Diario de León

Abel Díaz: Un viaje de sanación a través del arte

La transformación personal y artística de Abel Díaz, un hombre que combinó su pasión por la cocina con un profundo amor por el arte, está dejando huella en las calles de Madrid. A través de su pintura, Abel narra su viaje de superación, terapia y reinvención, y su historia es un testimonio de la fuerza que la creatividad puede ofrecer frente a las adversidades

Abel Díaz ante uno de sus cuadros

Abel Díaz ante uno de sus cuadrosDL

Publicado por
Cristina Fanjul
León

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En un mundo donde la vida cotidiana, el estrés y las presiones del día a día parecen devorar la energía y las esperanzas de muchos, hay personas que, a pesar de todo, encuentran en la creatividad una vía de escape y sanación. Este es el caso de Abel Díaz, un hombre que durante años fue conocido en El Bierzo por su restaurante, El Campillo de Sosas, en Laciana, un verdadero templo culinario que, hasta hace poco, era su principal pasión y ocupación. Sin embargo, una serie de eventos personales le llevaron a una reinvención que hoy lo convierte en uno de los nombres más destacados en la escena del arte urbano en Madrid. Abel Díaz nunca imaginó que la pintura sería su salvación. A lo largo de los años, había cultivado una inquietud artística, pero su vida giraba en torno a la cocina y el negocio familiar. Sin embargo, hace poco más de un año, una crisis de salud desencadenada por el estrés de la vida de autónomo y las exigencias de gestionar un negocio de hostelería llevó a Abel a atravesar una depresión profunda. Un cuadro de ansiedad, que más tarde derivó en una depresión más grave, fue el punto de inflexión. Como parte de su proceso de recuperación, los médicos del Hospital de la Reina y del Bierzo le sugirieron buscar alguna actividad que lo apartara de su rutina diaria y le ayudara a canalizar sus emociones. Fue en ese momento cuando Abel redescubrió su amor por el arte, una pasión que no había explotado plenamente hasta entonces.

Con el tiempo, el creador comenzó a expresarse en lienzos y tablas con acrílicos, dando rienda suelta a sus pensamientos, sentimientos y percepciones sobre el mundo que lo rodeaba. De este modo, la pintura se convirtió en su terapia, un medio para gestionar sus emociones, superar los miedos y transformar el dolor en creatividad. «Al principio, solo pintaba por necesidad personal» —confiesa Abel— pero luego me di cuenta de que lo que había comenzado como una forma de terapia, empezó a tener una forma propia, un estilo que me representaba».

Obra sobre Mafalda

Obra sobre MafaldaDL

Lo que comenzó como una vía de expresión personal se transformó en una oportunidad profesional gracias a un colectivo de artistas urbanos conocido como People Gallery Art. Fundado por el reconocido artista Rafael Clemente y Elsa Sierra, el grupo se dedica a promover el arte urbano en espacios públicos, llevando las obras de artistas contemporáneos a lugares como marquesinas de metro y autobuses, donde miles de personas pueden disfrutar del arte de manera espontánea y accesible.

Gracias a las redes sociales, donde Abel comenzó a compartir sus obras, el colectivo se fijó en él y, tras una exhaustiva selección, eligió ocho de sus cuadros para formar parte de la que hoy se considera una de las mayores exposiciones de arte urbano de España. Sus obras, que ahora adornan las marquesinas de metro y autobuses en algunas de las zonas emblemáticas de Madrid, se han convertido en una de las atracciones más llamativas de la ciudad, especialmente en el marco de la celebración de Arco, la famosa feria de arte contemporáneo de la capital.

Uno de los lugares de la Gran Vía donde se muestra la obra del artista leonés

Uno de los lugares de la Gran Vía donde se muestra la obra del artista leonésDL

Detalle de parte del estudio de Abel Díaz

Detalle de parte del estudio de Abel DíazDL

Abel describe esta oportunidad como una «maravilla», ya que no solo representa un salto significativo en su carrera como artista, sino que también le permite llevar un pedazo de su tierra natal, Laciana, a las calles de Madrid. «Es un orgullo que mis obras, que nacen de mis vivencias en El Bierzo, puedan ser contempladas por miles de personas cada día», comenta Abel con entusiasmo. «El hecho de que te seleccionen para formar parte de un colectivo tan prestigioso es un reconocimiento inmenso para mí y, por supuesto, para mi gente, mi pueblo, mi comarca».

Imagen de una de las obras que se exponen en Madrid

Imagen de una de las obras que se exponen en MadridDL

«Me di cuenta de que lo que comenzó como una forma de terapia, empezó a tener una forma propia, un estilo que me representaba»

El estilo de Abel Díaz no es fácilmente categorizable, lo que lo hace aún más fascinante y auténtico. Influenciado por artistas como Manolo Sierra y Eduardo Arroyo, su obra se caracteriza por el uso vibrante del color, con una predilección por los tonos intensos que transmiten emociones, sensaciones y paisajes interiores. Aunque sus cuadros pueden recordar en algunos momentos al cubismo o al surrealismo, lo cierto es que la pintura de Abel es profundamente personal, con una clara referencia a los lugares que han marcado su vida, como las montañas de Babia y la costa da Morte en Galicia.

Detalle de la creación en una marquesina de Madrid

Detalle de la creación en una marquesina de MadridDL

Su obra más conocida es una recreación de la famosa obra de Salvador Dalí, La mujer en la ventana con la que, si bien no busca hacer una referencia directa al genio de Figueras, refleja la idea de una visión personal e introspectiva de su mundo, un paisaje de montañas, valles y cielos que representan no solo el lugar físico, sino también el estado emocional de quien las observa. «Mis cuadros reflejan lo que siento y lo que veo. No pretendo hacer algo abstracto o complicado, sino transmitir lo que llevo dentro», explica Abel. «Cuando pinto, intento expresar ese dolor, esa necesidad de encontrar luz en medio de la oscuridad. A veces el color es lo único que tengo para transmitir lo que llevo dentro».

Cuando pinto intento expresar la necesidad de encontrar luz en medio de la oscuridad y el color es lo único que tengo para transmitirlo"

Una de las obras que más ha llamado la atención en Madrid

Una de las obras que más ha llamado la atención en MadridDL

El Arte como Terapia

Más allá de la visibilidad que Abel ha ganado en el mundo del arte urbano, lo que realmente le importa es la sanación que ha encontrado a través de la pintura. «La terapia que me ha dado la pintura no tiene precio», afirma. «Es mucho más que un éxito profesional o económico. Es una forma de sanar, de entenderme a mí mismo y de gestionar mis emociones». Y es que, aunque Abel ha logrado vender algunas de sus obras, él insiste en que el verdadero valor de su arte radica en el proceso de creación, no en el reconocimiento o el dinero. «Lo importante es que, a través de mi arte, he encontrado paz y equilibrio», dice. Abel sabe que el camino de la pintura es incierto, pero también entiende que cada obra es una oportunidad para crecer y seguir aprendiendo. «Cada cuadro es un paso más en mi proceso personal, y lo que suceda después será una consecuencia de lo que he hecho hasta ahora», comenta con humildad.

Abel Díaz en un momento de la entrevista

Abel Díaz en un momento de la entrevistaDL

Aunque se centra en su faceta como pintor, no ha dejado atrás el restaurante El Campillo de Sosas. Afortunadamente, ha logrado delegar responsabilidades y confiado en un equipo excepcional para que el negocio continúe funcionando con éxito. «El restaurante es una parte muy importante de mi vida, pero ahora voy a dedicarle menos tiempo». Así, continúa navegando entre dos mundos que parecen antagónicos, pero que en realidad se complementan perfectamente: la cocina y el arte. A través de la pintura, ha encontrado una forma de expresión personal que le ha permitido sanar, crecer y redefinir su futuro. Y mientras sus cuadros se exhiben en las calles de Madrid, Abel sigue con la mirada puesta en nuevos horizontes, con la esperanza de que su obra continúe emocionando y tocando a aquellos que la vean. El arte, como bien dice Abel, «es subjetivo, pero lo que importa es transmitir lo que llevas dentro».


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