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La amenaza de los cormoranes

El estiaje de los ríos y las inminentes frezas recomiendan el control de las poblaciones del «cuervo marino», que pone en alerta a las zonas donde las truchas forman parte de la economía.

 

Un ejemplar de cormorán, sobre una rama en el río Esla. - norberto

PEDRO VIZCAY | LEÓN
12/12/2014

Los aficionados a la pesca que aprovechan estos días soleados aunque fríos para visitar los ríos se están encontrando con la presencia inevitable del cormorán grande. A mediados de noviembre se produjo una fuerte entrada con bandos que, en ocasiones, superaban el centenar de individuos, lo que hizo temer una auténtica invasión. Afortunadamente la mayoría de «cuervos marinos» siguió su camino hacia el sur, aunque muchos se quedaron en aguas de León.

En estos días se aprecian importantes concentraciones, especialmente en aguas del Sil, embalse de Bárcena y laguna de Carucedo, y del Esla, desde Sahechores a Riaño y también aguas abajo. En menor medida se observan en otras aguas donde años anteriores las concentraciones eran mayores, como áreas del Órbigo y del Bernesga.

Esta especie, predominante marina, inverna no sólo en los estuarios de los ríos, sino también bastantes kilómetros al interior. La cantidad de cuervos marinos, que carecen de depredadores desde que se prohibió la recolección de huevos, está preocupando de forma muy seria en diversos ámbitos donde los salmónidos constituyen una importante riqueza, y no sólo en León. En Escocia, donde la pesca del salmón representa una más que notable fuente de ingresos y dónde existen además abundantes piscifactorías, se han unido desde hace años los sectores implicados exigiendo al gobierno medidas urgentes que ya han comenzado a tomarse seriamente. Preocupa especialmente la vulnerabilidad de las poblaciones de peces recién repoblados y que son fácil presa del cuervo marino.

Pero no es despreciable el efecto que pueden causar sobre otras poblaciones de pequeño y mediano tamaño tanto en aguas corrientes como en aguas embalsadas. En concreto y desde hace años, se ha aceptado elevar la caza de esta especie de 600 a 2.000 o 3.000 aves al año sobre una población estimada de 17.000 cormoranes. Ni siquiera se requiere aportar pruebas de los daños, ya que se han convertido en evidencia en los últimos años. También, y de forma excepcional, se permite prolongar su caza hasta primeros de mayo, pues se observa un cambio en el comportamiento del cormorán de forma que muchas aves no retornan al mar, sino que nidifican en las proximidades de los ríos y lagos convirtiéndose en auténtica plaga. Esto ya sucede también en Bárcena y Riaño, pero aquí, sin embargo, la caza no se permite.

Tanto los pescadores a título individual, como algunas asociaciones, vienen denunciando el daño que producen en las poblaciones trucheras. «La trucha es una especie de interés preferente y se pesca sin muerte en Castilla y León, pero solo para los pescadores» denuncia un aficionado. Hace dos temporadas Pescaleón presentó un informe en este sentido dirigido al consejero de Medio Ambiente, el leonés Antonio Silván. Tras una detallada exposición con abundantes referencias bibliográficas venía a concluir que, si tenemos en cuenta las estimaciones de 1000 ejemplares de cormorán grande en la provincia de León, con una ingesta diaria de 0,3 a 0,5 kg. de pescado, especialmente salmónidos, el daño producido en las poblaciones trucheras es enorme. Destacaba además el efecto negativo que la actividad del «cuervo marino» produce en los frezaderos. Pues bien, en estas fechas ya se aprecian concentraciones de truchas en unos cauces menguados tras un par de semanas sin llover y las heladas que, aunque todavía débiles, ya se están produciendo.

La Consejería de Medio Ambiente, de forma discreta, ha intensificado los controles tanto habilitando a los agentes forestales como expidiendo algunos permisos a particulares especialmente damnificados, pero lo cierto es que los efectos apenas se han dejado notar y, en estos días, la presencia de cormoranes en los frezaderos alarma sobremanera a los aficionados.