+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario Diario de León:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 

La narrativa leonesa en el año 2011

Si la cronología es precisa en muchas ocasiones, en otras es sin duda engañosa. Ocurre con las estaciones atmosféricas y se comprueba de forma clara en la parcelación de los movimientos culturales, siempre tan vaga y engañosa muchas veces. Esta imprecisión se hace patente, y mortificante muchas veces, cuando se intenta una visión del año que se fue, el dos mil once en este caso.

 

José María Merino, Julio Llamazares, Antonio Martínez Llamas, Rogelio Blanco. - R. SANCHIDRIÁN/J. CASARES/NORBERTO/F. MAÑOSO

NICOLÁS MIÑAMBRES
11/03/2012

Un repaso de títulos y efemérides recogidas en la hemeroteca muestra cómo buena parte de las novedades editoriales del año pasado no se hacen presentes hasta bien pasada la primavera. Si a ello se une el vagoroso descanso estival, tales novedades no afloran casi hasta los meses de la recolección de los frutos. Son limitaciones que debe tener en cuenta y paliar quien acomete quehaceres como el que esconden estas líneas. Es por ello por lo que recibirán atención obras aparecidas en 2010, pero cuya aparición tardía hizo imposible su presencia en el trabajo del pasado año.

Otra cuestión relacionada con la cronología es el problema de las generaciones, felizmente coincidente en la literatura escrita en León hasta hace poquísimos años. Sirva un detalle para ilustrarlo: Pablo Andrés Escapa (1964) departía, afectiva y literariamente, con Antonio Pereira.

No puede quedar fuera de estas impresiones la referencia a los nuevos cauces de distribución literaria, tanto en el ámbito de la creación como en su difusión. La informática ha transformado el mundo de la literatura con tal intensidad que los parámetros de opinión clásica empiezan a tambalearse. De ahí que, tal vez, estas líneas se hallen periclitadas para muchos sectores juveniles; sin vigencia acaso. Pero mientras el libro tradicional sirva de vehículo para la creación, habrá que mostrar hacia él respecto y reflexiones. De ahí la loable pasión de ciertos sectores dedicados a la divulgación de obras escritas: Edilesa, Hontanar, Dues, Eolas Ediciones, Leteo…son merecedores de toda admiración. En este campo hay que recordar la inmensa labor llevada a cabo por el cepedano Rogelio Blanco. Sus años de Director General del Libro fueron fértiles en muchos frutos que, sin su amparo, nunca hubieran llegado a pájaros nuevos. No faltan efemérides para la alegría. El Premio de las Letras convocado por la Junta de Castilla y León tuvo en Andrés Trapiello un justo destinatario. No es el único reconocimiento: David Fernández Sifres obtuvo el prestigioso Premio Alandar de Literatura juvenil que concede la editorial Edelvives. En otros ámbitos y como reconocimiento a toda una vida, don Antonio Viñayo recibió un merecido in honorem con obra de reconocidas firmas de la cultura leonesa.

Una mirada a la producción de 2011 ofrece las mismas conclusiones expuestas en años anteriores: la literatura escrita por leoneses cubre todos los géneros y es reflejo de todas las tendencias narrativas actuales.

Géneros diversos de la novela

Como es habitual en la novela se localiza una considerable cantidad de títulos. Carlos Fidalgo consiguió el Premio Tristana con El agujero de Helmand. En ella el protagonista—narrador, Averille, un soldado negro americano, revive sus experiencias de la guerra sufrida en espacios míticos de los que no falta el recuerdo de Alejandro Magno. Son espacios que el soldado transforma subjetivamente en un original juego de pasado y presente, tamizado por el sentido de la soledad.

Muy original resulta la visión psicológica que Antonio Martínez Llamas desarrolla en Praga 2007. El título esconde un drama vital: la relación entre Darío, un ser invidente, y Ros W, la mujer con la que mantiene una relación sentimental. La mentira y los celos provocan la tragedia, trasfondo de la obra, en la que abunda una simbología de hondas connotaciones. Un sustrato psicológico se observa también en la experiencia de Abel, protagonista de Apuntes de medicina interna, de José Manuel de la Huerga. Se trata de una novela generacional por la experiencia personal de Abel, protagonista del libro, pero es al mismo tiempo es una novela de saga familiar, por la biografía que se ofrece del doctor Rojo. Abuelo del protagonista, fue un médico famoso en esas tierras santanderinas, dueño de un pasado no tan limpio como el lector imagina en las primeas páginas. No está lejos de estos mundos psicológicos la novela de Cristina Peñalosa La conquista del olvido. La amnesia que padece la protagonista se transforma en un afán por descubrir la realidad desde otra perspectiva. Olvido y conocimiento nuevo se oponen, como se oponen las ciudades cosmopolitas que descubre en la edad adulta frente a los recuerdos de Valderrueca, símbolo de los espacios infantiles. El lector se encuentra con una trama urdida con originalizad, aderezada con el misterio de la Sábana Santa.

Difícil de clasificar resulta Secundarios, en cuyas páginas Juan Martín García—Sancho consigue excelentes cotas de virtuosismo literario. A pesar de que la trama responde a un planteamiento convencional (los enfrentamientos entre determinados personajes de un barrio urbano) las relaciones humanas y especialmente los recursos léxicos hacen de la obra casi una recreación de La Colmena, sin que en esta referencia haya intención alguna de hablar de copias o refritos literarios.

No faltan cultivadores de la novela histórica. J. F. Chimeno continúa su recorrido narrativo por el Camino de Santiago. Si en su novela anterior El maestro de la luz, la catedral era el escenario esencial, en Pedro de Dios (El Geómetra) San Isidoro será el espacio de referencia del que arranca esa triple peregrinación que vive Pedro de Dios, espacial, psicológica y relacionada con la monarquía, especialmente con doña Urraca. Novela histórica en principio, El enigma de Baphomet participa de diversos géneros. Con la técnica del manuscrito encontrado Jesús García Castrillo novela el final de los últimos templarios y, asimismo, la investigación que, en compañía de sus alumnos, un profesor lleva a cabo sobre ese proceso. El planteamiento se ramifica en múltiples historias con las que se corresponden diversos escenarios y personajes, dando un gran interés a la trama. En la Edad Media se localiza igualmente El Godo, de Víctor J. Andrés. Oriundo de las montañas de León, Martín el protagonista llegará a ser eminente personaje relacionado con don Pelayo y otros mitos medievales. El Renacimiento sirve de marco cronológico a la obra de Ángel Ballesteros La Cruz de Casarrubios. Juan de Dios, santo y judío, cuyo autor duda entre considerarla «como novela histórica o historia novelada». La vida de Juan Ciudad Duarte sirve para reivindicar la misteriosa figura del santo y evocar hechos cruciales entre los siglos XV y XVI.

Aunque puede quedar enmarcada en el género de la novela histórica, Asesinato en el Kremlin, de Alejandro M. Gallo, pertenece realmente al género de novela negra. El asesinato de Serguéi Kirov, colaborador de Stalin, llevará al comandante de la milicia Igor Litonev a intentar descubrir al autor, lo que permite una visión muy humanizada de los personaje esenciales de la trama, abocados a un desenlace inesperado. Alejandro Gallo cultiva este mismo género desde una perspectiva desmitificadora y humorística, patente en su última obra Seis meses con el comisario Gorgonio. En esta misma línea humorística se sitúa la novela de Juan Miguel Alonso Vega, La conspiración de las mariposas, con una visión grotesca de las situaciones a las que puede conducir un desmesurado afán de poder en una universidad. En estos mundos se ambienta (aunque sólo en teoría, por el dramatismo de lo narrado) la novela de Beatriz Berrocal, Cosa mía, una narración espeluznante sobre el maltrato femenino, visto desde la perspectiva soez del policía Sotillo.

De entre los mayores, Luis Mateo Díez retorna al mundo de los perdedores. En Pájaro sin vuelo, Ismael Cieza es ese personaje cuya vida carece de sentido, solo y alejado de su mujer Novelda y de Damina Olmedo, un amor de juventud. Si acaso la presencia de la boda de su hija Abril es un mínimo atenuante en tanta zozobra vivida en la ciudad de Doza. Fiel como Luis Mateo Díez a su encuentro anual con los lectores, José María Merino se ha hecho presente el pasado año con una novela, híbrida de alguna manera: El libro de las horas contadas se nutre literariamente de dos aspectos. El primero es la situación en que se halla Pedro, «escritor de ficciones», que tendrá que someterse a una delicada intervención quirúrgica. En esa espera angustiosa escribe El libro de las horas contadas, cuyo contenido está en buena parte formado por una serie de narraciones. De esta forma la creación sirve de terapia, rescatando buena parte del pasado. Las relaciones familiares y, especialmente, su nieta Ana dotan al final de la obra de un bello clima de afecto y de misterio.

Un mundo idílico, en lo espacial y en lo humano, es el que describe María Cantalapiedra en Lolo, unas páginas en las que la admiración de Marai por Lolo explica la visión idealizada de los paisajes de Grulleros y de un hondo y limpio sentimiento de amistad, del que no está ausente un cierto sentido elegiaco. De condición mucho más exótica es su última entrega, Auyantepuy: el lugar donde los espíritus nunca duermen, La cúspide del Auyantepuy se convierte en un reto íntimo y legendario para Omaira y Christian, unidos por la misma feliz obsesión orográfica y humana. Idílico es también el espacio berciano en el que se ambienta la historia de amor descrita por Carlos Bouza Pol en La diosa del Cúa.

No falta en este muestrario de la narrativa leonesa la novela lírica, de tan escaso cultivo en la narrativa actual. En este campo Pablo Andrés Escapa ofrece una novela breve, de gran belleza, Gran Circo Mundial. La llegada de la caravana a un pueblo humilde supondrá un cambio provisional en el ritmo diario de sus habitantes, pero un cambio definitivo, imposible de olvidar para Melo, el niño que conoce a Nina, la artista circense.

El mundo de los insectos no está ausente de la narrativa. Presente en el título citado de la novela de Juan Miguel Alonso Vega, dos obras tienen como personajes a elementos del mundo entomológico. En el primer caso, se trata de una obra breve, una visión muy original de los bichos, escrita por Miguel Ángel Martín, BUG Bicho. En ella se ofrece el mundo de los parásitos, como semejanza y reflejo de los humanos. Este mundo es también el escenario de una obra muy ambiciosa, Insectalia, del berciano Manuel Ángel Morales Escudero. La visión prosopopéyica, con múltiples seres del mundo de los insectos, se convierte en una perfecta alegoría de los vicios que acechan a los pueblos cuando estos sufren el acoso de políticos sin ética ni escrúpulos.

Breve es también, aunque rebosante de gracia y buen humor, el casi opúsculo de Jose Antonio Martínez Reñones Patillo en la aventura de La Balalaica ¿Qué importa el sexo si el amor es ruso? Ante la brevedad de la obra el lector, a buen seguro, lamenta la pereza creativa del escritor, tan bien dotado para este tipo de esperpentos, esperpento bañezano en este caso.

Aun no siendo una novela, por la amenidad de lo narrado y el testimonio humano de muchos de sus personajes, debe recordarse aquí Españoles en el GULAG. Republicanos bajo el estalinismo. La obra de Secundino Serrano, modélica en su planteamiento de investigación, es además una crónica espeluznante de los sufrimientos de estos seres humanos.

Literatura infantil y juvenil

En este campo debe quedar incluida la novela corta de Belén Alonso de Santiago, Si alguien escribiera una historia. A pesar de su brevedad, la obra plantea un original encuentro de un niño con los libros, con un diccionario concretamente, que se convertirá en fuente indirecta de compañía. Ana Alonso, autora prolífica como lo demuestran sus tres títulos publicados en 2011 (Resurrección (Tatuaje III) — El palacio subterráneo y Las siete caras de Gurnt) ha publicado El monstruo comerrocas, una fábula del paso del tiempo y, sobre todo, de efectos en el paisaje, irreconocible para Lucas, después del sueño al que le somete el mago Noir. Entre la literatura juvenil, la novela medieval y la novela fantástica se sitúa la novela de Ana Alonso y Javier Pelegrín Yinn. Fuego azul. Esas dos palabras, «fuego azul», elixir de la verdad o del olvido, son el móvil que dirige la actividad de los personajes. La Segunda Guerra Mundial es el mundo en el que se adentran un grupo de jóvenes asistentes a un curso de Francés en la novela de David Fernández Sifres, El faro de la mujer ausente. Comprometidos con una historia que tiene su origen en 1944, los jóvenes deberán descubrir una palabra clave, pero además deberán alimentar sus relaciones amistosas, esenciales también.

El mundo infantil es objeto de nuevo por parte de Ara Antón. La segunda parte de Un pueblo sin tele lleva ahora por título Un pueblo mágico…a veces. De nuevo la obra prenden una reivindicación humanista de los valores infantiles, olvidados a veces.

Literatura de la memoria

Esta literatura personal ofrece cantidad y calidad. Hay en primer lugar rescates del pasado, directos e indirectos. Por su densidad humana, por los mundos descritos y por el ritmo literario, ocupa un lugar de privilegio la biografía que Santiago Trancón articula del sefardí Dan Kofler en Memorias de un judío sefardí. La verdadera historia de Dan Kofler. Las más de setecientas páginas de la obra presentan un doble plano: las vicisitudes complejas de este sefardí, dueño de múltiples saberes, y las reflexiones que, al hilo de lo narrado, va tejiendo Santiago Trancón, el autor. Entre ambos se establece una curiosa identificación que se transforma en una obra apasionante.

Desde otra perspectiva, directa en este caso, es la gavilla de experiencias, recuerdos y reflexiones que recoge Joaquín Nieves en Ráfagas leonesas. De ayer y de hoy. Leonés de adopción, apasionado por esta tierra, Joaquín Nieves es uno de los pocos periodistas que mantiene viva su memoria del León de los años cuarenta, en sus más diversas manifestaciones. De ahí la importancia trascendental de este libro. Indirecto es el rescate de buena parte de la obra periodística de Perez Chencho, Balcones del pueblo. Antología 1973-2008. Eduardo Aguirre y Ángel Santiago Ramos consiguen armonizar la recuperación de la semblanza humana de Chencho con una extensa representación de su obra. Muy interesantes resultan las memorias de Alberto Pérez Ruiz Recuerdos y reflexiones de un caminante. El camino hacia el futuro inmediato que es Santiago de Compostela sirve de marco psicológico al viajero para recordar el pasado, toda su vida y, dentro de ella, su experiencia política, amarga tantas veces. Pero dentro de esa amargura, con gran honradez, el narrador desvela múltiples avatares de la vida de esta ciudad. No es la primera vez que Francisco Martínez Carrión se anima a recorrer los caminos de la memoria. Ahora lo hace en las páginas Auténticas historias falsas de Almagro, un curioso oxímoron. Lo son porque esas historias, ciertas en su origen, han sido magistralmente manipuladas, y sobre todo, recreadas, por la pluma del autor, para quien no existen secretos en el campo de la creación.

El segundo hemistiquio de un verso de Rubén Darío le sirve a Andrés Trapiello de título a su última entrega de Salón de pasos perdidos. En efecto, Apenas sensitivo es una vez más la crónica de esa vida, alterada curiosamente por la llegada a Las Viñas de una carta misteriosa, que supone una cierta convulsión familiar. Como es inevitable, la temática de la obra es la misma de otras entregas.

Perteneciente a generaciones más jóvenes, Miguel Paz Cabanas recupera en Memorias de un cabrón resentido su experiencia vital, repartida entre Bilbao y León y, de forma especial, Babia, referente paisajístico y sentimental para el autor. Una visión del ambiente popular es la que muestra Atanasio Serrano en Historias contadas, pero con matices dignos de reseñar. Si hay un pasado rural e infantil, hay también experiencias de adulto comprometido, sin que falte un bloque dedicado a escenas de humor.

La guerra civil, tema inagotable, no está ausente en estas novedades. Santiago Francisco Benavente y Valencia recoge experiencias y recuerdos muy vivos de ese momento histórico en Y fue así (Vivencias y compendio histórico—14 de abril de 1931 a 1 de octubre de 1936).

Libros de relatos

El relato recibe también un rico tratamiento. Julio Llamazares rescató excelentes cuentos, dispersos, en Tanta pasión para nada, título del primero de los relatos y reflejo del influjo del fracaso en personajes diversos. Una abigarrada serie de seres humildes son igualmente los protagonistas de la selección de cuentos de José Ignacio García, La sonrisa del náufrago. Manuel Vicente González, desde su retiro extremeño, da título a sus narraciones con una palabra muy leonesa: Relatos de un trashumante, una serie de cuentos en los que, junto a situaciones estereotipadas y humorísticas, aparecen excelentes trabajos de tratamiento metaliterario. Aunque lejano en su origen, Marcos Ordóñez mantiene su condición de leonés. Cultivador de diversos géneros, en Turismo interior, ofrece tres «narraciones» que son casi novelas breves y en las que flota un ambiente marginal en la primera y el uso muy original de recursos metaliterarios en las dos últimas. Tal vez no sea este el espacio idóneo para incluir una de las últimas obras de Antonio Colinas, Catorce retratos de mujer, pero merece noticia al respecto. Una obra «menor» en teoría, pero con un amplio espectro de la condición femenina, vista desde la más variada condición, siempre sugestiva y compleja. Ara Antón retorna a la novela breve con La ergástula, incluida en el tomo de relatos titulado La porfía del laberinto, relatos en los que se reflejan las dificultades de la vida, con un sentimiento de retorno a mundos pasados que no recibieron del destino la plena realización. En una línea diferente se sitúa la obra de Tomás Álvarez Las delicias del tuerto, una divertida miscelánea de múltiples temas y diversos tratamientos. Menos divulgación comercial ha recibido Cuentos de la Maragatería, de Carol Simón.

El mundo rural tiene también su merecida y justa presencia literaria, de grandes aciertos en muchos casos. De entre lo publicado sorprende gratamente Dismundo, de Rogelio Blanco. En sus páginas el autor rescata una serie de elementos del recuerdo que le sirven como símbolo o referente de un mundo que desaparece, cuyos restos tienen ya valor de verdadero símbolo. Los nueve relatos tienen como sustancia esencial la memoria que posa su vuelo en los elementos más queridos para el autor, desde el paisaje a los seres populares de Morriondo. Rural es también el contenido y tratamiento de Años de guardar, de David Fernández Villarroel, título que esconde un curioso juego de palabras con «fiestas de guardar», término común en la posguerra. Porque, en efecto, para guardar en el corazón son estos años. Ese es el periodo que recrea David Fernandez Villarroel en estas páginas, dando a lo natural un valor de verdadera metáfora humana. Fauna cepedana es obra en la que Ignacio Redondo Castillo rescata con pasión y limpieza narrativa, la biografía de los pueblos de La Cepeda, su intrahistoria de otros tiempos.

Francisco Sosa Wagner y Mercedes Fuertes proyectan su crítica en el mundo de los políticos actuales en El Estado sin territorio. Cuatro relatos de la España autonómica. Amparados por un capítulo de presentación y un balance de conclusiones, se presentan cuatro relatos de título engañoso en su aparente lirismo: «El relato del cementerio», «El relato de la luz», «El relato del agua» y «El relato de los bosques». Casi todas visiones desangeladas sobre los elementos naturales que hacen más agradable la vida…cuando no profanados como lo están en los tiempos actuales.

De la compleja polisemia

del viaje

La producción de libros de viajes constituye una verdadera miscelánea, sociológica, intelectual y literaria. Andrés Martínez Oria retorna de alguna manera en Flores malva a los espacios de La Sequeda, cantados por Leopoldo Panero: «La Sequeda es una costumbre del alma…». La llegada del escritor toma cuerpo contaminada por el aliento poético del poeta, lo que explica la transformación del paisaje, trascendentalizado por los versos y por la mirada nueva que infunden a los ojos y a los pasos del viajero. Epigmenio Rodríguez sigue recorriendo la provincia de León. Su segunda entrega de León sin prisa (II). Una vuelta por la provincia le sirve para ofrecer una visión muy personal de estas tierras. El autor no se limita a una visión geográfica; todos los aspectos relacionados con el hombre que viaja tienen aquí su aposento, lo que explica el atractivo de la obra. De acontecimiento editorial puede calificarse la aparición en formato de bolsillo de Corazón de roble, obra en las que Ernesto Escapa recorre literariamente el río Duero. Un esfuerzo considerable, múltiples lecturas, facilidad para aproximarse a los seres humanos y un estilo ágil y dinámico hacen del libro una obra irrepetible. De irrepetible, también debemos caracterizar la crónica que Manuel Rodríguez Pascual teje en De Babia a Sierra Morena. De viaje «ancestral» se caracteriza a este recorrido, y es justo el calificativo. Teniendo en cuenta que el autor está recorriendo sendas milenarias y que es un experto conocedor del fenómeno heroico de la trashumancia, su visión de estos espacios se transforma en páginas de gran belleza e interés. No debe quedar en el olvido la excelente visión que ofrece de La Cabrera, Manuel Garrido en su Incursiones en La Cabrera. Caminos y digresiones.

El concepto de viaje, de contenido tan polisémico, explica que podamos hablar de viajes diferentes. Un viaje plástico es la obra fotográfica de Vicente Nieto Canedo y especialmente los textos de diversos autores, que le sirven de complementación. Y de viaje, entre religioso, sociológico y artístico puede calificarse el conjunto de textos que integran el catálogo Plenilunio de primavera. La Semana Santa de Valladolid, Medina de Rioseco, Nocera Terenise, de la que fue comisario José Luis Alonso Ponga. Un recorrido personal y léxico subyace al estudio de Fernando Bello Garnelo Léxico y literatura de tradición oral en el entorno de las Médulas (León), de excelentes resultados científicos. Viaje léxico es también la curiosa entrega del dominico Fray José María (García Trapiello) Igual que las cerezas o el desván de las palabras. Un viaje arqueológico, de aportaciones muy originales resulta la obra de Pablo Alonso González Etnoarqueología y gestión del patrimonio Cultural: Maragatería y Val de San Lorenzo. Una vía científica excelente es el estudio de José Luis Gavilanes Laso ¿Qué fue de Joaquín Heredia? Seleccionador nacional de fútbol. Prototipo de un «paseado» de la Guerra Civil. Y experiencia itinerante en el sentido histórico es la que viven José Luis Herrero, Javier Santiago Martínez y Santiago Macías al rescate de la semblanza del último alcalde republicano de Ponferrada, en Juan García Arias. Memoria histórica del último alcalde republicano de Ponferrada. Es indiscutible la condición viajera de una obra de investigación como la de Leonor Merino, La mujer y el lenguaje de su cuerpo. Voces literarias del Magreb. Si son esenciales los documentos literarios, no lo son menos las experiencias para recoger la vida en su hábitat natural, rural o urbano. Al trillado campo del mundo mítico y legendario se dirige Saúl Blanco en Creencias populares, desmontando mitos de gran raigambre y tradición, pero carentes de una mínima solidez científica.

Un viaje, de alguna manera legendario, es Beatitud, una serie de semblanzas en homenaje a la «Beat Generation» que coordinan Vicente Muñoz e Ignacio Escuin.

El viaje por excelencia, siguiendo el Camino Jacobeo, tiene un reflejo doble. Si Manuel Fuentes descubre y recrea lírica y sentimentalmente el Camino en Ecos del Camino, la visión erudita queda recogida en estudios de variada condición por parte de autores diversos en la edición coordinada por Javier Gómez Montero, El Camino de Santiago en la literatura.

Tal vez la obra que mejor refleja este concepto de la literatura de viajes científicos en pos de la memoria y de ciertas tradiciones poéticas sea la monumental edición de Maximiano Trapero Religiosidad popular en verso. Últimas manifestaciones en verso perdidas en España e Hispanoamérica. El descubrimiento de este precioso material literario es todo un viaje real por las culturas del pasado, presentes gracias al misterio de la memoria del pueblo en España e Hispanoamérica.

De un viaje espiritual y de los afectos más hondos del ser humano trata la obra de Juan José García Marcos Hilos de piedra. Crónica de una peregrinación en silla de ruedas. Las páginas del libro ofrecen la experiencia literaria de cinco etapas del Camino de Santiago recorridas en compañía de Personas Afectadas por Parálisis Cerebral y Encefalopatías Afines. Es evidente que la experiencia del Camino es sobre todo la experiencia del espíritu y del afecto, como se observa en la reflexión que expresa Juan José García Marcos al final de la obra: «Lo nuestro tiene un camino y, mejor, muchos caminos: es lo que yo he aprendido en la peregrinación».

Este es el final de este viaje por la narrativa leonesa del año que se fue. Comenzado el presente 2012, ya se apuntan novedades. Nacho Ares publica La tumba perdida y Carlos J. Domínguez rescata la biografía de Miguel Castaño en un sugestivo estudio, Asesinaron La Democracia. En otra línea, Cristina Gago anuncia un libro de aforismos de bella factura y contenido.