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poesía

Como si nadie en la tierra estuviera de paso

la guerra de invierno Ariadna G. García Premio Miguel Hernández-Comunidad Valenciana, Hiperión, Madrid, 2013. 76 páginas.

 

Como si nadie en la tierra estuviera de paso -

josé enrique martínez
16/06/2013

La poesía es asombro y mirada virgen, como si al poeta todo de le ofreciera por vez primera, con el ánimo siempre dispuesto a dejarse asombrar cada día, como el buen lector debe estar abierto a la sorpresa en cada poema. Esas palabras valen lo mismo para un paisaje o para una ciudad a la que acabamos de llegar, para el amor o para la poesía. De ahí que el primer poema de La guerra de invierno, de Ariadna G. García, escrito a la llegada al aeropuerto de Helsinki, yo quiera entenderlo como una poética.

Finlandia es el espacio del poemario. En realidad se trata de la poetización de un viaje, aunque la historia aporte también sus elementos. Los poemas de la primera serie, sobre Helsinki, son hermosos, como lo son las imágenes que se nos clavan en el alma, esos copos de nieve, «cristales silenciosos que se posan / en los pétalos suaves». Estamos en la región del hielo, y el cuerpo y el alma necesitan el calor de otro cuerpo cercano. Pero acaso la vivencia más intensa sea el tiempo, con dos palabras insistentes y contrapuestas: el instante que se quiere fijar y el mañana que es pura fluencia. En uno de los poemas, los grandes bloques de hielo que arrastra el río son la imagen del flujo temporal, frente a la piedra consistente de la catedral, que es «resistencia frente al tiempo». «Quiero defender este instante», escribe la poeta; «Detener este instante, / suspenderlo, clavarlo»; es un deseo imposible, porque «mañana pisaremos tierra húmeda» y el mañana es siempre un después, el tiempo inapresable. Sólo el arte parece retener el tiempo, preservar la memoria, suplir las ausencias de lo que ha muerto.

El título del libro es el mismo que el de la serie central de poemas, en torno a la Guerra de Invierno de 1939-1940 de los rusos contra Finlandia. Son textos en prosa con gran fuerza narrativa. Un héroe solitario, por ejemplo, trae en jaque a los rusos para salvar la memoria de su pacífica infancia, cuando vivía «como si nadie en la Tierra estuviera de paso»; el heroísmo individual frente a la fuerza ciega; las vidas rotas sin arte ni culpa... Laponia es el espacio de la tercera serie de poemas, en los que el amor parece templar el frío blanco del paisaje. Pero esta tercera parte, que termina donde empezó el poemario, en el aeropuerto de Helsinki, es la menos intensa, con versos prescindibles, como estos: «La gente aquí se ayuda. / Se necesita: / Vive de los favores...».





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