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CORNADA DE LOBO

¿Toca plegar?

 

PEDRO TRAPIELLO
02/06/2016

Está claro que los medios informativos tradicionales tienen que cambiar de método, de soporte y, en buena medida, de destinatarios. Pierde voz el papel prensa contando noticias que el lector ya conoció el día antes en la pizarrita del teléfono que lleva en su bolso. El periodismo y los periódicos pagarán un alto precio en esta revolución tecnológica que deja pálidos los fenómenos de la revolución industrial con todos los empleos que destruyeron aquellas máquinas.

Pero los periódicos buenos y los de casa resistirán mejor el apaleamiento digital; eso dice Sócrates. Y Bieito Rubido añade que los vertiginosos avances que hoy nos traen tarumbas son sólo la prehistoria de la comunicación; esto no ha hecho más que empezar.

La reinvención de la comunicación será brutal y habrá todo tipo de producto informativo por vía digital (o anal), visto que la gente está dispuesta hoy a tragar por cualquier conducto y a gastar cuatro horas diarias en lo que le chiva su pantallita... tanto, que ya no le queda tiempo ni para gastar diez minutos en un periódico o un libro.

El papel saldrá tocado en esta transformación de las comunicaciones. Sin embargo, la prensa local y la generalista que analice y humanice seguirán teniendo su masa devota porque el papel y la tinta siguen siendo en el subconsciente colectivo la credencial más fiable de lo que pasa o se dice, amén de que el periódico no es sólo un medio de comunicación -ahí entró Sócrates-, sino un ritual, manía placentera asociada a la butaca de casa tras la cena, a la sentada de media mañana con cafelito, al abuelo en el parque o al funcionario ocioso... es toda una liturgia la lectura de la prensa, una conquista histórica y, como la siesta, patrimonio inmaterial de la humanidad. No será fácil su extinción, pese a que lo visual reinará y el periódico se hará a medida de cada lector dándole sólo lo de su interés tras analizarle consumos, ideas o gustos (el redactor jefe será un ordenador de mil pares). Y la gente comprará sólo lo que quiera oir (como hoy, como siempre); por eso tardará aún en plegar el papel. Y su resistencia heroica acabará en fecunda... renaciendo.





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