Ábalos se victimiza en el Supremo y lo niega todo: «Soy carne de meme», dice
Este caso ha sido juzgado", rebate el exministro, que tilda de «éxito» la compra de las mascarillas

José Luis Ábalos durante su declaración, este lunes.
Esto es un caso mediático, juzgado hace tiempo y con condena clara». Y, a partir de ahí, lo que siguió fue un relato autoexculpatorio continuo con la supuesta mano negra del conseguidor Víctor de Aldama detrás de casi todo. Y es que también culpó de su desgracia a las «inferencias» de su denostada Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil y al «sesgo permanente» en sus informes con el afán de «imputarle».
José Luis Ábalos se presentó como víctima, con su «intimidad reventada» y convertido en «carne de meme». «¡Me han dejado en la cárcel sin ningún ingreso!¡ No tengo ni para el peculio!», clamó en el plenario. Y, metido en ese papel, no admitió nada en su esperadísima declaración ante el Supremo, en la que se negó a responder a las acusaciones populares y a la defensa de De Aldama. Nada de «fantasiosas» mordidas. Ni la más mínima irregularidad en la operación de los contratos millonarios de las mascarillas (32,5 millones de euros sin supervisión), que llegó a definir incluso como un «éxito».
Tampoco, ni sombra de «mea culpa» en el enchufe a Jésica Rodríguez, de la que insinuó —como ya hiciera Koldo García— que estaba conchabada de alguna forma con De Aldama para implicarle, quizás «coaccionada» por el comisionista. Nada de nada de dádivas por el rescate de Air Europa. El exdirigente socialista denunció igualmente su «indefensión» por el hecho de que no le hayan facilitado sus archivos. E insinuó que es el cabeza de turco de la Guardia Civil para acabar con «este Gobierno rojo-morado». En el marco de esta teoría de la conspiración, Ábalos llegó a denunciar que la UCO había forzado la inclusión en sus informes del famoso mensaje entre Ábalos y Pedro Sánchez ene el que el primero le avisaba de la llegada de Delcy Rodríguez. Pero sobre todo, el compareciente hizo hincapié en el punto débil de las acusaciones: que no han aparecido esas supuestas comisiones, al menos en la cuantía que se esperaría de presuntas corrupciones de ese volumen. «En diez años de análisis la UCO solo ha encontrado 94.000 euros sin justificar en los whatsapp de Koldo, 500 euros al mes. Este el gran caso de la corrupción de las mascarillas. ¿En cuatro años de investigación la UCO no me ha localizado cuentas?», se preguntó. «Si hubiera tenido dinero, afloraría», apuntó desafiante durante el tenso interrogatorio con el fiscal anticorrupción, Alejandro Luzón. El exministro sostuvo, desde el inicio de su comparecencia, un discurso centrado en dos ejes: su óptima gestión de la pandemia —»Este país no tuvo ningún problema de abastecimiento»— y la absoluta desvinculación de cualquier irregularidad en el meollo del caso: la contratación de Soluciones de Gestión, la empresa apadrinada por Víctor de Aldama, para traer material sanitario. En este segundo punto se volcó en poner tierra de por medio: «Yo no traté con nadie. No lo he hecho con ningún contrato del ministerio», objetó en varias ocasiones, insistiendo en que su papel fue meramente institucional y que las decisiones técnicas correspondieron a otros niveles administrativos. Y que, por supuesto, no trató de beneficiar a nadie. «Siempre dije que las mascarillas había que traerlas cuanto antes. Era una orden política. Ellos tenían que contratar a quien consideraran. No eran personas novatas. El problema es que las otras empresas (ajenas a Soluciones de Gestión) no le daban confianza». «Sé que hubo varias ofertas, aunque por mi mano no pasó ninguna. Más de una hubo seguro, según me dijo Koldo García». Y desmintió cualquier interlocución con De Aldama: «Yo no hablé con Aldama sobre la compra de material sanitario. Sé que iba a ver con frecuencia a Koldo y es más que probable que conociese de nuestra necesidad. Pero, en aquel momento, necesitábamos ayuda de todo el mundo». En ese sentido, situó el foco en la urgencia que marcó el inicio de la pandemia: «Los trabajadores, en aquel momento, no querían trabajar. Los de Correos y los transportistas tampoco querían hacerlo si no contaban con material sanitario de protección. La desesperación nuestra era tremenda». Según relató, la prioridad del ministerio fue garantizar el suministro y la seguridad de los empleados esenciales.