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ENRIQUE JIMÉNEZ. músico

«En León hay que volver a la magia de los tres acordes»

Kike Cardiaco. Su madre le envió a comprar El Tamborilero de Rafael y volvió a casa con un disco de los Rolling Stone. I can’t get no (Satisfaction) le cambió la vida. Nació en Ávila y es leonés de pura cepa. Legendario Cardiaco reconvertido en profesor de música que ha pasado del rock al swing y de la casa de discos a su canal en You Tube. Siempre con poso social.

 

«En León hay que volver a la magia de los tres acordes» -

05/06/2016

ANA GAITERO (TEXTO)
JESÚS F. SALVADORES (FOTO)

—¿Cómo suena León en 2016?

—Hay una gran confusión. En la etapa que estamos cada uno lanza un proyecto y cosas dispares para soluciones que debían ser sencillas. Yo creo que hay que volver a la magia de los tres acordes.

—Explíquese.

—Volver al rock and roll y acabar con el rock sinfónico que quieren emitir algunos. Los problemas suelen ser complejos, pero las mejores soluciones son las sencillas.

—Concrete.

—El tema del Conservatorio, me acaban de decir que gente que puede ser de la mía proponen traerlo al CHF y sacar a la Policía Local. Sabemos que dos mudanzas son un incendio. El problema es complejo, pero la solución ha de ser sencilla. La más sencilla sería quedarse donde están, no sé si dotándole de más alturas... No veo las cosas mejor en León como para meterse en gastos de edificios nuevos.

—Que se haya perdido un escaño en León para el 26-J debe tener una lectura.

—Falta toda la masa del carbón y el dinero de lo que pase con la caja, que no lo van a tener cada mes.

—¿León nunca sintió que los problemas del carbón o la agricultura nunca le iban a tocar?

—Lo vivo de cerca porque tengo alumnos de la Hullera. Si aquí se vivía al margen es porque la ciudad ha querido, pero cada vez estamos más constreñidos. Somos menos. Hay más negocios cerrados. La salida de la crisis aquí no es real y creo que vamos a encontrarnos con situaciones peores porque lo de la Caja también va a traer consecuencias importantes. Estamos hablando de 800-1.000 empleos.

—Como padre de un niño de 10 años, ¿qué interrogantes le plantea esta situación de León?

—Con las miras puestas en educarle para que sepa defenderse. Intentar hacer ese trabajo bien y teniendo suerte. Atento a lo que pase. La gente ahora está preparada para marcharse. Unos quieren, otros no, otros quieren volver. Yo no me quise ir pero depende. Nos estamos quedando en cuadro. Soy consumidor de productos ecológicos y aquí faltan. No entiendo por qué la gente que tiene las tierras no se pone a producir, la mayor parte viene de Navarra o de Andalucía. Algo sucede que en los sitios donde puede haber demanda, la gente no quiere estar. Milagros no van a pasar. No es lógico que tengamos la tierra

—¿Cómo contaría a un joven de dónde viene Kike Cardiaco? ¿Qué fueron Los Cardiacos?

—Son los 80. En septiembre de 1980 ganamos el concurso ‘Ritmo del verano’ y abrimos la esperanza de que se podía triunfar. Entonces era casi imposible acceder a una compañía y a un estudio de grabación. Solamente Barrio Húmedo había grabado en los años 70. Pero no grupos de pop o rock, o rock progresivo. Al romper esa barrera se generó dentro de la gran movida nacional, una intramovida leonesa con excelentes frutos (Deicidas, Flechazos, Fundición Odessa...). Conseguimos entrar hasta el número 6 de los 40 Principales que, aunque mucha gente del rock la pone en entredicho, todos quieren entrar. Era tan difícil, y lo es ahora, que en los 50 años sólo he datado cinco cosas procedentes de León. Estábamos hasta en la sopa. Los conciertos eran bastante exitosos. Antes había que salir de aquí y firmar con una multinacional. La ventaja de la digitalización es que se puede grabar con un aparato, pero se ha acabado con la industria y no se invierte en nuevos talantes. Por eso sobreviven los clásicos. No hay industria detrás. Se escucha más música que nunca y se paga menos que nunca. 15.000 copias es un disco de oro, cuando en los 80 era lo que vendía un grupo de éxito mediano como nosotros.

—¿Qué les arraigó a León en lugar de lanzarse a la aventura de la fama fuera?

—Hubo un juego de fuerzas, algunos compañeros sí querían irse. No sé si es que yo soy muy apegado a la tierra, que no es la mía porque vine aquí a los cinco años. En aquel momento se ventilaba todo en Madrid y nos habría acercado a un éxito más claro. En el Penta y en sitios de Malasaña se reunían los críticos musicales con los grupos que era amigos y eran los que más programaban. Nosotros esa facilidad no la tuvimos, pero al quedarnos aquí abrimos la alternativa de provincias. Como en Vigo. Madrid se abrió a otros territorios y León fue señero durante todos los 80. En lo que concierne a mí creo que ha sido una buena decisión no haber ido. Probablemente en aquel momento, con aquella edad, hubiéramos hecho otras cosas que a algunos les costaron caras.

—Es uno de los promotores del área de Moderna en la Escuela Municipal de Música. ¿De dónde viene la vocación por la enseñanza a usted que hizo Ciencias Políticas?

—Nunca me lo imaginé. Después de Los Cardiacos soy promotor autónomo (Torreón Rock, Purple Weekend Internacionales, del 96 al 99, festivales celtas de Vilela y San Fiz do Seo) y de repente se abre la escuela y me persono allí. Enseñando es como mejor se aprende. Se produce una ‘realimentación’. Es bueno para el alumnado y a mí me obliga a estar al día, lo mismo que tener el programa El ritmo continúa en la SER.

—¿Se inspiraron en el modelo modelo británico de escuelas de música populares?

—Y en el holandés también. La Logse dice que la música moderna y tradicional deben estar integradas. Y nosotros lo tuvimos que inventar porque no existía. De hecho, ninguna otra escuela del país tiene un aula o una parte tan determinada de música moderna. Por una vez tenemos que decir que nos imitan en otros sitios. Para ser imitados hay que arriesgar en los movimientos, haciendo cosas. Empezamos con 18 alumnos en este área y son más de 300 y 1.555 en toda la Escuela Municipal con otros 500 de aulas europeas. Con más del 1% de la población cubierta estamos muy cerca de las exigencias europeas. Hay mucha gente que ha esperado a jubilarse para venir aquí. Antes tenían miedo a acceder a una enseñanza reglada a esto que es más, aparentemente, ligero aunque luego el que quiera sacar partido se lo saca. Han salido buenos instrumentistas y hemos facilitado que la gente acceda a la actividad musical.

—Nunca ha dejado de componer. ¿Cómo ha evolucionado?

—En el canal de You Tube voy sacando tema a tema con su video hasta completar los 10 de un disco. Ahí se puede ver. Hay unos orígenes que se conservan en Skrizis Dance, que sigue siendo un ska, como lo fue Salid de noche, pero con elementos ya sustantivos que pueden recordar a escalas del swing europeo. El mejor ejemplo es la última canción que he dedicado a un amigo, Chema Baños, que está hecha totalmente como concepto de swing manouche. Ese trabajo no lo podría haber hecho en los 80. Cuando más sé de arreglos es ahora. En otros trabajos puede que uno se agote pero aquí cuando más sabemos es con la experiencia y con el trabajo de estudiar. Tienes que ordenar las cosas de una manera para contarlas. El rock sigue detrás. Aquí tengo dos agrupaciones y una muy potente que es No more peace, en la que hacemos la magia de los tres acordes. Y siempre con alguna razón social, como pasaba con Los Cardiacos porque los propios textos siempre dicen algo. Aparentemente no son muy críticos, pero hay material.

—¿Sus raíces políticas se dejan ver en la música?

—No se puede evitar. Los propios textos de Los Cardiacos, como en Salid de noche, cuando las películas eran miedo a salir de noche y en Madrid te podían obligar a cantar el Cara al Sol en algún momento en cualquier sitio. La gente se resistía a salir, después y antes del golpe (23-F). Hay que estar en la calle. Sin machacar. Por ejemplo el tema de Ipanema a Grecia habla de los refugiados, pero de la manera que me gusta. Queda dicho, pero sin ser muy agrio.

—¿Cómo surge su pasión por la música?

—A los 12 o 13 años escuchando Satisfaction, de los Rolling Stones. Es como si hubiera visto la luz. Antes había recibido de regalo algún instrumento musical que había sido incapaz de hacer sonar. Desde ese momento, empezaron a sonar. Yo escuchaba Radio Peninsular, la SER, Radio Pirenaica, tirando la antena para oírlo porque si no la música no entraba, y en ese momento tengo otra actitud con la música que poco a poco va ganando espacio y terreno. en los 80 lo domino y decido dedicarme profesionalmente a ello.

—Después de militar en el PCE en la clandestinidad, ¿en qué momento y por qué decidió que la política no era lo suyo?

—Cuando entré, con 18 o 19 años, ya era el partido eurocomunista. Me atrae es la parte italiana y el compromiso histórico, la reconciliación nacional. Desde el 70 hasta el 78 estamos en esa batalla. Muchas horas al día, reuniones en el Casablanca, de Puente Villarente. En el 78 nos vamos cuando a quien esperábamos, Nico Sartorius, no apareció. No fue por el fracaso de las elecciones del 77, que es donde tenía que haberse dado el primer sorpasso al PSOE, habida cuenta de que lo que existía era el PCE (más de 500 militantes en la ciudad de León, era el ‘partido’ porque no había otra cosa). No se produce porque el primer movimiento de las elecciones de 1977 es el equivocado: encabezan las listas todas las personas que habían estado en el comité central y vienen de fuera. Para mí fue un error que generó que en León se sacaran 17.000 votos. La gente entendió que toda esta gente, con todo el merecimiento que tenían, procedían de la etapa de la Guerra Civil. Manuel Azcárate era un candidato excepcional, pero tenía esa carga. Fernanda Montañés (Nana) habría sacado más votos que él. En las municipales se da un tirón de cuatro concejales, cifra muy respetable. Ahí estaba gente, como Roberto Merino, que tenía ese matiz. Entonces tenía pendiente la mili, quise dedicarme a la música, el trabajo estaba hecho, todo empezaba a ser turbio y de alguna manera habíamos perdido la posición.

—¿Estamos viviendo una segunda transición?

—En aquel momento tuve la certeza de que lo que se consiguió era lo máximo posible. Nos lo recordaron bien con el 23-F. Se consiguió bastante y quedaron cosas pendientes. Teníamos de un lado a Carrillo y del otro lado estaba Fraga. Eso, o se mejora, o lo que se hace no vale para nada. No se puede hacer una constituyente donde no esté la derecha. Y pienso lo mismo de la educación. He pasado por logses, loces, lomces... Y no sólo tiene que entrar la derecha, tienen que entrar los nacionalistas. Si no, cuando lleguen los próximos la vuelven a cambiar.

—¿Por qué hizo una reinterpretación del himno a León?

—Dentro del swing hay una tradición (Django Reinhardt grabó La Marsellesa). No le conocí pero compartí estar en el mismo bar que el autor del himno a León, Odón Alonso, que llevaba la banda de música. Me caía muy bien. Lo trasladé a swing quitándole la letra. No me gusta, qué le voy a hacer. Las letras de los himnos son violentas, hablan de sangre... Aprovechando una boutade de Albert Boadella que dijo que el himno español era bueno porque no tenía letra. Leí la letra de La Marsellesa, incluso Els Segadors, y me parecían duros. Y hablé de la gente que pasa por el puente. Era un juego pero con significado. No iba a cantar eso de la sangre derramada por ti...

—Y eso que hizo la mili.

—En Sabiñánigo.

—¿Por ser rojo?

—No lo sabemos. Pero en aquel momento fue cuando nos dijeron que había que declarar la militancia.

—Un poco ingenuo, ¿no?

—Era lo que se había negociado en la legalización... Lo único que no sé es si hubo una mano negra para el destino porque allí coincidimos varios. Qué casualidad. En la fase inicial no tuvimos ningún problema, pero hubo que echarle valor. Estábamos comprometidos a no hacer proselitismo.

—¿De qué trabajo se siente más orgulloso?

—Todo lo relacionado con la música, pero en la parte de estos 16 años de enseñanza, la realimentación con los trabajos nuevos. Hay entusiasmo, el anterior ya se gastó.

—Hay que estar en presente.

—Sí, lo otro es como si fuera la biografía. Está ahí, pero a veces me han cambiado todas las neuronas y en algunas me puedo reconocer poco como nos pasa con las fotografías. Lo mejor está por venir.

—¿Algo de que arrepentirse?

—Cuando tengamos la opción de volver a repetir por la física cuántica, ya lo veremos. A lo mejor es tan aburrido tomaría otro camino, pero por aburrimiento. Un arrepentimiento de algún paso mal dado no lo tengo.

—¿Hay comportamientos diferentes entre hombres y mujeres en el ámbito musical?

—Aquí lo estamos viendo. Para instrumentos de rock la demanda es mayoritariamente masculina. Aunque lentamente ha ido cambiando, cada vez hay más chicas en instrumentos más insólitos como la batería. Es verdad que ahí pasa algo. Cuando sale algo el matiz femenino es distinto: traslada unos elementos en la composición y en los arreglos que lo hace diferente, que hace que sea una multiplicación de la especie.

—¿Se debería hacer algo? ¿O el registro de las mujeres no es el rock?

—Eso sí que no lo sé. La gente viene voluntariamente. Y vemos que en danza hay tres chicos. ¿Qué lectura se hace? Promocionar a Nijinski puede que estuviera bien, pero en lo nuestro sería meter dinero que ahora mismo no hay. Esperar, no pasa nada. No hay cuotas.

—¿Tiene que venir con el rodaje social?

—Con el tiempo, no sé. En estos 17 años yo esperaba más cambios. A veces hay tandas, como por hornadas. Pero las mujeres son minoritarias en el rock, aunque hay en todos los registros.



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1 Comentario
01

Por gracia22 17:29 - 06.06.2016

Las escuelas municipales de música deberían de cubrir un espacio que no cubren la escuela púbica y los conservatorios. La formación musical elemental ha de estar en la escuela pública. Los conservatorios para aquellos que quieren dedicarse profesionalmente. las escuelas municipales de música para todo aquel que desee ampliar lo aprendido en la escuela pública sin fines profesionales. A la escuela municipal se va a disfrutar una o dos horas a tocar, por ejemplo, sin más. Por otra parte, el Conservatorio de León sí necesita un edificio nuevo. Querer seguir en Santa Nonia es no ajustarse al lema: "por un conservatorio digno". Un lugar digno puede ser perfectamente el propuesto por la Consejería. Lo que pretenden es no moverse del centro de León.