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El baile del ahorcado

Odio y envidia

 

Cristina Fanjul
17/05/2019

Hace tiempo que se ha instalado en la sociedad la idea de que hay personas de primera y de segunda. No sé en cuál de los grupos estoy ni me importa. Sé que la ideología en la que debo militar es la de mis hijos. Es el único bando en el que me involucro, entre otras cosas porque la pertenencia a ese partido clarifica mis ideas. La hemiplejia no cabe porque todos los niños son el mismo niño. Tengo mis ideas, mis creencias, mis filias y en ocasiones me encuentro en apestosos prejuicios que no se parecen a la idea que tengo de mí misma, pero intento que nada de todo lo anterior secuestre mi juicio. Un racista es un racista, un machista lo es sin necesidad de mostrar su color político, y alguien que decide que su brújula moral se mueva en función de sus complejos y rencores es un imbécil. Antes los imbéciles no se veían, o no se veían tanto, pero el presente, este ‘ahora’ en el que nos desenvolvemos sin saber muy bien cuándo estamos y si ya formamos parte del pasado, es un lugar en el que los imbéciles reclaman su derecho a ocupar el espacio público. El problema no es que no se les vea: tienen el derecho a mostrar su imbecilidad tanto como nosotros a conocer dónde están. El inconveniente de esta inflamación de tolerancia es que se les otorga diploma de demócratas cuando no son más que aspirantes a represores.

Acosar e insultar a una mujer embarazada es el reflejo de una personalidad que hunde la raíz que la alimenta en el abono del rencor social, de la envidia. Cuantos trataron de agredir a Begoña Villacís no lo hicieron por desacuerdo político, ni siquiera ideológico, sino porque necesitaban purgar con espumarajos de resentimiento, la emoción de complejo y frustración que su vida les provoca.

En España no se juzgan los comportamientos agresivos por lo que significan o evidencian, no comparecen con la letra escarlata los que atacan con actitudes fascistas. En España, a la víctima sólo se le da este estatus si pertenece a un determinado espectro ideológico. Así seguimos.





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