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«La felicidad olía a café caliente»

l Pepa Calero ofrece una mirada literaria de las ciudades evocando a los grandes autores. leer, viajar, estar vivos Pepa Calero Casiopea. 15 euros.

 

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«La felicidad olía a café caliente» -

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28/04/2019

Conocía Trieste, su café San Marcos y su Jardín por la voz de Claudio Magris. Respiré el atardecer en Buda, en el Bastión de los Pescadores, al lado de Kristóf, el protagonista de Divorcio en Buda… Ay, Budapest, horas y horas contemplando el Danubio como si tuviera el río en los labios. Visité estas ciudades en otoño. Tiempo de vacaciones. Hubo días de lluvia, días de frío, de viento, de cierta nostalgia, de anhelos. No había gente en los parques, nadie paseaba, solo se iba a algún sitio. Pocos turistas. Detrás de los cristales de un café, esperaba, como si la vida fuera eso, mirar tras las ventanas manchadas de un elegante café…». Pepa Calero se estrena en la literatura de viajes con un libro inspirador que evoca a los grandes autores en las geografías que recorre. Paul Bowels, Stefan Zweig, Isaac Bashevis, Rilke, Cesare Pavese o Jack Kerouac, entre otros, desfilan por la obra publicada por Ediciones Casiopea: Leer, viajar, estar vivos.

La pasión por la literatura empujó a Pepa Calero a explorar los destinos recogidos en su libro. «No solo quería viajar para conocer el escenario de una obra. Mi anhelo iba más allá. Deseaba conocer las ciudades en las que vivieron mis grandes autores. Salzburgo por Stefan Zweig; Viena por Joseph Roth, Musil y Zweig; Budapest por Sándor Márai y Mazda Szabó; Trieste por Claudio Magris, Rilke e Italo Svevo; Lisboa por Fernando Pessoa y Antonio Tabucchi; Praga por Jan Neruda, J. Roth y Rilke; Varsovia por Isaac Bashevis Singer y Adam Zagajewski; Berlín por J. Roth, Irmgard Keun, Bertolt Brecht… y tantos otros».

Paul Bowels acompaña a la escritora por las callejuelas de Tánger. El autor de El cielo protector y su dominio en el arte de crear atmósferas, envuelve el relato de este destino: «Tánger, la ciudad azul, el hogar del escritor bohemio Paul Bowles, era un hervidero de varones que ocupaban relajadamente todos los cafés del centro. Olía a mar y a té de hierbabuena».

Jan Neruda y el poeta checo Rilke guían los pasos de la escritora en otra ciudad europea: «Y Praga, mi querida y asombrosa Praga, a la que llegué con cierto recelo. La bella durmiente que habita junto al río. La gran dama. El poema eterno. La ciudad de las cien torres, que se refleja orgullosa junto a los cisnes blancos del Moldava. Música y palabras cruzan a todas horas el entrañable puente Carlos. Un viaje deslumbrante con poemas de Rilke y Jan Neruda en la mochila».

Europa y sus cafés

«Viajar a Europa significaba habitar los cafés. La cultura europea con su carácter reflexivo, pausado, es inconcebible sin los cafés. Allí la vida se saborea, mientras el tiempo detiene el latido para entrar en estos lugares recogidos, íntimos, particulares. Si anhelaba transitar por el mundo de los escritores y sus personajes, debía anidar por unas horas en aquellos lugares. Habitarlos con calma. Abrazar esas horas estáticas con la devoción de una caricia, sin premura».

La autora descubre Varsovia de la mano del escritor judío Isaac Bashevis Singer, quien en sus novelas retrataba con todo detalle las cafeterías de intelectuales. Si para Steiner, estos emblemáticos establecimientos tenían una misión casi existencial: mientras haya cafés, la idea de Europa tendrá contenido, para la autora marcan su estado de ánimo: «En algunos instantes, la felicidad olía a café caliente».





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