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El baile del ahorcado

Orgullo

 

Cristina Fanjul
09/07/2019

Hay mucho que decir sobre el triste episodio del Orgullo. O poco. Porque la mayoría de las veces las obviedades no deben ser verbalizadas. Cuando se explican, cuando se defienden, cuando se convierten en un asunto épico, sólo puede significar que entramos en el terreno del absurdo. Y, sin embargo, esta tendencia es intrínseca a nuestra naturaleza.

Para normalizarla, los hay que se sirven del ‘pero’, que en español se asimila casi de manera exclusiva con la confrontación, porque no sabemos hablar, sentir ni vivir más que en la adversidad, en la lucha, en la oposición. Es una manera insólita de estar en el mundo. No nos comprendemos a nosotros mismos por las cualidades que encontramos en el análisis de la unicidad de ser, cuanto en lo que hace que nos diferenciemos del otro. Ese alter ego que debería ser el libro de instrucciones de mi propio yo sugiere, en nuestra cultura, un desplegable de desconfianzas y se traduce en cualquier sinónimo de extranjero, de extraño, de diferente, de ajeno, para significar a cuantos nos alienan y nos hacen perder la humanidad. El otro se convierte en la única epistomología para definirnos, para estar y ser en el mundo, en un gerundio que comienza en discusión y suele acabar en reyerta. Condenamos, dicen muchos para acudir a continuación al ‘pero’, ese pero que expresa la condescendencia, en una explicación del semejante en modo contrario, del nacionalismo que busca una identidad por construir en la deconstrucción de la que cada día observamos desde la atalaya de agravios.

No hay peros que valgan para descalificar los insultos y agresiones. Usarlos demuestra complejos y miedo. Nada más. Llama la atención que el colectivo LGTBI+ (horrible composición gramatical la de juntar humano, una categoría universal, a colectivo) no haya rechazado las actitudes de unos pocos contra los representantes de un partido político que desde su fundación se ha caracterizado por la defensa de sus derechos. Es torpe y, sobre todo, absurdo para un movimiento que, como todos los humanos, tiene vocación de universal.



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