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El Musac oculto

Almacenes de alta seguridad albergan la verdadera ‘joya’ del Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León: una colección propia con más de 1.600 piezas de 320 artistas actuales. Las puertas acorazadas se abren para mostrar una colección que ha costado adquirir trece millones de euros..

 

Koré Escobar muestra la obra de Daniel Verbis. - jesús f. salvadores

marco romero | león
07/10/2013

Solamente una parte de la colección de obras de arte del Musac se exhibe en otros centros e instituciones. El resto del patrimonio adquirido como fondos propios del museo durante los últimos años se encuentra celosamente custodiado en unos gigantescos almacenes del edificio de Eras de Renueva. Lo que en apariencia podría parecer una sala más del museo es, sin embargo, una cámara permanentemente vigilada y con acceso restringido para el limitado equipo de profesionales que tienen autorizado el paso; visto de otra manera, este espacio, oculto y desconocido para la mayoría, es el verdadero joyero del museo, un lugar gris donde se conservan algunas de las obras más cotizadas del arte actual a nivel planetario. Según los datos facilitados durante la visita realizada en exclusiva para este reportaje, desde que se abrió el museo en el año 2005 hasta 2010 —a partir de esta fecha no se ha adquirido más obra— se han documentado más de 1.600 piezas de 320 artistas. Como referencia, seis grandes centros de arte contemporáneo del país como son el Reina Sofía, Ivam, Fundación la Caixa, Patio Herreriano, Caac y DA2 acumulan en conjunto alrededor de 34.000.

Pero la singularidad de los trabajos que ha exhibido y comprado el museo, con formatos que van más allá de lo que puede imaginar un museo convencional, requiere agudeza para encajar en no muchos metros cuadrados el valioso material que tienen en sus manos los cuatro profesionales que se encargan de catalogar, ordenar, almacenar y, cuando se da el caso, restaurar las obras que entran y salen del museo. «Si un artista utiliza en su trabajo un modelo x de televisor, eso forma parte de la pieza y tenemos que conservarlo; una película de VHS la puedes digitalizar para que ocupe menos espacio, pero no puedes hacer algo así porque se dervirtúa la intención», defiende Koré Escobar, responsable del Departamento de Registro del Musac.

Un ‘toro’ para las alturas

Los almacenes son un lugar espacioso y con mucha luz. Impera, sobre todo, el orden. Uno de los restauradores mueve dos cajas gigantescas con el toro (máquina elevadora) y las coloca en la parte más alta de la estantería. Trabajan con una verticalidad de seis metros, lo que, de momento, permite almacenar sin problemas la voluminosa colección. Más allá, otro de los trabajadores mueve los peines sobre los que cuelgan fotografías de gran formato, mientras un tercero clasifica imágenes.

El primer almacén es lo que llaman la zona de tránsito, un lugar lleno de cajas donde se cataloga y ordena la obra de la colección que ha sido cedida temporalmente para una exposición y va a salir del edificio o la que ya entra. Aquí es imposible acceder sin un código restringido. Es el lugar donde los trabajadores miden las piezas, les hacen una fotografía y comprueban su estado para después elaborar un informe de restauración sobre cada una de ellas. Se las etiqueta con un número de registro y después las catalogan. Lo habitual es que la obra se pueda colgar. Si no es así, cada formato tiene su propio sistema de almacenaje, ya sea material o virtual. El papel se conserva en planeros y se ha adquirido una nevera para mantener los audiovisuales; en el caso de las instalaciones —quizá el formato más complejo—, su sistema de almacenaje más común es la caja de madera. «Las piezas se cuidan todo lo posible en cuestión de temperatura y humedad para evitar una restauración», explica Escobar. Aunque esa situación se da en casos puntuales, dado que el museo conserva piezas relativamente actuales. Probablemente la obra más antigua de este museo sea El Nido, de Pepe Espaliú, performance/vídeo realizado en 1993. Lo habitual es encontrarse en este almacén las condiciones climáticas de un día fresco en la Costa Azul, con una temperatura de 18-20 grados y una humedad relativa del 50%.

Es precisamente el multiformato lo que hace de los almacenes del Musac algo distinto a los de otros museos similares. No siempre es posible conservar al cien por cien las piezas tal cual fueron concebidas por sus creadores. En ocasiones, el equipo de restauración también se ve obligado a crear. Por ejemplo, dando solución a complejos montajes, caso del que requería un reproductor de discos compactos para activar 24 altavoces, cada uno con su cable. «Se contactó con el artista, nos dio instrucciones y pudimos cambiarlo para hacerlo más operativo; lo normal es que haya colaboración recíproca», asegura la responsable del departamento.

El caso es que aquí todo genera papeles. Tanto es así que un simple cambio de ubicación de una pieza requiere un informe con el día, el lugar donde se reubica y el origen de esa modificación. En el paseo por los tres almacenes en los que se conserva la colección del Musac, el trasiego del equipo no cesa. Esos marcos gigantescos en los que cuelgan piezas enormes de Daniel Verbis o de Néstor Sanmiguel no dejan de salir y entrar. En una esquina se puede ver una reconocible escultura de Enrique Marty introducida en una caja de madera a medida. Frente a ella aparece el monolito que recuerda la inauguración del museo en el año 2005.

Aunque no son unos almacenes saturados, los préstamos liberan espacio. Actualmente hay piezas de la colección del Musac en Castellón, en Madrid, en París, en Cáceres, en Barcelona y dos más se preparan para su traslado a Londres. Entre los artistas de la colección que más han expuesto fuera de las salas del Musac están la fotógrafa holandesa Rineke Dijkstra, el artista salmantino Enrique Marty y el tándem del austríaco Markus Muntean y Adi Rosenblum (Israel).

No obstante, la valiosa colección del museo —trece millones de euros gastados en obra entre 2005 y 2010— incluye trabajos de cotizados artistas como Julie Mehretu, Eija-Liisa Ahtila, Kutlug Ataman, Matthew Barney, Marcel Dzama, Olafur Eliasson, Andreas Gursky, William Kentridge, Tracey Moffatt, Shirin Neshat, Pipilotti Rist, Anri Sala o Do-Ho Suh. Actualmente se desconoce el valor de la colección, aunque la dirección ya ha encargado un informe para actualizar este dato. Lo más probable es que los resultados se conozcan a finales de este año. Y con ellos, los aciertos y desaciertos de los anteriores gestores, Rafael Doctor y Agustín Pérez Rubio. El propio mercado ya adelanta la revalorización de ciertas obras, como por ejemplo las creadas por la neoyorkina de origen etíope Julie Mehretu o las reconfortantes piezas de la suiza Pipilotti Risk.

El hilo conductor

Cinco años de inversiones, dos directores en esa etapa... ¿Tiene un hilo conductor la colección del Musac? ¿Todo vale? El nuevo director, Manuel Olveira, así lo defiende, aunque siempre con matices. Destaca, sobre el resto, el bloque de obras de autores comprometidos con el momento político y social, que es muy numerosa.

De partida, Olveira concibe el Musac más como un centro de arte que como un museo, razón por la que, sostiene, pretende movilizar la colección y «aumentar la presencia de las obras en exposiciones temporales». No es partidario de crear una exposición permanente dentro del Musac, pero sí de aumentar la colaboración con otros centros, una decisión que, de ser recíproca, puede ser una solución temporal para paliar los recortes en la adquisición de nuevas piezas. «Es una buena colección que hay que definir y profundizar», asegura.

El volumen de obra del museo que ahora dirige es similar al que gestionaba en Galicia y Olveira asegura que la ciudad también es muy parecida, por lo que introducirá fórmulas en la gestión de las que ya conoce su éxito. Habla, por ejemplo, de que promoverá una investigación sobre el propio museo, precisamente con el objetivo de conocer el alcance de la colección propia y «el significado que tiene en su contexto local». «Este museo —añade— tiene sentido por estar aquí».

Sumergirse en las entrañas del Musac, en el lugar donde se conservan obras que incluso nunca han sido expuestas, es como hacerlo en una enciclopedia del arte actual. Aunque no todo lo que hay está aquí.



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