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Cultura ■ Patrimonio

Medidas extremas para la Catedral de León

La delicada intervención en la fachada principal de la Catedral ha obligado a adoptar medidas excepcionales de seguridad, como la colocación de varios puntales, ante el descomunal peso del andamio instalado para bajar el rosetón central..

 

Detalle de los puntales colocados para contrarrestar el pesado andamiaje sobre el hastial occidental que permitirá bajar el rosetón. MARCIANO PÉREZ -

VERÓNICA VIÑAS | LEÓN
30/05/2018

La Catedral está ‘apuntalada’. El objetivo es «extremar la seguridad», según el arquitecto conservador del templo gótico, Mariano Díez Sáenz de Miera. La colocación de un colosal andamiaje para restaurar el rosetón central obligó a afinar los cálculos en un edificio de probada fragilidad. A pesar de que los ingenieros consideraron innecesario reforzar las tres arcadas de la fachada principal, al final se decidió no correr ni el más mínimo riesgo.

La Catedral, con las nuevas pilastras metálicas, el gigantesco castillo de andamios que tapa prácticamente la entrada principal y sin esculturas en esta fachada occidental desde 2009, mostrará su peor cara al menos dos años —18 meses según el proyecto, que ya lleva algún retraso—. Para ‘disimular’ se colocará una lona con el alzado del edificio, que previsiblemente se colgará antes del 6 de junio, fecha en la que el concurso Masterchef grabará un programa en León, según fuentes de la empresa Esoca, encargada de la rehabilitación de la fachada y del rosetón.

Al otro lado del muro se mantiene la plataforma que hace años estuvo abierta al público y que permitirá ‘descolgar’ con mayores garantías el gran ojo de la Catedral, que no se ha tocado desde la magna restauración que sufrió el edificio en el siglo XIX.

En los próximos días se va a ‘fumigar’ la portada occidental, para eliminar musgos, líquenes y toda la vegetación parásita que ha ‘colonizado’ la piel de la Catedral. El siguiente paso es restañar heridas, especialmente en algunos pináculos que sufren daños apreciables. La delicada restauración del gran rosetón será una operación sin precedentes. El vitral, de ocho metros de diámetro, data de finales del siglo XIII, con la Virgen con el Niño en el centro, rodeados por doce ángeles. En la colosal reconstrucción que hace más de un siglo evitó el desplome de la Catedral, de los 30 metros cuadrados del rosetón se conservaban 23, repartidos en más de 70 paneles, que precisaban una reparación urgente; a ellos hay que añadir los que estaban en situación crítica o habían desaparecido, hasta completar el número de 85 que originariamente formaban esta espectacular vidriera circular. Según Víctor Nieto Alcaide, uno de los mayores especialistas en vidrieras del mundo, las labores de restauración y renovación se fundieron y confundieron entonces. «En la restitución hubo una labor de falsificación», sostiene, al utilizarse vidrios antiguos «de procedencia incierta» para la realización de nuevas vidrieras.

Nuevo taller

Los trabajos de limpieza y restauración de los cristales del rosetón se llevarán a cabo en el nuevo Taller de Vidrieras, que traslada su ‘cuartel general del antiguo Seminario Mayor y futuro Museo de la Semana Santa a un antiguo edificio de la calle Dámaso Merino, recién restaurado y que durante años fue usado por la Concejalía de Juventud para el programa de ocio Espabila.

Aprovechando esta ‘torre Eiffel’ de hierros, los trabajos no se limitarán a la restauración de la gran cristalera y la piedra que lo sustenta, sino que se rehabilitará todo el hastial. Sufre las mismas patologías que el hastial sur, que durante una década ha estado protegido por una marquesina. Las grapas de bronce y azufre con las que literalmente ‘cosieron’ ambas fachadas, con el tiempo han resultado dañinas, porque acabaron por resquebrajar la piedra.

La rehabilitación de la gran cristalera, que dejará tuerta a la Catedral, corre a cargo de la Fundación Cepa —los empresarios de la cervecera mexicana Modelo, Cesáreo y Pablo González—, que sufragará los 398.000 euros que cuesta reparar una de las ‘joyas’ del templo gótico. En 1859 el arquitecto Matías Laviña detectó profundas grietas en este rosetón. Dos años después se talaban 400 pinos para llevar a cabo un complejo andamiaje que permitiera desmontar el gran vitral. Ahora en lugar de madera los pilares serán de metal, pero la operación será igual de arriesgada.

Previsiblemente, la Catedral no recuperar su gran ‘ojo’ hasta mediados de 2020.

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