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El ebanista dorado de la poesía

l Yago Belmondo instala esta semana el buzón de su proyecto ‘Kintsugi, trabajos de amor perdidos’. Filandó n Lore tem ip et luptat lor sum zzrilis nibh eugait lorper iusci blaoreetue tetummy nosLor autat un libro que se convertirá en un fósil, en un sedimento, en la huella de lo que fue, y una exposición efímera, como la vida, como lo que tratamos de retener y siempre es en vano El manuscrito se escribirá en una tinta efímera que irá desapareciendo a medida que el libro transcurra Lore tem ip et luptat lor sum zzrilis nibh eugait lorper iusci blaoreetue tetummy nosLor autat

 

El ebanista dorado de la poesía -

cristina fanjul
26/11/2017

Yago cree en el poder de la pérdida. Por eso, su nuevo proyecto está protagonizado precisamente por esa capacidad de sobrevivir a la nostalgia. Su proyecto se denomina Kintsugi, trabajos de desamor perdidos, y forma parte de la beca de investigación que el año pasado le concedió la Fundación Villalar. Kintsugi es una técnica japonesa que consiste en arrancar belleza de objetos dañados, de aquellos que en Occidente de desecharían sin más, pero que en la cultura del Sol Naciente conservan con el fin de darles una nueva vida. El fracaso no es más que un nuevo comienzo, parecen decir. La historia del kintsugi (en japonés carpintería de oro) se remonta a finales del siglo XV cuando Ashikaga Yoshimasa envió a China, para ser reparado, dos de sus tazones de té favoritos. Los tazones volvieron reparados pero con unas feas grapas de metal, que los volvían toscos y desagradables a la vista. El resultado no fue de su agrado, así que busco artesanos japoneses que hicieran una mejor reparación, dando así con una nueva forma de reparar cerámicas, convertida en arte.

Yago Ferreiro es como ese jarrón roto y su fuerza radica en la capacidad que ha tenido de unir las cicatrices de la pérdida a través de su recreación literaria. Láminas doradas para convertir su vida en una demostración de resiliencia. Poética para cosmonautas también hablaba de la pérdida, no sólo de la amorosa, sino del extravío, de la sensación de todos los que vivimos. Después de aquello llegó Antología de la poesía espectacular, una obra valiente en la que demostraba que también se puede hablar — y más de literatura— desde una posición puramente literaria.

Yago destaca que su proyecto para la fundación Villalar no tiene como leit motiv el amor, entendiéndose este no como amor romántico sino como el que se genera en cualquier esfera, también la de la amistad.

El proyecto se vertebra en tres fases. La primera es la escritura de un manuscrito singular cuya edición está prevista para el año 2018. Con el fin de que la obra respete el tema del proyecto, se escribirá en un tipo de tinta especial que permanecerá de manera fugaz una vez el libro se haya abierto. Con ello Yago pretende dos cosas: convertir la obra en una suerte de sedimento literario, un poema vivo acerca de lo efímero, de la fugacidad, de la pérdida, y mostrar que una obra literaria tiene muchas más vidas y perspectivas de las que se le dan de manera normativa. La tinta deleble hará que también la poesía sufre la metamorfosis de la pérdida. Pero, además, este proyecto global quiere implicar en él a toda la sociedad leonesa y para ello Yago Ferreiro ha instalado un buzón en el Museo de León en el que se pretende recopilar objetos e historias de amor imposible. Con ello, pretende realizar una exposición en la que el público tenga una vivencia propia, personal y única de una idea que, en principio, parecería demasiado íntima para ser compartida. La exposición se compondrá de objetos encontrados y complementarán la historia narrada en el libro. El autor busca además que, en la medida de lo posible, cada uno de los objetos que los leoneses depositen en ese buzón de ‘anhelos perdidos’ vayan acompañados de textos que también desapareciendo mientras dure la muestra. Serán objetos descartados y por tanto olvidados, que habrán sido restaurados mediante los principios de la antigua técnica japonesa del kintsugi. Por ello, cada día la exposición será diferente, y lo será para el espectador que la visita por primera vez y para aquel que repita la experiencia. Nadie visitará nunca la misma exposición. Ocurrirá, por lo tanto, lo mismo que con la memoria, que nunca respeta lo que realmente ocurrió sino que va rellenando los huecos dejados por el sufrimiento y por el olvido después gracias a las imágenes de la imaginación.

Kintsugi es, por lo tanto, una experiencia artística y literaria total, con la que Yago Ferreiro creará el cronograma de la pérdida de una ciudad entera al tiempo que sella los trozos de vidas, las miserias, anhelos y la capacidad de superar todo ello de una gran fuerza colectiva.



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