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TRIBUNA

Francia contra Laurent Gbagbo

 

EUGENIO NKOGO ONDÓ. ESCRITOREUGENIO NKOGO ONDÓ. ESCRITOR 10/02/2011

Este epígrafe: Francia contra Laurent Gbagbo, nos recuerda el título de La France contre l´Afrique , una de las obras de nuestro querido y reconocido escritor franco-camerunés Mongo Beti, que salió a la luz e n 1993, en París. En ella, como ya hiciera en otros libros, en concreto, en Main basse sur le Cameroun: autopsie d´une décolonisation , publicado en1972 y «prohibido por Marcelin, analiza con su habitual clarividencia el efecto destructor de la acción neo-colonial francesa extendida a lo largo del continente africano y concluye que esa era, es y seguía siendo uno de los grandes obstáculos que frenan su desarrollo.

Si la tónica general de la política francesa se ha definido por su posición «contra África», se comprende que se ha declarado explícitamente en contra de la integridad física de cada uno de los estados que la componen, en cuyo caso, la Costa de Marfil no constituye ninguna excepción. Para arrojar algún rayo de luz sobre la situación que amenaza actualmente al país en cuestión, es preciso remontar al año 1958, cuando el general De Gaulle, intentando materializar el proyecto ambiguo diseñado en su discurso de Brazaville, en 1944, al proclamar la constitución de la V República, en 1958, crea la Communauté Française y viaja a sus colonias africanas e inicia una campaña en favor de la nueva institución. Excepto la voz de Guinea Conakry que, dirigida por Ahmed Sékou Touré, con la consigna de que preferimos «la libertad en la pobreza a la opulencia en la esclavitud», dio un no rotundo al proyecto del general francés.

Se reconoce que cuando la Guinea accede a la independencia el 25 de octubre de 1958, sufrió uno de los terribles e indescriptibles boicots de siglo XX, en el que los historiadores señalan que «se vaciaron las cajas del tesoro y se embarcaron las armas de la policía, la biblioteca del ministerio de justicia y los muebles del palacio del goberna dor. Algunos franceses cayeron en la tentación de cortar las líneas eléctricas, destruir teléfonos y, en general, dejar sin funcionamiento las distintas instalaciones técnicas; talaron los árboles frutales, asolaron los huertos y los edificios, y en las paredes de las ruinas escribieron frases insultantes, un barco con cinco mil toneladas de arroz destinado al abastecimiento de la población recibió la orden de regresar a Francia sin dejar la carga». Estas fueron las consecuencias más inmediatas de la independencia guineana: por haber afirmado su libertad frente a la opresión colonial, el país tuvo que empezar de cero. Con continuas amenazas, las demás colonias votaron a favor de la extraña propuesta, pero no descubrieron que la imposición de la nueva situación las condenaría a permanecer indefinidamente bajo el férreo control político, económico y militar de la antigua metrópoli más allá de 1960, fecha en que acceden masivamente a la independencia nominal o formal. A partir de entonces, Francia ha dispuesto de mecanismos destinados específicamente a la persecución de los líderes africanos progresistas o revolucionarios, para que estos no obstaculizaran su plan de explotación desorbitada en sus antiguas colonias, cuyos lacayos ocupan fraudulentamente sus puestos... Según Loïk Le Floch-Prigent, antiguo director de una importante compañía petrolífera, Paul Biya, el actual presidente del Camerún, siempre accede al poder con el apoyo de Elf Aquitaine que, a su vez, apoyó a Denis Sassou-Nguesso para hacerse con el poder en Brazzaville, y que, junto con la Total, forzó el golpe de Estado electoral que, en septiembre de 2009, elevó a Ali Bongo, el hijo de Omar Bongo, a la presidencia de la República gabonesa. Esa misma empresa y las americanas, Amerada Hess, Exonn Mobil y Marathon Oil, mantienen en el poder a Obiang Nguema, etc. La mayoría de dichos mandatarios figuran como patrocinadores de las campañas electorales de los políticos franceses, como se ha puesto en evidencia en distintas ocasiones...

Los países de la Communauté Française, la actual Françafrique, usan todavía el franco, cuando esa moneda ya no existe en Europa, y sus bancos centrales están obligados a garantizar la apertura de una cuenta de operaciones al Tesoro francés, donde depositan el 55% de sus haberes exteriores netos y el 20%, en concepto de cobertura de la emisión monetaria. Sus economías están acaparadas por las firmas francesas, tales como Elf, Total, Fina, Bouygues, Bolloré, France Télécom, Air France, Castel, Areva, etc. Uno de los ejemplos ilustrativos demuestra que controlan el 80% del sector formal senegalés o de cualquiera de sus congéneres, mientras que sus habitantes se postergan en la miseria. En la Costa de Marfil, tras el régimen de Houphouët-Boigny, un acérrimo defensor de los intereses franceses y de otras potencias neocolonialistas en toda África, Laurent Gbagbo es el primer dirigente nacionalista que se opone a ese sistema neo-colonial, por eso el gobierno francés se afana en colocar en la presidencia de la República a Alassane Ouattara, uno de sus mejores representantes. Sus rebeldes bien armados, en lugar de proteger al pueblo en las elecciones del 28 de diciembre, se tomaron la justicia por sus propias manos agrediendo a los partidarios de Laurent Gbagbo, provocando una escala de actos violentos en las regiones del norte, en las que, además de las expulsiones de los supervisores o delegados de las mesas electorales y del hostigamiento a las mujeres, que desnudaban, hubo heridos graves, encarcelamientos y asesinatos.

Los hechos fueron públicamente denunciados por el señor Kokou Koffigoh, jefe de la Misión de los Observadores de la Unión Africana. A pesar de todo, Laurent Gbagbo obtuvo el 51,45% de los sufragios. Ante ese resultado inesperado, los embajadores de Francia y de los Estados Unidos, con el claro propósito de precipitar los acontecimientos se dirigieron al Hotel del Golf para asesorar a Youssouf Bakayoko, un ferviente ouattarista y presidente de la Comisión electoral, denominada erróneamente independiente, con el fin de que agotara el tiempo exigido y proclamase más tarde vencedor a Ouattara.

Poco después los dos diplomáticos, confundiendo a la opinión internacional, lanzaron a través de las cuatro esquinas del globo la noticia de la victoria de su candidato favorito, mientras que el Consejo Constitucional, el único órgano encargado de emitir el veredicto correspondiente, anunciaba la victoria de Laurent Gbagbo.



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