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LA HUELLA DE LOS PUEBLOS

Los mesolíticos de La Braña iluminan el ADN ibérico

Un equipo científico, codirigido por el CSIC, traza la evolución en la Península Ibérica y data en el 2.000 a.C. la desaparición del gen del habitante original.

 

El llamado esqueleto de La Braña 1 y recreación virtual de uno de los dos hermanos del Mesolítico, que han sido determinantes en la investigación J. CASARES -

Los mesolíticos de La Braña iluminan el ADN ibérico -

josé pichel andrés/ elena camacho 
15/03/2019

Alojada entre dos continentes, la Península Ibérica ha sido lugar de paso para un gran número de pueblos que en los últimos 8.000 años han dejado su huella. Ahora, el mayor estudio de ADN hecho hasta la fecha desvela hasta qué punto algunos de estos pueblos consiguieron moldear el genoma ibérico. La investigación, publicada en la revista Science, ha sido coordinada por David Reich y Carles Lalueza-Fox, genetistas de la Harvard Medical School y del Instituto de Biología Evolutiva (IBE), respectivamente, y realizada por 111 científicos de Estados Unidos y Europa, que han analizado 403 genomas antiguos de la Península Ibérica, incluidos los dos hombres del Mesolítico de La Braña-Arintero, lo que supone una de las colecciones de datos más completas de toda Europa.

Una de las conclusiones más sorprendentes e inéditas del estudio se refiere al reemplazo (casi total) de los linajes paternos ibéricos que tuvo lugar entre el 2.500 y el 2.000 a.C.

Iñigo Olalde, investigador de la Harvard Medical School que lidera este proyecto, explica que esa información, que se deduce de los análisis genéticos, «es el resultado más espectacular de este trabajo», ya que muestra que «los linajes paternos anteriores a esa inmigración desaparecen», de manera que la población actual tiene mayoritariamente ascendencia de esas tribus procedentes de una zona cercana al Cáucaso conocida como estepa póntica.

Este dato fue filtrado hace meses por algunos medios de comunicación, ya que fue adelantado por algunos investigadores en un evento. Sin embargo, se malinterpretó: «Nosotros no decimos que todos los hombres de la península fueron exterminados hace más de 4.000 años, como se dijo, no sabemos cómo fue el proceso y pudo ser complejo».

La investigación abarca un periodo de tiempo sin precedentes, aproximadamente entre el año 6.000 a. C. y el 1.500 d. C., que permite entender muchos cambios poblacionales en la península ibérica. Aunque la arqueología ofrece mucha información histórica y cultural, las técnicas que permiten estudiar el ADN antiguo que se puede encontrar en esqueletos es una herramienta poderosa que revela la relación biológica entre distintas poblaciones.

Los mesolíticos leoneses

En el estudio que publica Science también se incluye nueva información acerca de los dos cuerpos encontrados en la cueva de La Braña-Arintero en 2014. Investigaciones anteriores que también estuvieron lideradas por Íñigo Olalde desvelaron por primera vez el genoma completo del ser humano del mesolítico, el de uno de los dos esqueletos, llegando a ser calificado como «primer europeo», con 7.000 años de antigüedad. Ahora se ha estudiado el segundo, de manera que se ha confirmado la hipótesis de que ambos eran hermanos.

Además, la comparación del genoma de estos individuos de La Braña-Arintero con el de otros pobladores de la Península descubre que la población ibérica tenía distintos orígenes. «En el norte parece que tenían ancestros más recientes de fuera de la Península, más relacionados con el centro de Europa», apunta el investigador.

Los análisis genéticos revelan que entre el 2.500 y el 2.000 a.C, la población típicamente ibérica del Neolítico coexistió con los descendientes de las poblaciones esteparias que 500 años antes se habían propagado rápidamente por toda Europa desde la estepa rusa.

«Fue una colonización que larga, de unos 500 años», que dejó su impronta en la composición genética de la población de la Península Ibérica que, durante la Edad del Bronce, había perdido cerca del 40% de su ascendencia genética y el 100% de los linajes ibéricos paternos, que fueron sustituidos por el estepario (que perdura hoy en día).

Dos de los genomas estudiados en el trabajo ilustran ese momento de la historia. «Son los restos de una pareja enterrada en Castillejo del Bonete (Ciudad Real). El hombre tiene ancestros muy recientes provenientes de estos nuevos grupos humanos que llegaron a la Península, mientras que la mujer es de ancestralidad ibérica. También sabemos que ella tenía una dieta marítima y que venía de la costa y, pese a estas diferencias, están enterrados juntos. Es un ejemplo muy ilustrativo de coexistencia», destaca Lalueza-Fox.

Y es que uno de los aspectos más interesantes del ADN es que «cuenta qué eventos sucedieron y cuándo pero no cómo».

   
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