se puede ver turquesa o azulada, un lugar rodeado de misterio
Hay en León lagunas de hace miles de años, de origen glaciar, y otras recientes, como en Vega de Infanzones, de apenas 10 años de vida. Es una de las recién nacidas de las graveras abandonadas en el entorno de la León-Burgos, la A-231. Las menos conocidas, las menos estudiadas son las lagunas mineras, rellenadas tras el abandono de la actividad extractiva. Han conformado un paisaje lunar, muchas sin control y con un pH alejado de los valores medios, probablemente muy mineralizadas, que es aconsejable vigilar, tomar decisiones y prohibir el baño.
El equipo que lidera Javier Santos ha realizado el estudio del paisaje, el origen de la formación de las lagunas y lagos, los riesgos que presentan, la pérdida de agua que sufren y su motivo, el valor ambiental y su seguridad. El 65% son naturales y el 35% artificiales. De las primeras, las más abundantes son las lagunas endorreicas, más de 600, que no evacuan el agua ni por desagüe superficial ni por infiltración sino que evapora en su superficie toda el agua, y que aparecen sobre todo en la mitad suroeste de la provincia. Normalmente son poco profundas y casi siempre temporales. En esa zona también hay lagunas que han desaparecido en las últimas décadas por el desarrollo agrario. Algunas son de tamaño notable, como la Laguna Grande, en Bercianos del Real Camino.
Norte y sur. Montaña o llano. Diferente territorio, un tipo de laguna para cada uno.
«En las zonas de montaña destacan cerca de 200 lagunas de origen glaciar. Ocupan distintos ambientes, principalmente el fondo de circos glaciares, los márgenes de valles glaciares o collados de transfluencia, con características distintas en cada caso, aunque en general suelen tener agua permanentemente y algunas son bastante profundas. Sobreasalen el Lago de Truchillas, el Lago Ausente o la Laguna Grande (Lago de Babia), entre otras muchas», destaca Javier Santos.
«Aunque son más escasas, también hay lagunas con otros orígenes. Destacan las que se formaron por grandes deslizamientos generados después de la retirada de los glaciares, como el Chao de Riolago de Babia, o el Lago de la Baña, en la Cabrera. También hay lagunas formadas en dolinas generadas por procesos kársticos, aunque generalmente son pequeñas y temporales, lo mismo que ocurre en lagunas situadas en collados de montaña», añade este profesor de la ULE.
La laguna viva más antigua es la del Castro, en Villaseca de Laciana: 35.000 años. La más nueva, con 10 años, está en Vega de Infanzones, formada por una de las graveras abandonadas de la A-231
«Entre las lagunas de origen antrópico, más de 500, las más habituales están derivadas de actividades mineras, destacando las lagunas situadas en el fondo de explotaciones de carbón, de pizarra y de grava. Las primeras aparecen en el entorno de Laciana, Babia, Fabero, Toreno, Tremor de Arriba o Valderrueda y, en algunos casos son bastante profundas. Algunas de las que están abandonadas hace décadas se han naturalizado, pero su situación es muy variable», explica Santos.
«Las lagunas en explotaciones de pizarra aparecen principalmente en La Cabrera y Páramo del Sil, y muestran una calidad del agua muy variable. Las de grava son abundantes en la cuenca sedimentaria y algunas se han formado en la última década, asociadas a las nuevas obras de infraestructura. En el entorno de Las Médulas y La Maragetería, hay pequeñas lagunas relacionadas con explotaciones auríferas romanas. Además, el lago más grande de la provincia de León, el Lago de Carucedo, está formado como consecuencia del represamiento del valle por los estériles procedentes de Las Médulas», explica el investigador responsable de este proyecto.
«Algunas de estas lagunas ni siquiera aparecen en la cartografía oficial, por lo que son poco conocidas», incide. «Además, se siguen generando lagunas derivadas de las explotaciones mineras, por lo que es solo mediante imágenes de dron se pueden tener datos actualizados. Aunque hay muchas sin ningún uso humano, las hay con usos muy diversos (recreativo, regadío, abastecimiento de aguas) y buena parte de ellas tienen un papel ambiental muy relevante, al ser puntos de interés de flora y fauna. Sin embargo, sólo algunas están recogidas en el Catálogo de Zonas Húmedas de Castilla y León», destaca Santos.
«Muchas de las lagunas mineras y algunas de las naturales presentan un estado de conservación muy deficiente y mala calidad de agua, por lo que se han realizado mediciones de pH y de profundidad para conocer sus características básicas», denuncia.
Azotadas por el viento o en la suavidad de la llanura, entre pastos o canchales de piedra, a simple vista u ocultas entre montañas, protegidas por bosques profundos de castaños, alisos, hayas, abedules, arces, robles, avellanos o acebos o colonizadas apenas por brezos y escobas, solitarias o pobladas por osos, zorros, lobos o ciervos, sobrevoladas por aves o navegadas por anfibios, son pequeños océanos de vida, el tesoro líquido de León.

Los Hoyos de Vargas

Laguna de Forna

Lago Isoba

Pozo Cheiroso

Laguna en la cantera de Riello

El lago Chao

Lago Truchillas y morrenas glaciares que lo cierran

A
Laguna de Las Verdes

Laguna en Quintanilla de Babia

Laguna en Chozas de Arriba

Laguna del Ratón

Lago de Carucedo

Laguna Grande
