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Vivir junto al tren

Un pie en la estación y otro en casa

Quince familias experimentan en León un modo de vida alternativo en apeaderos y edificios ferroviarios alquilados por Adif a cambio de restaurarlos y evitar la decadencia de la arquitectura en desuso

 

marco romero | leónmarco romero | león 06/10/2010

«Cayó un rayo en los contadores de la estación, que estaban en el portal de la casa, y quemó la catenaria. Nosotros desde arriba veíamos que no podíamos bajar, así que cogimos un caldero de agua y un trapo mojado y lo íbamos a echar encima. ¡Ay, madre! Menos mal que no lo hicimos. Nos vio un vecino en el intento y nos gritó -˜no hagáis eso-™. Entonces llegó con un coso de esos, un extintor, y lo apagó». Aquel día Tirso Tamargo y Visitación Martínez, asturianos de origen y carácter abierto, estrecharon lazos con el vecindario de Porqueros, remota población leonesa de nombre poco publicitario y paisaje extraordinario. Poco tendría de particular si la ventana desde la que el matrimonio asturiano observa el horizonte cepedano no estuviese en el apeadero del tren, un estilo de vida alternativo por el que actualmente ya se decantan 15 inquilinos en la provincia de León, unos utilizando los inmuebles como residencia habitual, otros como segunda vivienda y, los menos, como espacios de trabajo; también se apuntan neorrurales en busca de nuevos conceptos vitales.

La disposición de viviendas para los trabajadores del sector es una práctica que se viene desarrollando desde hace más de 30 años, pero hace tres años el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) decidió impulsar el alquiler de edificios anejos a las estaciones de tren que estaban en desuso, incluso locales desocupados dentro de las terminales de viajeros desmanteladas en los últimos años. La mayor parte de estos edificios se encuentran en un estado de conservación deficiente, incluso en algunos casos ruinoso. Entre otras cosas porque muchos de ellos tienen más de cien años de antigüedad y fueron construidos por la Compañía del Noroeste de España tras la promulgación en 1855 de la Ley General de Ferrocarriles que rápidamente impulsó el desarrollo de este transporte por todo el país. No en vano, los 123 kilómetros que separan Palencia de León se inauguraron en 1863. Ésta es una de las tres líneas ferroviarias que atraviesan la provincia leonesa y en las cuales se construyeron apeaderos, muelles y edificios auxiliares que hoy se ofertan en alquiler. Las otras dos variantes operativas son la que unen León con Gijón y León con Ponferrada, puesto que el ramal ferroviario de la Vía de la Plata se encuentra clausurado, si bien las dependencias de la vieja estación están arrendadas al Ayuntamiento de La Bañeza con fines sociales.

En línea. Según la información facilitada por Adif, en la provincia se encuentran ocupados por inquilinos edificios en Ponferrada, San Miguel de las Dueñas, Porqueros, Barrientos, Villadangos del Páramo, Palanquinos, Santas Martas, Sahagún, Grajal de Campos, Busdongo, Villamanín, Buen Suceso, La Robla y Cuadros.

La línea más demandada es, sin duda, la que atraviesa el puerto de Pajares. Sus paisajes espectaculares están salpicados de una singular arquitectura industrial con «lleno total». Adif tan sólo ofrece en esta zona un almacén reducido que se encuentra en La Robla. El resto de instalaciones ferroviarias no están disponibles. El apeadero de Busdongo es, con toda seguridad, el edificio más emblemático de todos. El caserío -"la calefacción puesta el primer día de septiembre advierte la dureza de su invierno-" fue construido en torno a 1884, por lo que es evidente que su estado de conservación no es el deseable. En su fachaza luce una placa en la que se puede leer: «En homenaje agradecido y perenne a los que con su esfuerzo intelectual o manual hicieron posible el enlace ferroviario por el puerto de Pajares, obra cumbre de la ingeniería española y a cuantos trabajaron en su mantenimiento durante cien años 15-8-1884 / 15-8-1994». Como en tantas otras estaciones de tren, desde el primero de marzo del 2008 quedó suspendida la venta de billetes en taquilla, por lo que el apeadero ha quedado prácticamente para la espera y poco más. Allí reside junto a su familia un empleado de la estación, con intensa actividad en el transporte de mercancías. Se da la circunstancia de que los trenes llegan seccionados a Busdongo para poder atravesar el puerto y allí se ensamblan para viajar por la meseta, por lo que esta tarea todavía necesita el apoyo de un operario especialista, caso de Tomás Campo Rodríguez. Un buzón de correos a la entrada de la estación y una bolsa de pan colgada en la manilla de la puerta advierten que el apeadero no es sólo eso. Pero sus inquilinos no están por motivos laborales. En el apedero de La Robla también reside un trabajador de la estación, que dice encontrarse «muy bien» en la vivienda, aunque matiza que en su caso se trata de una vivienda de servicio, algo que ocurre en inmuebles como Santas Martas o Palanquinos.

Sagas de asturianos. Una singular edificación con arcos, pequeña pero acogedora, preside el renovado apeadero de Buen Suceso de Gordón. Está recién pintada de blanco y la casa está restaurada hasta la última viga. La familia González Arroyo, asentada en Asturias, la ha ido cuidando durante 28 años y hoy luce como nueva. «Hemos pasado todos los veranos aquí. Veníamos de Oviedo y nos dejaba el tren en casa», recuerda Manuel, nieto del ferroviario que ocupó la vivienda por primera vez. Los recuerdos veraniegos de toda la saga, por tanto, transcurren en León. «Porque lo hemos arreglado nosotros, sino esto ya se hubiera caído», comenta este treintañero reclamado constantemente por su perra Lasie . Ya sólo queda él en la vivienda y está a punto de dejarla, pero todavía son muchos los fines de semana que la disfrutarán hasta que el invierno haga imposible la estancia en un lugar sin calefacción.

Según Adif, el último apeadero ocupado en esta línea férrea es el de Cuadros, cuyas dependencias son utilizadas como taller de alfarería. El uso cultural de este tipo de edificaciones es algo común en otras provincias, no tanto en León. En Valladolid o Burgos son utilizadas como sedes de peñas y en líneas con gran movilidad se han llegado a implantar negocios de turismo rural. El de Cuadros es uno de los entornos mejor conservados por el administrador ferroviario, pero lo común es que las casas se encuentren derruidas y con necesidades urgentes de reforma, razón que ha estimulado estos alquileres abiertos.

No hay normas concretas. El tope de los contratos puede oscilar entre tres y cinco años y el edificio nunca podrá ser adquirido porque es propiedad del gestor del patrimonio ferroviario. Transcurrido este tiempo, el Adif puede recuperar el usufructo del local. El precio, por tanto, es negociable y no hay un criterio general para las concesiones, por lo que las cláusulas del contrato están más bien vinculadas al compromiso del inquilino de recuperar el inmueble y en qué estado se encuentre éste, explican fuentes de la entidad. Excepto en grandes núcleos como León o Ponferrada, las 41 propiedades del administrador en León se encuentran en una situación de precariedad absoluta.

Todo menos demoler. No es la primera vez que el gestor del patrimonio ferroviario, antes Renfe, ha sido denunciado por ayuntamientos o asociaciones sin ánimo de lucro por tirar edificaciones singulares sin plantear su recuperación. Ya ocurrió en el 2006 con la denuncia del Ayuntamiento de Cuadros sobre la sorprendente demolición de la estación de La Seca, calificado en su día como un «atentado cultural» contra un edificio que estaba catalogado para su protección. Recientemente, la Asociación Leonesa de Amigos del Ferrocarril (Alaf) ha exigido responsabilidades por el derribo de dos casillas de piedra construidas por la Compañía del Noroeste en la capital leonesa. Ambos edificios, que se encontraban en la vertiente ferroviaria de Párroco Pablo Díez, fueron derribados cuando, según esta entidad, se encontraban a punto de ser catalogados para su recuperación en el entorno de la integración urbanística del AVE.

En la línea que une León capital con Palencia la mayor parte de los apeaderos ocupados han sido alquilados a trabajadores del sector o a familiares, incluso se da la circunstancia de que empleados de la estación de León son inquilinos de apeaderos rurales, una alternativa con la que estos operarios pueden contar desde hace años.

El listado actualizado de lugares con posibilidades en este campo es bastante escueto y se refiere, sobre todo, a instalaciones auxiliares de estaciones viejas. Según Adif, existen edificios de viajeros para alquilar en Bercianos del Real Camino y muelles en Valcabado del Páramo y Valderrey. Según la misma fuente, en Sahagún se ofrece otro muelle edificado, en Astorga está disponible la cafetería, en Bembibre está la opción de ocupar un edificio anexo a la estación, al igual que en La Robla.

León no es la única provincia de la comunidad donde se alquilan estos inmuebles públicos. Las líneas en desuso de Osma-La Rasa (provincia de Soria) y las de Valladolid-Ariza, en Burgos, son otros ramales viarios con grandes posibilidades. De hecho, ambas líneas son las más demandadas en la comunidad de Castilla y León. En Burgos, 32 de las 51 estaciones fantasma de Adif tienen inquilinos, pero la tipología en esta provincia difiere de la de León. En el territorio burgalés prima la utilización de las casas para emprender negocios de turismo rural, albergues o centros de carácter social, como sedes de asociaciones e instalaciones deportivas, según se puede comprobar tras un somero repaso por su red de ferrocarril.

Muchos de estos apeaderos que ahora se ofertan se encuentran sin servicio desde hace años y en la práctica totalidad de ellos se hace imposible la adquisición de billetes en la propia estación, lo que después obliga al interventor a intensificar los controles sobre los pasajeros a bordo de los trenes. Y ese no es el mayor problema: muchas de estas instalaciones ya no disponen de servicio de información de rutas y horarios ni de salas de espera acondicionadas, un despropósito para los usuarios si se tiene en cuenta que la mayor parte de ellos en el ámbito rural son de avanzada edad y se ven obligados a realizar su espera a la intemperie, bajo las rigurosas temperaturas del invierno leonés.

Casas de 120 años. El segundo itinerario más demandado es el que une León y Galicia a través de Ponferrada. Los edificios de este ramal se levantaron entre los años previos a 1866, cuando se concluyó el tramo entre León y Astorga, y 1883, fecha en la que se inauguró el último tramo correspondiente a esta línea (Toral de los Vados-Oural). Los apeaderos se distribuyen por parte de la Maragatería y La Cepeda, salpican los pueblos del Manzanal y llegan hasta Ponferrada, donde todos los inmuebles en alquiler ya están ocupados. Se da la circunstancia de que las viviendas y edificios de esta zona tienen mayoría de inquilinos asturianos que utilizan los pisos sólo durante los meses de verano. Es el caso de Barrientos, donde la única vivienda en alquiler está en manos de una jubilada asturiana, o el de Porqueros, donde veranea desde hace 29 años el matrimonio asturiano de Tirso Tamargo y Visitación. Es tal la unión que tienen al pueblo, que hace cuatro años, cuando cumplieron las bodas de plata de estancia, hicieron una fiesta para todos los vecinos. «Mira, mira», se apresura a decir Visitación mientras enseña fotografías del momento. Detrás de toda su familia se ve un enorme cartel colgado de la fachada del apeadero, en el que se puede leer: «25 años entre vosotros: gracias a todos y a todas».

Tirso cumplió 80 años en mayo. «Pon ahí que llevo 20 años jubilado y que voy a acabar la caja de la Seguridad Social». Bromea porque trabajó durante 40 años arreglando para Renfe las herramientas de las obras de las vías, por lo que el paisaje ferroviario más que un problema es un aliciente para él y su familia, afincada en Oviedo aunque él subraya que es del concejo asturiano de Las Regueras. Lleva casi 30 años sin faltar un sólo verano. De hecho, la dolencia que padece y que le obliga a recibir tratamiento diario en un centro de salud no es un obstáculo para él. Cada día, una ambulancia le recoge y le traslada a Astorga. «Pero el verano secándome en León no me lo quitan», advierte en un salón presidido por un retrato de la Virgen de Covadonga.

Desde su casa se ve un espectacular paisaje cepedano. Verde hasta que se vaya a finales de este mes, «cuando se nos termina el permiso de tres meses que pedimos al médico para venir», resume una enérgica Visitación. Cuando se haya publicado este reportaje, ambos habrán disfrutado de los reales sitios de Aranjuez montados en el Tren de la fresa, un emblemático tren turístico que precisamente será tirado por una locomotora de vapor recientemente reformada en los Talleres Celada de León. «¿Lo mejor de vivir en el apeadero?», se pregunta Tirso para responderse después. «Que nunca pierdes el tren».

   
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