Diario de León

«El inmenso e irreparable error de entrar en ETA lo siento cada vez que respiro»

La etarra López Riaño, 22 años en la cárcel por 23 asesinatos, dirige una carta al juez Grande-Marlaska.

La etarra Idoia López Riaño ‘Tigresa’.

La etarra Idoia López Riaño ‘Tigresa’.

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mateo balín | madrid
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«Me metí en ETA muy joven, llena de ideas románticas e idealistas y los que me captaron supieron enseguida cómo hacerme elegir: ‘Con nosotros puedes salvar a un pueblo’. Así de estúpidamente me dejé llevar, y así de dolorosamente sigo sintiéndolo en cada poro de mi piel y en cada latido de mi corazón. El inmenso, terrible y doloroso error que cometí por falta de madurez, por creer de verdad que se me necesitaba más como miembro de ETA. Eso es algo que no me dejará nunca, esa inmensa decepción conmigo misma, ese irreparable error lo siento cada vez que respiro».

Idoia López Riaño quería ser bombero. La primera mujer de su pueblo, Rentería (Guipúzcoa), en «formar parte de esa extraordinaria familia de héroes». Incluso pasó la primera prueba con tan solo 15 años. Pero llegaron los captadores de la «organización» y le comieron la cabeza: «Prefieres salvar a unas pocas personas como bombero o a todo un pueblo; necesitamos chavales entregados como tú».

Así comenzó en 1979 su sangriento periplo bajo el alias de ‘Margarita’, aunque su apodo más popular sería ‘La Tigresa’. Un macabro camino que trata de expiar desde su «voluntaria» detención en Francia en 1994, meses después de volver de Argelia tras pasar siete años de exilio, donde la dirección de ETA la «expulsó» con apenas 22 años por resistirse «a participar en aquel horror».

López Riaño lleva cumplidos 22 años de cárcel entre Francia y España por los 23 asesinatos sentenciados de mediados de los ochenta (ella solo reconoce dos, el de un mercenario y un narcotraficante del pueblo, ya que el resto, dice, los asumió dentro de la estrategia etarra de no reconocer al tribunal juzgador). Su entrada en la ‘vía Nanclares’ para arrepentidos en 2010 o la «impotencia» de ver como antiguos compañeros de comando, en la misma situación, disfrutan de permisos y ella sigue castigada, lo relata en una carta dirigida al magistrado Fernando Grande-Marlaska, presidente de Sala Penal de la Audiencia Nacional, la persona que tiene la última palabra sobre las salidas de los presos.

La misiva de diez folios está fechada a 13 de octubre en el centro penitenciario de Araba (Vitoria). La última de las 16 cárceles que ha pisado López Riaño, que entró en prisión con 29 años y ahora tiene 51. «Le envío esta carta sin querer caer en ningún tipo de injerencia judicial; lo hago porque ya no sé a quién más recurrir», comienza el escrito.

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