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Cuando Cristóbal encontró a Halffter

El compositor villafranquino inaugura en el Palacio de Gaviria la exposición ‘Una vida para la música’, que toma prestado el título de su libro de memorias, que presentó también ayer al público leonés.

 

Raúl López, director del Museo Liceo Egipcio, junto al compositor villafranquino Cristóbal Halffter. FERNANDO OTERO PERANDONES -

Una vitrina de la exposición. FERNANDO OTERO PERNADONES -

13/11/2016

verónica viñas | león

Un penalti que acabó en fractura de pelvis y un diagnóstico inapelable: reposo absoluto. En el verano de 2014 Cristóbal Halffter aceptó el reto de su nieto y se puso bajo los palos de la portería dispuesto a hacer una gran parada. Aparte de una engorrosa lesión, el músico afincado desde hace décadas en Villafranca del Bierzo tuvo tiempo para componer una suerte de memorias y un compendio de reflexiones sobre la esencia de la música. Todo en un solo libro: Una vida para la música (editorial Almuzara). Un ensayo que presentó ayer en el Museo Liceo Egipcio de León junto a una exposición que, con el mismo título que el libro, reúne en el Palacio de Gaviria medio centenar de carteles de cine, fotografías y partituras del prolífico compositor. El autor de la ópera Don Quijote —la primera de las tres que ha escrito y «todas sobrepasados los 70 años», como destacó ayer el músico— fue un gran colaborador del productor de cine Samuel Bronston, para quien compuso varias bandas sonoras.

Películas como El beso de Judas (1954), Una muchachita de Valladolid (1958) o El extraño viaje (1964) —cuyos carteles forman parte de la exposición— tienen música de Halffter.

Raúl López, director del Liceo Egipcio, ofició ayer de entrevistador para recorrer la biografía de Halffter, sintetizada tanto en el libro como en la exposición. Halffter contó que «para dedicarse a la música hace falta mucho valor, porque la música en este país no está dentro de las materias elevadas, sino que es una submateria, además de que en España hay poca afición. Al contrario de lo que ocurre en Europa, donde la música es lo primero y luego viene todo lo demás», dijo.

Recordó el compositor que entre los siglos XV y XVII España estuvo a la cabeza del mundo en la música. Tras ese esplendor, el país se sumió en un larguísimo ‘invierno musical’, algo que intentó remediar la Generación del 51 —término acuñado por el propio Halffter en referencia al año en que sus principales miembros terminaron sus estudios académicos y quizá también para diferenciarse de la generación poética del 50—.

El director del Museo Egipcio y organizador de la exposición destacó que Halffter únicamente usa el tratamiento de ‘don’ para su maestro Conrado del Campo, un músico prácticamente olvidado, con una prolífica obra, incluidas catorce óperas, entre las que destaca la «preciosa» Fantochines, que nunca se representa. Halffter calificó ayer de «barbaridad» la concesión del Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan.

El autor de la ópera Lázaro considera que «deberíamos rodearnos siempre de belleza y sensibilidad. Eso nos hace más seres humanos y nos eleva al punto que ocupamos en la creación». En varios momentos de su intervención Halffter defendió valores como la libertad, la paz y la justicia. También la idea de que «todos somos únicos e irrepetibles» o cómo la excepción, además que confirmar la regla, alude al que se aparta de lo ordinario, es decir, al excepcional, como Beethoven, que tuvo la genialidad de empezar su Concierto para violín con cuatro timbales, que, en aquella época (1806) «eran considerados ruido».

El Cuarteto Quiroga estrenaba hace poco más de un mes en el Palacio Real la última obra de Halffter, el Cuarteto n° 9, un guiño cervantino encargado por Patrimonio Nacional. «Lo hice porque cuando vi la tumba de Cervantes, me horroricé». En este Cuarteto —que tiene una estructura inspirada en la serie del matemático italiano Fibonacci— Halffter utiliza la viola para representarse a sí mismo espantado ante el osario del autor del Quijote.

   
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