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El proceso secesionista entierra tres décadas de catalanismo pactista

Lo ocurrido en octubre de 2017 fue la respuesta al ‘no’ al referéndum a la escocesa.

 

Quim Torra, junto a Miquel Roca, quien fuera una figura de referencia en Madrid. QUIQUE GARCÍA -

15/04/2019

cristian reino | barcelona

Con la llegada de Mariano Rajoy a la Moncloa, el soberanismo en Cataluña, minoritario durante décadas, recibió una inyección de entusiasmo y en paralelo acabó con una forma de hacer política en Madrid por parte del nacionalismo. Se acabó lo del ‘peix al cove’ (más vale pájaro en mano) o la ‘puta y la ramoneta’ (hacer el doble juego). Expresiones catalanas que resumían la estrategia política de las fuerzas soberanistas catalanas en el juego de relaciones con el Gobierno de turno.

No hace mucho, CiU jugaba un papel central en la política española. Sus escaños eran decisivos en el Congreso y tanto PP como PSOE agasajaban a los nacionalistas catalanes con suculentos acuerdos a cambio de sus votos. Desde Miquel Roca, padre de la Constitución, a Xavier Trias o Josep Antoni Duran Lleida, el líder de la minoría catalana era una figura de referencia en Madrid. La máxima expresión de la influencia catalana en Madrid fue el llamado pacto del Majestic, suscrito por José María Aznar y Jordi Pujol en 1996. El PP gobernó gracias a los votos de los nacionalistas. Pero pagó un precio alto: transferencia a la Generalitat del 33% de la recaudación del IRPF, competencias de Tráfico a los Mossos d’Esquadra en detrimento de la Guardia Civil, supresión de la ‘mili’ y de los gobernadores civiles.

Los tiempos han cambiado. Con el proceso secesionista, que arrancó en 2012 tras el rechazo de Mariano Rajoy a negociar un pacto fiscal (una especie de concierto económico), el catalanismo moderado y pactista ha dejado de existir. La antigua CiU se quebró y los dos partidos que integraban la federación creada por Jordi Pujol en 1978 se volatilizaron. Unió desapareció y Convergència se tiró al monte. Los ‘convergentes’ abrazaron la vía unilateral y olvidaron la política que practicaron en Madrid durante años.

En realidad, y por lo que unos y otros van contando sobre los hechos de octubre de 2017, el 1-O y el 27-O fueron una especie de ‘puta y ramoneta’ pero en grado máximo. En este caso, el nacionalismo catalán ya no se conformó con un incremento en la inversión en infraestructuras o más competencias autonómicas, sino que pidió el premio gordo, un referéndum a la escocesa. Las consecuencias del desafío se dirimen en el Supremo.

   
2 Comentarios
02

Por Antonio Gonzalez del Rio 12:01 - 15.04.2019

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No merece la pena, por aquello de que : la mierda, cuanto más se revuelve, más huele.

01

Por busbusbus 11:37 - 15.04.2019

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Cuando a un perro se le provoca intenta defenderse y si puede muerde: Tanto echar la DERECHA de España contra los independentistas y resulta que es el culpable la derecha de que los catalanes se quieran independizar, y como siempre si te muerde el perro te echas contra el.

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