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ARMADA ESPAÑOLA

El submarino español más moderno se hunde por exceso de peso

El error en la construcción del sumergible, valorado en más de 500 millones de euros, retrasa dos años la entrega de la nave. Defensa estudia invertir ahora 30 millones en alargar la vida operativa del 'Tramontana', que debía ser dado de baja en el 2016

 

Construcción del submarino S-81, en el astillero de Navantia en Cartagena, en una imagen de archivo. - Foto: HANDOUT | REUTERS

El PERIÓDICO
30/05/2013

El submarino S-81 'Isaac Peral', el primero de una serie de cuatro sumergibles de la serie S-80 que el astillero público Navantia construye para la Armada española, no estará acabado para marzo del 2015. La moderna nave, que tiene un presupuesto de más de 500 millones de euros, tiene un exceso de peso de entre 70 y 100 toneladas. Arreglarlo supondrá un retraso de entre 12 y 24 meses y un incremento del ya abultado presupuesto.

Según ha explicado Navantia, en una revisión técnica se han detectado "algunas desviaciones relacionadas con el balance de pesos del submarino". Este exceso de peso -- que pone en peligro la flotabilidad de la nave y la posibilidad de emerger-- ha obligado a realizar nuevas pruebas para valorar "con detalle" el alcance de las desviaciones y "los posibles trabajos de ingeniería requeridos para corregirlo". Para ello, contará con el asesoramiento de "un socio tecnológico, cuyo diagnóstico será fundamental para evaluar las posibles soluciones".

Diversas fuentes apuntan a dos posibles soluciones; reducir el peso o alargar la eslora. Esta última opción supondría un sobrecoste de más de siete millones de euros por cada metro alargado.

"Lo importante no es el problema"
La compañía ha restado importancia al error de constucción apelando a la innovación tecnológica del proyecto. Asegura que los retrasos "son comunes en estos proyectos en todo el mundo y entran dentro de la normalidad" e insiste en que los S-80 son unos "submarinos de la siguiente generación", que se enfrenta a "soluciones tecnológicas inéditas", por lo que "no se pueden descartar problemas técnicos durante la construcción y pruebas del primer submarino".

"Se trata de un diseño nacional que supone un gran reto tecnológico para dotarnos de independencia industrial en un sector estratégico y, al mismo tiempo, colocarnos en una situación competitiva en el mercado de exportación", añade Navantia. "Lo importante no son los problemas que puedan aparecer, sino la capacidad de la empresa para resolverlos movilizando los recursos necesarios", remacha.

Cuatro submarinos por 2.200 millones
La construcción del S-81 es el primer submarino que Navantia construye en solitario ya que antes coproducía los sumergibles con el astillero francés DNC. El Ministerio de Defensa le ha adjudicado la construcción de cuatro submarinos de la serie S-80 (el S-81, el S-82, el S-83 y el S-84) por un importe de 2.200 millones de euros.

El retraso en la entrega de los sumergibles obligará "probablemente" a Defensa a prolongar la vida operativa de su flota de submarinos S-70 más allá de lo inicialmente previsto, para conseguir una transición adecuada. Fuentes del Departamento que dirige Pedro Morenés han indicado que "probablemente" tenga que someterse al submarino 'Tramontana' a otra gran carena, un proceso de revisión completa que permitiría alargar su vida operativa cinco años. La gran carena, que también haría Navantia, costaría unos 30 millones de euros, un desembolso que está pendiente de autorización por el Ministerio de Hacienda. Esta revisión consiste en desarmar el sumergible y volverlo a montar, cambiando todos los elementos y equipos que se encuentren en mal estado.

El retraso en la entrega de los sumergibles obligará "probablemente" a Defensa a prolongar la vida operativa de su flota de submarinos S-70 más allá de lo inicialmente previsto, para conseguir una transición adecuada. Fuentes del Departamento que dirige Pedro Morenés han indicado que "probablemente" tenga que someterse al submarino 'Tramontana' a otra gran carena, un proceso de revisión completa que permitiría alargar su vida operativa cinco años. La gran carena, que también haría Navantia, costaría unos 30 millones de euros, un desembolso que está pendiente de autorización por el Ministerio de Hacienda. Esta revisión consiste en desarmar el sumergible y volverlo a montar, cambiando todos los elementos y equipos que se encuentren en mal estado.





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