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ATLETISMO. RECOMPENSA A UN CAMPEÓN IRREPETIBLE

Bronce para coronar a un mito

La presea olímpica de Atenas, asignada ocho años después a Manolo Martínez tras la descalificación de Bilonog, jalona más de dos décadas gloriosas del mejor lanzador que ha dado el atletismo español .

 

Manolo Martínez celebra hoy su cumpleaños saboreando la medalla de bronce olímpica que en unas fechas ya tendrá en su casa leonesa. - Emilio Naranjo

Miguel Ángel Tranca | León
07/12/2012

Mejor lanzador español de la historia y uno de los grandes a nivel mundial, Manolo Martínez se retiraba en abril del 2011 con una espina clavada: no haberse subido al podio en un campeonato al aire libre. Lo había acariciado en dos ocasiones (otras tres más en pista cubierta) teniéndose que conformar con la llamada ‘medalla de chocolate’.

En Atenas ese cuarto puesto se convirtió en la mayor decepción. Tuvo tan cerca la medalla que no haberla conseguido por un puñado de centímetros convertía su presencia olímpica en amarga. Ocho años después esa desilusión se torna en felicidad. Hoy cumple 38 años y el bronce que le debe asignar el COI tras despojar a Bilonog del oro por tramposo no hace sino que premiar la trayectoria de todo un campeón, de un atleta que a nivel español ha dominado no sólo en categoría sénior durante más de dos décadas, también en las categorías inferiores en las que nadie ha podido superar sus plusmarcas.

Tampoco en sénior donde este bronce olímpico jalona toda una vida dedicada al atletismo en la especialidad de lanzamiento de peso. Capitán durante muchos años de la selección española cosechando hasta 84 internacionalidades, Manolo suma esta presea a su amplia colección de podios que ya en categoría júnior tuvieron un oro como bagaje. Han pasado nada menos que 19 años cuando el leonés se colgaba el metal más preciado en el Europeo júnior San Sebastián. Un año después hacía lo propio en la categoría sub-23 en Ostrava.

 

Mundial y Europeo

Dos años antes había debutado en una convocatoria de la selección iniciando un trayecto que tuvo su mejor expresión en los campeonatos invernales. En pista cubierta disfrutaba de sendos oros en el Mundial de Birmingham (2003) y el Europeo de Viena (2002). En el Mundial de Lisboa también estaba con los mejores con un bronce que incluso pudo convertirse en plata u oro. En el apartado continental la plata de Gante (2000) y el bronce de Madrid (2005) también premiaron su trayecto de campeón a pesar de que el leonés tenía que entrenarse en peores condiciones que sus rivales. Un gimnasio en el Hispánico y el frío leonés fueron sus compañeros de viaje para hacer frente a enemigos que contaban con mejores y mayores recursos. Pero para Manolo los obstáculos eran sólo un elemento de motivación. Junto al entrenador que condujo toda su vida en el atletismo, Carlos Burón, conseguía además perpetuarse para la historia acumulando los récords de España tanto al aire libre como en pista cubierta.

Su dominio fue tal que desde 1993 subía a lo más alto del podio en 31 ocasiones, 16 de forma consecutiva en indoor y 15 al aire libre. Sólo en 1999 y 2007 se dejó arrebatar la corona.

Admirado por rivales que veían al español como un superclase, sólo la ansiedad como reconoce su entrenador, lastró la consecución de mayores reconocimientos. Olímpico en cuatro ocasiones, en París 1994 se quedó a centímetros de las preseas como le ocurriera en los Mundiales indoor de Barcelona 1995 y Maebashi 1999 y el de Edmonton en abierto en el 2001.

Las lesiones también marcaron su carrera. En 1999 una grave lesión en su rodilla izquierda le mantuvo apartado de las pistas ocho meses. A finales del 2004 cuando le diagnosticaron el síndrome de Behcet (afecta al sistema autoinmune) que le provocó úlceras le obligaba a variar su dieta llegando a perder hasta 20 kilos. Cinco años después en un encuentro benéfico volvía a caer lesionado, esta vez en el tendón de Aquiles. Fue el principio del fin de un trayecto que no obstante se prolongó hasta abril del 2011 cuando arropado por el presidente de la Española, Odriozola, decía adiós con lágrimas en los ojos pero con la satisfacción del deber cumplido. El de un campeón que casi dos años después recibe un bronce olímpico que jalona una trayectoria deportiva inolvidable.

   
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