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León rompe la barrera del Crucero

La Mikado, a las 13.45 horas, ante la mirada de Blanco, se convirtió en el último tren en cruzar el paso del Crucero, cuya eliminación quedó avalada tras 145 años por la apertura de la estación provisional

 

El paso de la Mikado emocionó a los barrios del Crucero y La Vega. - ical

a. caballero | leóna. caballero | león 19/03/2011

Un soplo de vapor por la memoria de los ferroviarios. Una voz de humo deshilachada con la letanía de 145 años de historia. Las cenizas de Cecilio Alonso, enclaustradas hace 8 años en el vientre de hierro de la Mikado para recordar 14 inviernos de servicio en la locomotora. La misma máquina que ve cruzar su viuda, Amparo Paniagua, a las 13.45 horas del día 18 de marzo del 2011, por el paso a nivel. El último tránsito, que obliga a bajar la barrera del Crucero a las 13.41 horas. Catorce vueltas de manivela accionadas por Carlos García, el guardabarreras, quien observa desde la casetina cómo, una vez olvidada la locomotora vía adelante, con Buenaventura Durruti y los miembros de la Asociación Leonesa de Amigos del Ferrocarril (Alaf) en el puente de mando, los operarios de Adif sacan la radial. Se desprende un olor a ferralla que bien pudiera ser lo que empaña los ojos de los más de un millar de vecinos que se agolpan al borde de la calle. Hay palmas y gritos para acompañar el traslado en hombros del obstáculo que les ha mantenido aislados desde que el 16 de febrero de 1866 salió el primer convoy con destino a Astorga. «Con las horas que he estado yo esperando para cruzar cuando iba a misa», rememora Carmen Lázaro, abrazada a su nieto, quien presume orgulloso de que su abuelo, ya fallecido, pilotó la Mikado.

Parece fiesta. La paisanada quiere participar. Se junta con el ministro de Fomento, José Blanco -”quien se hace la foto en la que no pudo estar Zapatero-” acompañado por el alcalde, Francisco Fernández, y el consejero de Fomento de la Junta, Antonio Silván. Rebosa de autoridades y cargos el lateral de la vía por la que, camino de la estación provisional, previo paso por la marquesina de la terminal histórica, se encaminan los políticos, cumplido el primer hito. «Hoy se han abierto para siempre las barreras que han separado esta ciudad», dice el representante estatal, quien recuerda que han sido «miles de trenes» los que han distanciado al oeste leonés del resto de barrios de la capital, desde la llegada del primer convoy el 19 de noviembre de 1863, aquel acontecimiento que se tomó como un anuncio «revolucionario para las comunicaciones y la economía de la provincia, y un símbolo de modernidad que abría un abanico de posibilidades para el futuro de León».

La comunión del Crucero y La Vega, y de los dos a un tiempo con el otro extremo de León, se escenifica en la estación provisional. La infraestructura que ha permitido que el paso a nivel, como reseñó Blanco, sea «parte de las fotografías de archivo» y que «la prolongación de Ordoño II» permita demostrar que «lo imposible ahora está al alcance de todos». «Quién me iba a decir a mí que iba a vivir en Ordoño», relata el alcalde que les ha dicho uno de los vecinos del Crucero.

El discurso del ministro de Fomento se plaga de alusiones a José Luis Rodríguez Zapatero, quien «conoce mejor que nadie la importancia de este acto»; quien es el promotor que «con su trabajo y empeño lo ha hecho posible». «Esta estación representa mucho más de lo que se puede ver», subraya Blanco, lanzado a citar que «será la puerta de entrada y salida de más de 730.000 viajeros este año». «Y el año que viene, reitero, el año que viene, llegará el AVE», porfía, consciente de que la promesa dejó amarilla ya la hoja del calendario del 2008; la fecha que en un principio se había prometido que estaría lista la infraestructura de alta velocidad que permitirá «ir de León a Madrid en menos de 2 horas».

La oratoria del gallego se embala en cifras para subrayar que «Castilla y León es la segunda comunidad con mayor inversión en infraestructuras ferroviarias, con más de 4.200 millones de euros», y que la provincia leonesa figura entre «las cuatro primeras» en el listado de desembolso económico, con «más de 1.825 millones de euros desde el año 2004», para la instalación de la alta velocidad. «De cada 100 euros destinados en esta tierra a la modernización ferroviaria en los últimos 20 años, 95 han venido de la mano del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero», remarca el ministro de Fomento, que aprovecha el repaso para enlazar con la inversión que hará el Ejecutivo central en Feve, lo que «cambiará la forma de entender la ciudad», a partir de la integración del tranvía, que «empezará a funcionar el próximo año». «Nunca nadie en tan poco tiempo consiguió hacer tanto por esta tierra. León está más cerca del resto», publicita como un eslogan, como un mantra que se repetirá por parte de los socialistas durante las próximas semanas, hasta las urnas municipales y autonómicas del 22 de mayo.

Suena la música para despedir a Blanco, que se va entre apretones de manos y se autorregala, con un pie en el coche oficial, un homenaje de ánimos de dos entusiastas socialista, mientras obvia al puñado de mujeres que han permanecido casi tres horas a la puerta de la estación provisional del AVE para reclamar al Gobierno que no cierre el polvorín de Cuadros, que dé marcha atrás en la decisión del Ministerio de Defensa de trasladar las dependencias a Valladolid.

Luce el sol. Guzmán es una silueta con el dedo indeciso que, mirada desde la puerta de la estación provisional, se cuela por el ojo de una de las torres de la Catedral. En la cristalera de la terminal se refleja la marquesina histórica. En el paso a nivel, Teresa Durruti continúa con la fiesta. «Todo el barrio quería que lo quitaran. Ni nostalgia ni nada, si acaso, de los que lo han podido ver», resume. Un poco más allá, acodada en la barandilla, Amparo Paniagua recalca que «el pitido de la máquina» no se le olvidará «nunca». Echa la cabeza atrás, cierra los ojos y respira. Vapor y cenizas.