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FRANCISCO OTERO jefe de POLICÍA NACIONAL RECIÉN JUBILADO

«La ley es una telaraña que atrapa a las moscas y deja pasar a los pájaros»

 

Otero recibe mañana en Ponferrada el homenaje a 44 años de trabajo en la Policía Nacional. ANA F. BARREDO -

29/10/2018

MANUEL FÉLIX | PONFERRADA

Francisco Otero es de esos policías que se las saben todas, o casi. Tantos años —44— trabajando como Policía Nacional, con todo tipo de problemas sociales al límite, le han dado el olfato necesario para distinguir la esencia del asunto: lo bueno, lo malo, la vida, la muerte, las miserias, las grandezas y todas esas cosas que la rodean. Otero acaba de jubilarse como jefe de la Brigada de Seguridad Ciudadana, en la Comisaría de Ponferrada. Ha sido número dos y número uno de esta comisaría muchos años, ejerciendo de comisario cuando se han dado relevos y en ausencias del jefe. Ha cuidado de la seguridad de los Reyes de España e incluso de un Papa. Ha sido partícipe de la desarticulación de un comando terrorista y se le ha helado el alma ante casos como el detenido por el asesinato de una joven de Ponferrada en los años 80, y que ya había sido encarcelado en los 60 por matar a una niña. Otero es de los que no se da importancia y de los que sabe más que latín. Y ese tipo de latín le ha llenado la pechera de medallas de mérito. Hoy, ya más relajado, y ante el homenaje que mañana martes recibe en Ponferrada (comida a las 14.30 en el Cat & Rest), habla para este periódico.

—Le creía gallego de Orense, pero nació en Montevideo (Uruguay) hace 65 años. Licenciado en Derecho, cumplió 44 años trabajando en la Policía Nacional, ¿Todos en la Comisaría de Ponferrada?

—En la Comisaria de Ponferrada destinado desde 1975, si bien a lo largo de ese tiempo he estado en comisión de servicio en distintas ocasiones y servicios en Bilbao, Irún, Pamplona, Palma de Mallorca, Madrid, Castellón de la Plana y un largo etcétera.

—Con la jubilación, ¿Se deja de ser policía o eso es una misión imposible?

—Soy de la opinión que un policía no se jubila nunca, sino  que pasa a esa situación administrativa por diversos imperativos, pero sigue siendo policía hasta el final de sus días.

—Y en todos estos años trabajando con problemas al límite, ¿Con qué enseñanzas se queda?

—Con que nada es para siempre, ni siquiera los problemas. Y que la disciplina es una parte muy importante del éxito.

—Si echa la vista atrás, ¿Cuál ha sido el caso que más le ha marcado?

—De forma positiva, los dispositivos de protección a los miembros de la Casa Real en sus diversos viajes a Ponferrada, de los que forme parte, y el servicio de protección al Papa Juan Pablo II en su viaje por España en 1982. De forma negativa, el asesinato de una joven ocurrido en Ponferrada a principios de los 80, cuyo autor fue detenido y que ya había cumplido condena por el asesinato de una niña en la ciudad a principios de los 60.

—¿Y el que más trabajo y satisfacción personal le ha dado?

—La desarticulación de un comando terrorista, con varios atentados a sus espaldas, que se encontraban ocultos en el Bierzo, desde donde planeaban sus futuras acciones terroristas.

—¿Supongo que tendrá muchas más historias para aburrir a un nieto?

—Pues sí, 43 años de profesión dan para muchas historias y alguna ‘batallita’, pero no pretendo ser el abuelo cebolleta.

—¿Le ha quedado algún caso sin resolver, de esos que tenga ahí clavados y que no ha podido ser?

—Alguno siempre queda pero no a mí, personalmente, sino a todo el equipo de la Comisaría que realizamos un trabajo profesional y solidario. Quizás varias agresiones sexuales producida a finales de 2013 y que de momento están sin resolver suponen para mi una espinita.

—Como ha visto casi de todo, si mira a un sospechoso, ¿Es capaz de diferenciar si miente o dice la verdad?

—En muchas ocasiones sí, pero esos indicios no vale como prueba para acusar a nadie ante un juez.

—Ha vivido situaciones límite y eso no deja a uno indiferente. ¿Un policía tiene que estar hecho de una pasta especial para aguantar la presión psicológica?

—Al principio resulta difícil, pero a la larga uno se va acostumbrando, como pasa en todas las profesiones de riesgo. El policía es un ser humano y no tiene que ser de ninguna pasta especial, simplemente tiene que gustarle su profesión y eso le da estabilidad para afrontar diversas situaciones, aunque sean de lo más desagradable.

—Ha detenido y puesto a disposición de la Justicia a traficantes, ladrones, asesinos, pringadillos y otra larga lista. ¿Cómo se le queda el cuerpo cuando el trabajo de los abogados y un juez, en algunos casos muy concretos, los dejan libres al poco tiempo?

—La aplicación  de la ley es cosa de la Administración de Justicia. Nuestra misión es detener a los presuntos culpables de los delitos, recoger las pruebas y ponerlos a disposición judicial, lo que pase a partir de ahí... La ley es una telaraña que atrapa a las moscas y deja pasar a los pájaros.

—En las películas se refleja en muchas ocasiones la corrupción policial, como puede pasar con políticos, periodistas y resto de condición humana. ¿En su trayectoria se ha topado con casos, y de ser así, qué cuesta más, meter en la cárcel a un político o a un policía?

—Eso, como dices, sucede en las películas. En plantillas pequeñas como Ponferrada es muy difícil que suceda. En todo caso, el propio cuerpo dispone de una Unidad de Asuntos Internos que se encarga de depurar esas responsabilidades.

—¿Con qué se queda con todo lo vivido como policía?

—Me quedo obviamente con todo. El pasado es inamovible, cada servicio como policía es una experiencia nueva y distinta.

   
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