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La esgrima del cantor

EL PRÓXIMO MARTES CUMPLE 83 AÑOS EL POETA BERCIANO LUIS LÓPEZ ÁLVAREZ (LA BAROSA, 1930), AUTOR DE LOS VERSOS MÁS POPULARES Y DIFUNDIDOS. divergente

 

El poeta berciano Luis López Álvarez -

ERNESTO ESCAPA
05/05/2013

EEn marzo de 1972, Luis López Álvarez trenzó en un romance la aventura de los comuneros. La primera edición de aquel libro llevaba una octavilla firmada por Vicente Aleixandre, quien consideraba un caso único su logro «moderno, colmado y pleno» en el remozamiento de la épica. Aquellos versos rotundos y sonoros, pegadizos en su bordoneo cadencioso, traspasaron el cerco de papel de la poesía para convertirse en himno colectivo, capaz de agitar las banderas de abril, a través de las voces de Nuevo Mester de Juglaría.

Luis López Álvarez pertenece a la generación del medio siglo, pero tiene una trayectoria singular, alejada del rumbo doméstico de sus compañeros. Vivió su formación en Valladolid y allí emprendió la aventura literaria junto a Umbral, que lo recuerda como «viejo camarada de adolescencias impacientes». Brotan en la estela de la revista Halcón, y Umbral rescata más tarde su silueta en varias novelas de los setenta: «Tenía la melena transparente de los que pronto se van a quedar sin pelo, los ojos entrecerrados, miopes, con una miopía sin gafas que quería ser penetración, tenía el rostro tumefacto, blanco y blando, como la arcilla pálida de una cabeza de poeta no acabada de hacer». En Valladolid se enamora de una chica francesa, que será su mujer, y marcha tras ella a París.

DE PARÍS AL CONGO

Allí sobrevive los primeros años con un vínculo ancilar a personalidades que lo ayudan y jalonan su recorrido por los tiempos difíciles: Salvador Madariaga y Miguel Ángel Asturias. De su mano, estudia Ciencias Políticas en La Sorbona y empieza a trabajar en el Movimiento Europeo, en la radio francesa y en la Unesco. En 1952, publica en Madrid su primer libro, Arribar sosegado, de resonancia juanramoniana. Un lustro después ve la luz en París Víspera en Europa, en edición bilingüe. Son los versos de un español errante que se arropa con quienes están a su lado. Entre 1957 y 1961 vive en el Congo francés, primero como locutor y luego como director del Instituto de Estudios Congoleños, además de estrecho colaborador de Patrice Lumumba. Su muerte violenta lo obliga al repliegue, aunque volverá años más tarde, como asesor de Kabila, también asesinado cuatro décadas después. A todos ellos expresará su gratitud con libros de evocación y homenaje.

La edición de Las Querencias (1969) supone su rescate para la poesía española. Es un libro de sonetos que recupera el vínculo con la tierra berciana y castellana. Sonetos de impecable factura clásica, dinamizados por un manejo singular de los recursos expresivos. Ahí aparece el homenaje a Lumumba, los versos de amor, la evocación del Bierzo. Amancio Prada musicará varios de estos sonetos, que combinan la pasión telúrica y el hilo del recuerdo. Imposible olvidar la belleza estremecida de «Compañera», «Entrar en ti», «Amar no quiero» o «Al quiebro». En 2001 duplica el libro en Querencias y quereres, que incorpora 75 sonetos más.

LA PRIMERA REVOLUCIÓN MODERNA

Rumor de Praga (1971) y Los comuneros (1972) refuerzan su perfil en el bastidor generacional. Es un poeta que sitúa la solidaridad en el eje de sus preocupaciones y asume lo social como núcleo de su obra, para vehicular el canto colectivo. Viajero impenitente, sus versos se detienen en el universo íntimo o dan acogida a pulsiones de su recorrido vital. La invasión de Praga lo convierte en portavoz de las víctimas, mientras el reencuentro con las raíces comuneras lo enfrenta al pálpito de la memoria. «Comunes el sol y el viento, / común ha de ser la tierra, / que vuelva común al pueblo / lo que del pueblo saliera».

Pálpito (1990) abrocha en una trilogía los libros precedentes Cárcava (1974) y Tránsito (1979). En sus versos ruge la zozobra de un ser humano que no se resigna a las pérdidas y pelea por un horizonte prometedor. Cárcava evoca la memoria de la tierra y juega con la percusión de la palabra como sonido de alerta. Tránsito recorre con palabra fugaz «las rojas ciudades en el crepúsculo del siglo». Pálpito da cauce al mensaje pródigo, que altera o mece al lector. En medio de esta trilogía, ve la luz Cómputo (1985), una antología muy difundida de su obra entre 1952 y 1982. También Elegíaca (1986), poemario dedicado a la muerte de su mujer, con un lenguaje transparente que desemboca en apacible meditación.

Entre 1985 y 1992, residió en Segovia, encargado de los Cursos Internacionales de la Complutense. Luego viajó a Caracas y Puerto Rico, donde vive. Su obra última discurre en tres poemarios (Adarmes (1991), colección de aforismos; Amor en el tiempo de Acuario (2002), sobre las etapas de un amor; y Memorial de Trinidad (2012), donde ensarta las pulsiones de la historia bajo la bóveda cósmica del Caribe) y la novela Cóncavo Congo (2008), que regresa al país africano para mostrar la tensión de dos mundos que no sintonizan, sin que los colonizadores hagan nada por entender a los nativos. Es un relato fallido sobre la lucha por la independencia a través de una intriga de amores y decepciones.





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