Anna Alari: "El impacto en la salud del humo de los incendios está infravalorado"
La investigadora del ISGlobal de Barcelona acaba de publicar un estudio sobre el impacto del humo de los incendios en la mortalidad de la población

Anna Alari.
La doctora en Epidemiología, Anna Alari, investigadora en el ISGlobal de Barcelona, acaba de publicar los resultados de un estudio sobre el impacto del humo de los incendios forestales en la mortalidad en Europa. El grupo de investigación en ISGlobal trabaja en fortalecer la base de evidencia sobre los efectos del cambio climático y las exposiciones urbanas en la salud, así como en evaluar los co-beneficios de las acciones climáticas. El equipo liderado por Cathryn Tonne, quien ha dirigido este estudio sobre incendios forestales, se centra en la adaptación al cambio climático. «Investigamos cómo distintos grupos sociales y regiones se están adaptando de forma desigual, y qué factores ambientales, socioeconómicos y demográficos explican esas diferencias en la adaptación o incluso en la mala adaptación».
—¿Qué es exactamente lo que han estudiado?
—Nuestra investigación sobre el humo de los incendios forestales y su impacto en la mortalidad en Europa comenzó en 2023 y fue posible gracias a la convergencia de dos proyectos de mayor escala: CATALYSE, que tiene como objetivo comprender y anticipar los efectos del cambio climático sobre la salud en Europa, y EARLY-ADAPT, centrado en analizar conjuntamente los factores ambientales, socioeconómicos y demográficos que influyen en las tendencias recientes de salud humana. Nuestro estudio analizó datos diarios de mortalidad y calidad del aire durante un periodo de 19 años (de 2004 a 2022), abarcando 654 regiones de 32 países europeos, lo que representa una población total de más de 540 millones de personas. Se comparó el impacto en la mortalidad de las partículas finas llamadas PM2.5 originadas por incendios forestales con aquellas de origen no relacionado con el fuego. Nuestro estudio utilizó una metodología basada en técnicas ampliamente consolidadas en la epidemiología ambiental, utilizadas para estudiar asociaciones a corto plazo entre exposiciones ambientales y salud, mediante el análisis de datos recopilados en múltiples ubicaciones. Esta técnica, empleada en muchos estudios internacionales, ha sido clave también para establecer y actualizar las recomendaciones de la OMS sobre los estándares de contaminación del aire por partículas finas como PM2.5 y PM10.
—¿Cuál es el resultado más novedoso de la investigación?
—Aunque estudios previos ya habían demostrado que la exposición a partículas finas PM2.5 procedentes de incendios forestales aumenta el riesgo de mortalidad, especialmente por causas respiratorias, la evidencia en Europa seguía siendo escasa. La mayoría de las investigaciones se habían centrado en regiones de EE UU o del hemisferio sur, con patrones de exposición muy distintos a los europeos. Además, los estudios realizados en Europa presentaban limitaciones importantes: estaban restringidos a ciertas zonas urbanas o asumían, de forma simplificada, que las partículas de incendios tienen la misma toxicidad que las de otras fuentes, como el tráfico. Nuestro estudio aporta dos hallazgos clave y novedosos. En primer lugar, confirma que la exposición a PM2.5 procedente de incendios está asociada a un aumento de la mortalidad general, respiratoria y también cardiovascular, en el contexto europeo. En segundo lugar, demuestra que las partículas PM2.5 originadas por incendios son significativamente más tóxicas que las de otras fuentes. Es decir, a igual concentración en el aire, el riesgo de morir, especialmente por causas respiratorias, es mayor cuando las partículas provienen de incendios forestales que de otra fuente (como el tráfico). A partir de estos resultados, concluimos que asumir una toxicidad equivalente entre partículas PM2.5 de incendios y de otras fuentes lleva a subestimar en un 93% el número real de muertes atribuibles al humo de incendios. Esto indica que su impacto en la salud pública ha sido considerablemente infravalorado.
—¿Qué resultados han encontrado en la provincia de León?
—Nuestros datos sugieren que la exposición a las PM2.5 procedente de incendios podría estar relacionada con un aumento de la mortalidad, especialmente por causas respiratorias. Sin embargo, estos resultados no son concluyentes desde el punto de vista estadístico, lo que significa que no podemos asegurar con total certeza que ese aumento observado no se deba al azar. A pesar de que los resultados no son concluyentes, en León detectamos una señal preocupante: hasta el 27% de las muertes por enfermedades respiratorias podrían estar relacionadas con la exposición al humo de incendios, lo que representa una cifra muy alta si consideramos que, en el caso de la mortalidad general o por causas cardiovasculares, este porcentaje es solo del 1%.
—Comparado con otras provincias. ¿Han encontrado alguna singularidad en León?
—La provincia de León no se diferencia especialmente del resto de provincias españolas ni en los niveles de exposición al humo de incendios ni en el riesgo asociado a las partículas PM2.5 en términos de mortalidad general o por causas cardiovasculares. Sin embargo, presenta un riesgo ligeramente más alto de mortalidad por causas respiratorias, lo que podría indicar una mayor vulnerabilidad de su población, posiblemente relacionada con factores demográficos, como una mayor proporción de personas mayores o una prevalencia más elevada de enfermedades crónicas.
—¿Cree que los estados toman suficientes medidas para prevenir estos riesgos?
—Nuestros resultados en España, al igual que en Portugal, muestran un patrón particular. A pesar de que en ambos países los niveles de exposición al humo de incendios son muy elevados, las asociaciones entre las PM2.5 procedentes de incendios y la mortalidad resultaron imprecisas en el caso de España e incluso negativas en el caso de Portugal. Estos resultados, que a primera vista pueden parecer contradictorios, podrían reflejar diferencias regionales o nacionales, no solo en la vulnerabilidad de la población, sino también en las medidas de adaptación o en las estrategias de gestión del fuego adoptadas en estos países. En los últimos años, tanto en España como en Portugal se han puesto en marcha políticas públicas regionales para proteger a la población de la exposición al humo de incendios. Entre ellas se incluyen políticas de evacuación durante los incendios, programas de formación para residentes rurales sobre evacuación y creación de espacios defendibles, y programas comunitarios de preparación en zonas con alto riesgo de incendios. Que nuestros resultados reflejen la eficacia de estas políticas públicas es una hipótesis interesante que merece ser investigada más a fondo, para entender mejor los factores que explican estas disparidades geográficas en Europa.
—¿Cuáles son los problemas de salud que pueden desencadenar las partículas del humo de los incendios?
—De forma similar a otros tipos de contaminación atmosférica o al humo del tabaco, el humo de los incendios forestales puede inducir procesos de inflamación y estrés oxidativo. A corto plazo, estos mecanismos alteran el funcionamiento del sistema inmunitario y reducen la eficacia de la respuesta defensiva del organismo. Algunas partículas pueden interferir directamente con las células inmunitarias (como macrófagos y linfocitos), disminuyendo su capacidad para eliminar virus y bacterias. Como consecuencia, aumenta el riesgo de infecciones respiratorias como la gripe o la neumonía.
Por otra parte, las partículas derivadas de los incendios también pueden favorecer la senescencia celular, un proceso por el cual las células dejan de dividirse y entran en un estado de ‘envejecimiento’ permanente. A largo plazo, la acumulación de células senescentes contribuye al envejecimiento acelerado del tejido pulmonar, favorece la aparición de fibrosis y está asociada con un mayor riesgo de enfermedades crónicas como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), el asma grave o incluso el cáncer de pulmón.
—Parece claro que las personas que viven más cerca de los incendios pueden verse más afectadas pero ¿a qué distancia pueden trasladarse estas partículas y afectar a personas que viven más lejos?
—El riesgo no se limita únicamente a las zonas cercanas al incendio. Las partículas finas PM2.5 generadas por los incendios forestales son extremadamente pequeñas, lo que les permite viajar cientos o incluso miles de kilómetros desde su lugar de origen. Esto significa que pueden afectar la calidad del aire y la salud de poblaciones situadas muy lejos del foco del incendio. Estudios realizados en EE UU y Canadá han documentado concentraciones significativas de PM2.5 y efectos adversos en la salud en regiones alejadas de los incendios activos, demostrando que el humo puede cruzar fronteras estatales e incluso nacionales. Por ejemplo, Colorado suele registrar niveles elevados de humo proveniente de incendios en el noroeste del Pacífico y California, mientras que provincias canadienses alejadas de los focos de incendio también informan aumentos en PM2.5 y en problemas de salud relacionados. Un estudio reciente publicado en ‘Nature’ (Zhang et al.2025) analizó los incendios extremos de Canadá en 2023 y mostró que el humo generado por estos incendios elevó los niveles de partículas finas e influyó en la mortalidad tanto en Norteamérica como en Europa.
—¿Qué partículas tiene el humo del fuego y cuáles son las más peligrosas?
—El humo de los incendios forestales contiene una mezcla compleja de sustancias dañinas para la salud, entre ellas material particulado fino (las PM2.5) y diversos gases tóxicos como monóxido de carbono, dióxido de nitrógeno, ozono troposférico y compuestos orgánicos volátiles. Las PM2.5 son uno de los principales componentes del humo porque se generan directamente en los procesos de combustión. Estas partículas son extremadamente pequeñas (unas 30 veces más finas que un cabello humano) y pueden penetrar profundamente en los pulmones. Por eso están estrechamente relacionadas con problemas respiratorios, enfermedades cardiovasculares e incluso un mayor riesgo de muerte. Aún no está del todo claro por qué las partículas procedentes de incendios podrían ser más tóxicas que las generadas por otras fuentes, como el tráfico. Sin embargo, se cree que esto se debe a diferencias en su composición química, ya que las partículas del humo de incendios pueden contener compuestos más reactivos o dañinos, como hidrocarburos aromáticos policíclicos (por ejemplo, benzopirenos).
—¿Los vecinos de los pueblos de los incendios en León se quejan de falta de información sobre cómo proteger la salud. A la vista de los resultados del estudio ¿qué deberían hacer las administraciones responsables?
—Nuestro estudio no formula recomendaciones específicas de políticas, pero tiene como objetivo ofrecer una evaluación rigurosa de la carga para la salud asociada a las PM2.5 procedentes de incendios en Europa. Creemos que cuantificar esta carga representa una contribución valiosa a la base de evidencia que puede respaldar la toma de decisiones en salud pública y medio ambiente. La contaminación atmosférica por partículas en Europa está disminuyendo con el tiempo. Ese no es el caso en todas las partes de Europa en lo que respecta al humo de incendios forestales. El riesgo de incendios forestales está aumentando con el tiempo, en parte debido al cambio climático. Contar con mejores estimaciones del número de muertes atribuibles al humo de incendios forestales es importante para hacer un seguimiento preciso de los impactos del cambio climático en la salud. Nuestros resultados refuerzan la conclusión de que, una vez que se declara un incendio forestal, la prioridad debe ser reducir al máximo la exposición de la población al humo. En las zonas más afectadas, la medida más eficaz es la evacuación. Cuando esta no es posible, es fundamental informar a la población sobre la importancia de permanecer en interiores con puertas y ventanas cerradas, minimizar la entrada de aire exterior y evitar actividades físicas intensas que aumentan la inhalación de partículas contaminantes.
—¿Se ha despreciado siempre el impacto del humo de los incendios en la salud?
—Hasta ahora el impacto del humo de los incendios forestales en la salud ha sido en gran medida subestimado. Como mencioné antes, este tipo de contaminación causa más muertes de las que se había calculado previamente. En Europa, no disponíamos de estimaciones precisas del riesgo específico asociado a las partículas finas PM2.5 procedentes de incendios. La mayoría de las cifras disponibles se basaban en estudios realizados en unos pocos países o aplicaban valores generales de riesgo para la contaminación por partículas finas, sin distinguir su origen. Esta falta de diferenciación ha llevado a infraestimar el verdadero impacto del humo de incendios sobre la salud pública.
—¿Cuál es la propuesta ahora?
—Nuestros resultados muestran que el humo de los incendios forestales representa un riesgo importante para la salud. Al mismo tiempo, la evidencia científica indica que el cambio climático, la transformación del paisaje y ciertos comportamientos humanos están creando condiciones propicias para incendios más frecuentes, intensos y destructivos en Europa. Por ello, se vuelve crucial implementar políticas adecuadas de reducción del riesgo y estrategias eficaces de gestión del fuego. Estas medidas deben actuar en dos niveles.
Primero, minimizar el riesgo de que ocurran incendios. En las últimas décadas, Europa ha desarrollado varias estrategias de prevención, entre las que destacan la gestión del territorio, como el uso o la reintroducción del pastoreo con animales que consumen vegetación inflamable (como se hace en Portugal); la creación de zonas de discontinuidad del combustible, utilizando cultivos agrícolas como olivos, viñedos o campos de uva, especialmente en Francia, Italia y España; la gestión forestal, incluyendo zonas de aclareo y la quema prescrita (prescribed burning), aunque esta última aún está poco extendida en Europa e incluso prohibida en algunos países; la conversión de monocultivos de alto riesgo, como el eucalipto, por especies más resilientes al fuego, como el alcornoque, con mayor biodiversidad y estabilidad ecológica.
Una vez que se declara un incendio, limitar su propagación y minimizar los daños provocados por el fuego. Esto requiere medidas de preparación y respuesta como programas de formación para residentes rurales, centrados en la evacuación y en la creación de espacios defendibles alrededor de viviendas y estructuras; programas comunitarios de preparación ante incendios, que ayudan a las comunidades en zonas de riesgo a reducir su vulnerabilidad; protocolos de evacuación y sistemas de alerta, como los avisos del 112.