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Los incentivos han permitido incorporar a 25 bercianos a la agricultura y ganadería

 

11/01/2019

El sindicato agrario Asaja adelantaba ayer que son 25 los jóvenes que se incorporarán a la agricultura y ganadería, como agricultores profesionales, en la comarca del Bierzo, al amparo de las ayudas convocadas por la consejería de Agricultura en el Bocyl del 31 de diciembre. Desde el 30 de septiembre de 2017, cuando finalizó la anterior solicitud de estas ayudas, Asaja ha tramitado en la comarca 17 solicitudes de incorporación de jóvenes a la agricultura y ganadería, y no espera muchas más en las próximas fechas, «por lo que junto a las que se hayan tramitado a través de otros colectivos, se llegaría a esa cifra estimada de 25 incorporaciones».

Dicen desde Asaja que las incorporaciones que se llevan a cabo aprovechando las líneas de ayudada del Fondo Europeo de Desarrollo Rural exigen compromisos de permanencia en el sector y exigen una profesionalidad basada en la ocupación en la actividad y en que las rentas del trabajo sean mayoritariamente agroganaderas. Estos jóvenes previamente han participado en los curos de formación, bien de forma presencia o en la modalidad online, para acreditar la capacitación exigida.

«Asaja, que tramitará al menos el 80 por ciento de todos los expedientes de la comarca, destaca que si se cumplen sus previsiones y se incorporan 25 jóvenes, es un número razonable, acorde con la dimensión del sector», indican en una nota de prensa.

La mitad de estos jóvenes se incorporan en actividades ganaderas, incluyendo dentro de estas también la apicultura, y el otro cincuenta por ciento en los sectores de la fruticultura, horticultura y viñedo.

«Una mejor gestión de los aprovechamiento de pastos en los montes públicos y fincas de particulares de la comarca, y sobre todo la concentración parcelaria y la modernización de los regadíos, permitirían un incremento y redimensionamiento de las explotaciones, y como consecuencia también de las incorporaciones de jóvenes», indican desde el sindicato. Añaden que, en esta comarca, en la que hay que convivir con el minifundismo y con unas estructuras productivas obsoletas, donde no se aplican las reglas de la economía de escala, «es imprescindible diferenciar los productos para que el consumidor aprecie la calidad y se puedan vender con un mayor margen que la industria agroalimentaria».