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Cementerio de ballenas

 

nacho abad
10/03/2019

Antes de desaparecer, A.K. abandona en su cabaña, ordenados y numerados, un buen número de cuadernos que había utilizado indistintamente como diarios, para tomar apuntes de sus investigaciones o incluso para distraerse del aburrimiento de la soledad componiendo pequeños poemas o describiendo el sonido del viento al agitar las hojas de los árboles. La legibilidad de su letra varía según su estado de ánimo, y los días de más tristeza, que además son los de mayor productividad, llega a ser indescifrable, mientras que los días que se presumen felices, él mismo, valiéndose de una regla y un lapicero, traza guías sobre el papel liso para mantener rectos sus renglones. En una ocasión, agotada la tinta del bolígrafo, continúa escribiendo dos páginas, a pesar de que no deja en el papel el más que arañazo del cálamo a su paso. En una de las entradas anota que en el bosque existe un pequeño poblado, oculto y aislado, donde viven los descendientes de los primeros moradores de la isla. Después da algunos datos que sugieren que ha llegado a contactar con ellos. «Para ellos este bosque es sagrado porque antes de que emergiera la tierra que lo contiene, cuando toda esta región formaba parte del océano, aquí mismo había un cementerio de ballenas. Y creen que cuando un pescador es comido por una ballena, su corazón reemplaza al del animal».

Más adelante dice que esa gente habla con dificultad inglés y que entre ellos se entienden en una lengua tan antigua que es anterior a la humanidad, porque está hecha de los sonidos que aprendieron de los árboles. También apunta una sospecha ilógica: que algunos de esos individuos son a la vez hombres vivos y almas de muertos: la prole y sus ancestros.

Los investigadores que han estudiado los cuadernos consideran que este conjunto de notas podrían ser apuntes para una obra de ficción que A.K. no habría llegado a escribir. Tampoco dan una explicación, más allá de un posible trastorno en la percepción de la realidad, al hecho de que las fechas que aparecen en los dos últimos cuadernos estén desordenadas. O mejor, estén ordenadas en el sentido inverso al curso del tiempo, pero con dos excepciones significativas: la penúltima fecha corresponde al día anterior de su nacimiento. La última, a un día que aún no ha sucedido.





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