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La trashumancia se la juega en el ‘oeste’ leonés

El conflicto «abierto y declarado» entre vaqueros y merineros se focaliza en la montaña occidental que conserva el 80% de los puertos pirenaicos de ovino de toda la provincia.

 

Rebaño de merinas en los montes de Aralla, donde sufren en silencio las invasiones del ganado mayor de Geras, pueblo limítrofe. - jesús f. salvadores

ana gaitero | abelgas y aralla
14/09/2014

El cordel de merinas atraviesa Abelgas, un pueblo encajado en el valle Escondido, entre los montes de Babia, Omaña y Luna. Cuenta la leyenda que Pelayo guardaba allí sus caballos para luchar contra los sarracenos. Ahora la lucha es entre ganaderos. Vaqueros contra merineros. Merineros contra vaqueros. Es el ‘oeste’ en el oeste cantábrico de León.

Tres rebaños trashumantes perviven en los puertos pirenaicos de este pueblo donde las ovejas aportaban buenos ingresos al común, más de 12.000 reales de vellón, y las ordenanzas concejiles regulaban el uso de los pastaderos y la convivencia del ganado en los puertos y en los terrenos comunales.

En la provincia de León existen 145 puertos de estío calificados como puertos pirenaicos dentro de los límites catalogados como montes de utilidad pública. Antiguamente, casi el cien por cien estaban dedicados a ganado ovino. Pero las vacas han ido comiendo terreno y actualmente el 55% de los pastaderos de estos puertos de alta montaña alimentan a ganado mayor, vacuno y equino, y el 43,6% por ovejas. Además, hay 15 puertos sin adjudicar. El ganado vacuno y equino aprovecha además pastos sobrantes y terrenos comunales.

La conflictividad se localiza en la montaña occidental pero no porque los ganaderos sean más litigantes, sino porque es en este territorio de las montañas de Babia, Luna y Omaña donde aún resisten el 80% de las ganaderías trasterminantes y trashumantes. En la montaña oriental sólo queda un puerto en Burón para ovino, otros ocho se sitúan en la montaña central y los 46 restantes se concentran en los municipios de Sena de Luna, San Emiliano, Murias de Paredes, Riello y Cabrillanes.

La ganadería está estrechamente ligada a este territorio que forma parte de la Reserva de la Biosfera y acaba de ser declarado parque natural de Babia y Luna «ya que la diversidad y estado de conservación del paisaje en el espacio natural del Valle de San Emiliano es consecuencia directa de los usos tradicionales del territorio». De la continuidad de la trashumancia en los puertos de montaña, admite la Junta, depende en buena parte la conservación y el mantenimiento de estos paisajes.

«El abandono del pastoreo de los puertos de montaña trae consigo la desaparición de los ricos pastizales del territorio al ser invadidos al ser invadidos por comunidades arbustivas dominadas por aulagas, enebros, piornos, escobas, urces o brezos, según la localización y el sustrato de dichos pastizales»,

La conflictividad en los puertos pirenaicos es una realidad conocida por el servicio de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León, gestor de estos aprovechamientos junto con las juntas vecinales. «Desde hace varios años, en toda la comarca en cuestión existe un conflicto abierto y declarado por estas diferencias, lo que genera malestar y provoca rencillas internas entre vecinos y vecinos con foráneos», admite un informe realizado por el servicio territorial. El conflicto de intereses entre unos ganaderos y otros está sobre la mesa de la Junta con «informaciones contrastadas del cuartel de la Guardia Civil de San Emiliano», precisa.

La Asociación Ibérica de Pastores Trashumantes, de la que es secretario el ganadero leonés Rubén Valín, acudió este verano a las altas instancias del Seprona de la Benemérita para pedir ayuda en este conflicto. Asimismo, el ayuntamiento de Sena de Luna aprobó un bando a petición de los dos concejales de UPL para que se colocara en todos los pueblos del municipio «para que se respeten los pastos a los ganaderos de ovino que se los comen las vacas y las yeguas», afirma Efrén García Fernández. Sus sospechas de que a algunos pueblos no llegó el bando o no se ha hecho público las confirma el pedáneo de Abelgas: «Yo no sé nada», aseguró. «Antes no se cerraban los caminos y ahora están cortados por estas ganaderías», afirma otro concejal de UPL, Alfredo Rubio.

Tradicionalmente, los puertos pirenaicos eran para las ovejas. En Aralla, era costumbre «echar las vacas a los praos de abajoel 8 de septiembre para la otoñada. Estaba todo limpio, no había escobas», afirma el ganadero y pedáneo Andrés Alonso Álvarez. Él y su hijo Alejandro, de 25 años, aprovechan los puertos pirenaicos de Aralla con los dos rebaños que guardan desde el otoño hasta junio en los pueblos de Santa Colomba de la Vega y Posadilla de la Vega.

‘Hasta aquí llegamos’

En Abelgas había vecera de vacas, añojos, yeguas, cabras, ovejas, carneros, machos cabríos, corderos machos. Es decir que estaban guardados por gente del pueblo a turnos o contratada a cargo del común. Los bueyes podían entrar en las boierizas, los prados de más calidad, a partir del día de Nuestra Señora de septiembre. También estaba regulado el arriendo de los puertos pirenaicos, tal y como recoge Pablo García Cañón en el libro que rescata las ordenanzas concejiles de Abelgas en el siglo XVIII.

En Abelgas la paz lleva varios años quebrada y este verano se ha roto por completo. Gregorio Fidalgo ha dicho «hasta aquí hemos llegado» y ha denunciado ante la Guardia Civil y la Junta la invasión de los pastos que arrienda por parte de caballos y vacas de vecinos del pueblo que «pagan cantidades irrisorias por aprovechar los terrenos comunales y encima se comen lo nuestro».

Este ganadero trasterminante nació en Abelgas y reside e inverna entre la ribera del Órbigo y el Páramo con los rebaños que regenta a partes iguales con su esposa, Violeta Alegre.

«En Abelgas hay ganaderos con ovejas y sólo hay problema con Gregorio», asegura el pedáneo, y también ganadero, pero de vacuno, Rufino Fidalgo. «Yo pasté con ovejas ese durante 20 años el puerto de Gregorio y nunca tuve problemas con las vacas», añade. Las acusaciones se cruzan: «Tienen arrendadas para las ovejas 5 hectáreas de fincas particulares y ha pastado más de 100», alega el pedáneo sin negar que vacas y caballos a veces se meten en los puertos. «El mes de la hierba es cuando tenemos más problema porque hay mucho trabajo», alega, defendiendo los derechos de los ganaderos de vacuno y caballar. Otro de los ganaderos, José Miguel Bango, cuyos puertos fueron dañados por una plaga prefiere no hablar. En Torre de Babia aseguran que no han tenido conflictos. Pero sí en Villargusán.

Los teléfonos de los celadores de Medio Ambiente y de los guardias civiles arden. Las yeguas tienen sembrado el puerto de Foyo del Agua de «caballones», como llaman en la montaña a sus excrementos, o «cagajones», como lo dicen en la ribera.

Cuando marcha el lobo

«Los guardas vienen cuando los ‘lobos’ marcharon, como los perros», dice irónicamente Tomás Álvarez, un pastor trashumante jubilado. «Este año subí con Gregorio y el puerto estaba medio comido», afirma Paulino Álvarez Tejedor, quien pasa el verano en Abelgas. «Antiguamente hubo más ovejas y subían muchos ganaderos. Las ovejas iban a los puertos y las vacas a la majada, comían los comunes y había un guarda. Pero vino la fiebre del caballo depredador y no tienen fincas suficientes y como nadie cuida el ganado comen lo que no es suyo», explica.

También acusan a la junta vecinal de no actualizar los precios por el ganado vacuno y equino en detrimento de los ingresos para el pueblo. Los vecinos empadronados en el pueblo con ganado tienen un precio especial: 11 euros por cabeza de vacuno y 14 por cada equino. Los cuatro puertos pirenaicos de Abelgas de Luna se arriendan a tres ganaderos por casi 6.000 euros, el 85% para la Junta Vecinal y el 15% para Medio Ambiente para mantenimiento.

El empuje del ganado vacuno y caballar en la montaña está en las estadísticas y lo perciben los viejos pastores. «Las vacas han cogido muchos puertos. Conozco un ganadero de Saliencias que vive en Veguellina que ya no sube porque no tiene puertos. Todo es poco para ellos (los de las vacas) esto es como el Oeste americano», afirma Tomás. Se impone la ley del más fuerte.

También se queja el ganadero de que los puertos pirenaicos para ovejas se arriendan de año en año, en lugar de por cinco años, lo que daría acceso a ayudas medioambientales y para tener las hectáreas asegudas en la PAC del 2015 hasta 2020. Así se hizo en la última subasta de los puertos de Cabrillanes.

La Junta de Castilla y León recuerda que las entidades locales son las propietarias de estos montes de utilidad pública, pero es la administración autonómica la que pone las condiciones para su mantenimiento y conservación. Tras la maraña de leyes y procedimientos, está la realidad del pastoreo trashumante que más allá de la estampa bucólica es una actividad económica.

El conflicto de intereses entre unos ganaderos y otros está sobre la mesa de la Junta con «informaciones contrastadas del cuartel de la Guardia Civil de San Emiliano». A la vista de que las medidas adoptadas hasta ahora no han dado resultados, los técnicos de Medio Ambiente tramitan una reunión con todas las partes implicadas con la participación activa del ayuntamiento, los adjudicatorios legales de los puertos pirenaicos, los representanes de la entidad local afectada, el servicio de asistencia a municipios de la Diputación, «con el fin de que asesore sobre la legalidad de los procedimientos en base a la ley de Bases de Régimen Local, la Guardia Civil como órgano implicado en las denuncias, el servicio territorial de Agricultura y Ganadería ya que interviene en una parte muy importante en cuanto a las subvenciones para ganadería extensiva y derechos y el servicio territorial de Medio Ambiente al ser el gestor de los montes de Utilidad Pública».

El el sobrepastoreo de lo fértil y lo improductivo de otras zonas que si no se obliga al ganado a ir no lo aprovechan provoca el crecimiento del matorral que puede dar lugar a problemas de incendios. Este es uno de los temas que más preocupa a expertos como Ignacio Doadrio, investigador del CSIC y defensor de la trashumancia.

Desiertos y ruinas

Los puertos de La Majúa y Torrebarrio, de San Emiliano, donde abunda el ganado caballar y bovino asturiano, quedaron desiertos en la subasta del 2013 y también este año. Otro tanto pasa en La Riera de Cabrillanes. Allí se ha impuesto la paz, pero sin ovejas.

En Abelgas hay varios carteles que hablan de la tradición trashumante, de que fue cuna de afamados mayores y pasto de las ovejas del conde de la Oliva. También ensalzan el legado de este oficio en la arquitectura y en el paisaje. Pero desde Foyo del Agua se pueden contemplar las ruinas de los antiguos chozos de pastores y de las majadas. No hay quien se ocupe.





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1 Comentario
01

Por Pilar dixit 10:14 - 14.09.2014

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Qué hermosa foto Jesús F. Salvadores, Chapó. Me ha hecho entrar, de lleno, en el artículo, también hermoso y bien explicado por Ana Gaitero. No entiendo mucho de estas cosas pero el pastoreo siempre me interesa, y está claro que se impone la ley de la selva, el más fuerte se come al más débil.

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