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Fructus BRUT RESERVA

Godello en fina burbuja

Godello en su más genuina y libre expresión. El ‘Fructus Brut Reserva’ es, hoy por hoy, el único espumoso berciano elaborado exclusivamente con la variedad autóctona. No sólo puede presumir de ello, sino también de su carácter y finura. Artesanal en su proceso y tradicional en su idea, es al mismo tiempo moderno, fresco, fácil de beber y también versátil. Y una buena excusa para la celebración.

 

rafael blanco
18/12/2015

Es la tercera elaboración —la cuarta si se consideran por separado las dos tandas de la segunda añada— a partir de una idea que la bodega desarrolló por primera vez en 2011, con nueve meses de crianza. En 2012 se siguió ese guión para una parte de la producción, pero con la otra mitad se ensayó algo de más largo recorrido a la vista de las posibilidades que ofrecía la uva, prolongándose entonces la crianza hasta los veintiún meses para convertirlo en reserva. Hoy ya no se contempla otra posibilidad que no sea esa, pese a los temores iniciales del equipo técnico de la bodega en relación con si el consumidor entendería un producto tan complejo y asumiría la reducción de azúcares hasta dejar ese espumoso en un punto intermedio y en expresivo brut. Infundados temores a la vista de la respuesta del mercado. Tan buena fue la aceptación que, concebido inicialmente para el mercado local, el Fructus saldrá por primera vez en su versión de 2013, pese a su todavía muy contenida producción, a los mercados internacionales a los que llegan los otros grandes vinos de la bodega de Pieros.

Partiendo de una materia prima de muy buena calidad, porque así la dan sus viñas, y de un vino base de vendimia temprana y, por tanto, de gran frescura, poca graduación alcohólica —diez grados y medio— y una alta acidez para soportar el paso del tiempo y enriquecerse con ello, el proceso de elaboración es estrictamente artesanal y manual. Y lo es por imposión, porque la bodega no tiene los medios técnicos, ni puede tenerlos para una producción tan específica y tan corta, y por convicción. Hecho el tiraje, el vino afronta una segunda fermentación en botella para la producción de la burbuja natural e inicia el largo proceso de crianza en rima con movimiento manual una por una. Un proceso muy laborioso que sin embargo tiene su recompensa en la ilusión con el que se desarrolla —«es el juguete de la casa», admite Olga Verde, enóloga de la bodega— y el excelente resultado final a partir de una variedad de uva que lo tiene para garantizarlo: «El Godello es glicérico, muy cremoso, produce muchas lías y tiene el punto de acidez justo para darle una larga vida. Trabajándolo bien se pueden hacer cosas muy interesantes».

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