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Santos Alonso, el gran animador de las letras leonesas

El crítico literario recibe en Madrid el sentido homenaje de amigos y escritores.

 

Foto de familia de los escritores y familiares de Santos Alonso, en la Casa de León en Madrid. - raquel p. vieco

pacho rodríguez | madrid
19/06/2013

Santos Alonso supo antes que nadie que los Mateo, Llamazares, Pereira, Merino, Aparicio, Mestre, y más, iban a ser, la delantera mítica de la Cultural Leonesa de las letras. Sabía Santos, o, según el momento, Santines, más cosas de sus libros que ellos mismos. Y si Juancho Armas Marcelo fue el que decidió que ni escuela ni mafia leonesa, que para agruparlos estaba más a mano cultural leonesa, para Luis Mateo Díez, tal y como dijo ayer, Santos Alonso fue el «seguro de vida de escritor» de todos ellos.

Ayer, Santos Alonso, su memoria y su recuerdo, jugaban en casa. En esa Casa de León en Madrid que le rindió un sonado homenaje, que contó con la presencia de varios de los que forman parte de ese dream team de las letras que para sí quisieran algunos otros que hasta llevan por delante el nombre de generación.

Julio Llamazares recordó que, en sus primeros años en Madrid, «nos juntábamos en el salón de la Casa de León, y hablábamos de literatura y de todo. Y Santos estaba por allí y ya era un crítico pasional. Vivía para la literatura, y con todos nosotros mantenía relación de amistad y de crítico. Nosotros le vinimos muy bien a él y él a nosotros», contaba Llamazares.

Rememorar la trayectoria de Santos Alonso trasciende, como quedó claro ayer, a sus facetas de profesor, crítico, tertuliano o editor, para alcanzar la cota de buen hombre, algo que flotó en el ambiente durante todo el acto, entre la tristeza de la pérdida y la satisfacción de que su labor y su huella humana estén más que revitalizadas.

Decía Luis Mateo que era un seguro de vida para los escritores leoneses porque «siempre necesitamos alguien que nos anime, que nos aconseje pero que no nos adule, que tenga criterio. Y Santos tenía todo eso y era un animador total de nosotros», explicaba Mateo, quien también destacaba de manera especial que «en mi caso, hasta leyó La fuente de la edad antes que nadie, sin ser publicada».

De esta manera, se confirmaba lo sabido, pero con el buen sabor de recordar, ayer mismo para hacerlo siempre, al Santos lector, conversador y estudioso, un erudito enamorado de los escritores de su tierra, al que Juan Carlos Mestre, otro de los autores presentes, conoció en una tertulia y rápidamente lo estableció como una de sus referencias. «Recuerdo que me llamó la atención que insistiera en que no había que atenerse a los cánones sino que había que escribir con libertad. Repetía: tú escribe como te pete», dijo Mestre.

Juan Pedro Aparicio localizó aún más este homenaje al rescatar los tiempos en los que ambos participaban de algunas de las actividades que tenían lugar en la Casa de León, «cuando nosotros nos proponíamos hacer la transición de esta casa, como en el resto de España», remarcó Aparicio, quien también afirmó que Alonso era un hombre de máxima honradez y valentía, calificándolo como «un rebelde social, en una profesión en la que lo fácil es acomodarse al pensamiento dominante».

Entre amigos, familiares y otros autores discurrió este acto en honor de Santos Alonso, que culminó con un vino leonés, en un brindis por ese hombre que sabía que de León salía la mejor literatura del momento. Un profesor de la Complutense dijo un día: «Con la tercera parte de sus escritores, en otro sitio ya tenían una generación». Santines sería el catalizador.