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la defensa pública de un medio de vida digno

Esa parte de León que se resiste a morir

La marcha arrastró lemas en busca de una solución para el declive social y económico de una tierra que comienza a rebelarse ante un destino fatal

 

El campo no quiere trasvases que no beneficien a León. -

Representación de la Fica del sindicato UGT. -

L. URDIALES | LEÓN
16/11/2018

La cola del gentío llegó con la lengua fuera a ese momento emocionante del desenlace, cuando Gamoneda pasó lista y citó a los no presentes, a los héroes del génesis que arriesgaron todo por este León, a punto de quedarse en nada. Miles de personas decidieron ponerse en marcha para no tener que terminar por irse. «No nos vamos, nos echan», advertía por si no era notorio en el ambiente en el que han crecido las dos últimas generaciones nacidas en esta tierra la delegación de Podemos, uno de las pocas formaciones políticas que se dejó sentir en la protesta sindical y social por el futuro de León, la industria, el mañana con gente «Me quiero quedar aquí», enfatizó el partido morado en esa linea de letra pequeña que es donde mejor se entienden los motivos que llevan a la gente a la calle en una ciudad agnóstica, en otro ocaso sin más alicientes que aquella luz que se apaga al otro lago del Bernesga. La llamada de los sindicatos convirtió la manifestación en un crisol de reivindicaciones; de peticiones particulares que al final se elevan como causa general por contagio, ajenas a ese vicio amanerado que domina a la sociedad leonesa entre reproches a que cada uno vaya a lo suyo, menos el interesado, que va a lo de él. La industria, que es una referencia testimonial en la economía de la provincia, en la fuente que aporta materia prima al plato diario de las familias leonesas, dejó espacio a otras cuestiones que apuran la urgencia de las cuentas que hace la gente corriente para llegar a fin de mes; la gente que se sumó a la manifestación que en Ordoño II, sobre todo en Ordoño II, navegó en contra del flujo de paseantes que, ayer, en vez de a los escaparates miraban a la calzada cual visitantes de un parque temático. «No nos mires, únete», invitaron en vano desde una de las cuñas sindicales que jalonó de mensajes el avance de la protesta.

El paso de personas en grupo durante más de media hora es un acontecimiento en la capital leonesa; sobre todo, si llevan el mismo sentido y la misma dirección. De ahí la extrañeza de quienes, seguro de que igual de leoneses, no decidieron sumarse a la protesta, que «quién sabe, si no va a servir para solucionar el futuro de nuestros hijos, de los hijos de otros, de los hijos del mañana de León», argumentaron varios participantes en un debate improvisado al inicio de la marcha.

«Obrero, si no luchas, no se te escucha», arengó el torbellino sindical que entró en escena en la segunda línea de combate de los miles de valientes que decidieron dedicar una parte de su tiempo para hacer del 15-N un referente de la capacidad de León de revolverse contra el destino impuesto. Igual que los trabajadores y trabajadoras pendientes de un convenio laboral más justo en el Hospital de León; igual que el colectivo de trabajadoras de ayuda a domicilio; los empleados de la Central Térmica de Anllares, «nosotros, la construimos, nosotros la desmantelamos», anticiparon en letra bien legible sobre el futuro que se cierne sobre ellos; a propósito del declive de la industrialización en la provincia leonesa, otra taza del mismo caldo; «Si cierra Compostilla, nos vemos en el paro», avisaron los empleados de las empresas auxiliares en torno a la central de Endesa. Ojo con el «trasvase de la remolacha de León a Valladolid», expuso una delegación sindical de la UGT de la azucarera de La Bañeza. La reivindicación por las «pensiones dignas», la plataforma por «la educación pública» se unieron a la movilización unos metros más allá del movimiento feminista, que regresó al lugar en el que marcó en marzo una de las efemérides más secundadas por la sociedad leonesa en el último lustro. Motivos específicos para causas generales; como el tejido industrial que ha abierto otra vía de hemorragia en este León que se desangra.

Volvió el naranja destellante de los empleados de Vestas, dos meses después de conseguir el aliento de la sociedad leonesa a esa causa común contra el cierre de la factoría; el mismo tono refractante del sindicato Ugal, uno de los grupos más numerosos en la cita. «Es la hora», anunció Izquierda Unida.

La hora de plantar cara. «León en guerra, la industria no se cierra», canaron vigorosos un grupo de jóvenes involucrados en el movimiento de la lucha de clases. «La industria no se vende, la industria se defiende», anticiparon al paso de la fuerza política del leonesismo, atomizado ayer en varias secuencias unidas por el hilo del ideario fundacional de este movimiento que clama por el derecho a la autonomía de León. «León es región», ilustró la pancarta que portaron los dirigentes de la UPL, en conexión con otra que, con la misma apariencia, presentó la receta para los problemas que son la causa de la protesta que ayer tomó las calles de la capital leonesa: «La solución, la autonomía para León».

La carga resultó más explícita en torno a la exigencia de la soberanía para el País Llionés y su célebre «León ye mineru, no comuneru». «Menos promesas y más soluciones», resumía otra pancarta en modo pacífico sobre el desmantelamiento del milenario Reino de León.

A Zamora, parte de ese reino, le dejaron una esquina de reivindicación para una biorrefinería que pude crear 1.000 empleos. Los concejos leoneses, las juntas vecinales, históricas y democráticas, avanzaron con el mismo pulso firme que oponen a diario contra las trabas de la administración. La oposición frontal a los embalses en el Órbigo también se reservó un espacio en la marcha.

Todo lo que ansía el León que no quiere dejar de existir se expuso en ese trazado urbano que se completa desde Guzmán a San Marcos, pero por el itinerario céntrico de Ordoño y el ensanche. Un circuito para los anhelos, moteado con el púrpura y el escudo del león rampante; un circuito que desembocó contra el plateresco de San Marcos, esponja, muro de reivindicaciones para las miles de almas a las que Gamoneda felicitó por no dejarse arrastrar por el poder, por los poderes. partícipes de un «buen día para poner manos a la obra, para cambiar las cosas», evocó el poeta. «Un buen día para ser algo más felices», insistió. Un buen día para honrar a los que lo dieron todo para que León no se quede en nada.

   
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