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Un leonés en el olimpo del cómic

l. Javier de Castro ha revolucionado la novela gráfica gracias a su heterodoxa maestría para revelar la realidad. «El patetismo es mucho más interesante que la perfección, somos humanos y me gusta escribir sobre humanos»

 

erica fustero -

cristina fanjul
01/06/2014

Javi de Castro es un leonés a la vanguardia de la nueva novela gráfica. A pesar de su juventud, ha sido capaz de dar una vuelta de tuerca al género creando personajes y situaciones caracterizados por una aparente e inquietante irrealidad. Su último libro, Sandía para cenar, una fábula sobre los nuevos días raros, se presentará en León el próximo 6 de junio en el bar Rockin’ Chair. —Háblame de la novela gráfica que preparas con Josep Busquet. ¿Qué supone tener a Dibbuks como soporte?

—Un alivio, es la primera vez que trabajo con la seguridad de que va a ser publicado. Y por una gran editorial, es raro, aun no soy muy consciente de lo que supone todavía, llegar a todas las librerías y a todos los públicos, cuesta mucho llegar a la gente con fanzines o editoriales pequeñas, tienen otro tipo de ventajas, claro está.

—¿Qué te permite contar la novela gráfica que no consigues con otros medios?

—Bueno llevo dibujando toda la vida, me encanta, me gusta inventar historias y es un medio muy económico de producir, es el paso lógico. También el hecho de que soy muy aficionado a leer cómics, me apasiona el medio, es totalmente libre, no dependes de nadie, si quieres hacer algo lo haces. Es como la literatura pero puedes prescindir de las palabras, me considero mal escritor, con lo que poder narrar a través de imágenes me parece maravilloso. Tener un libro en las manos, pasar las páginas, disfrutar de una historia y no haber leído una sola palabra es mágico, es algo increíble. Me fascinan los códigos del lenguaje, varias lineas, manchas, e interpretamos todos lo mismo, no importa el grado de abstracción al que se llegue, todo el mundo, sin importar su idioma o nivel cultural, lo entiende. Es universal. Y el cómic puede conseguir eso.

—’Sandía para cenar’ fue tu primera obra larga. El contexto, los personajes y la atmósfera remiten a la novela gráfica tradicional, pero le introducesel elemento absurdo. ¿Qué tratabas de revelar o de transmitir?

—Supongo que te refieres a una novela gráfica más costumbrista. Introduzco un personaje muy surrealista para descolocar al lector, pero enseguida lo acepta como normal dentro de la historia, es lo genial de la ficción. La suspensión de la incredulidad, lo llaman. Me apetecía jugar con eso, darle una vuelta y al final darle un sentido y volver a descolocar. En el fondo es una excusa para contar una historia muy cotidiana, de compañeros de piso, de amistades truncadas, y de madurar, pero me parece muy aburrido si solo me quedo en eso.

—Ilustras para las historias de otros. ¿Cómo logras darle el tono? ¿Cómo es dibujar las narraciones de otros? ¿Modificas tu manera de trabajar?

—Hasta el momento la gente con la que he trabajado ha confiado en mi saber hacer y me ha dejado manga ancha para trabajar. También acaba siendo un trabajo conjunto, no es como hacer el trabajo para tu jefe, hay opiniones, ideas que surgen de la complicidad entre escritor y dibujante. La única diferencia es una mayor autoexigencia por mi parte. Si el texto es mio y hay algo que no voy a saber contar en imágenes, lo suprimo y listo, eso no lo puedo o no lo quiero hacer con el trabajo de otra persona.

—Una de las cosas que más me llaman la atención es la serie de cómics animados que tienes en la red. ¿Es internet un medio por explorar en la novela gráfica y el cómic? ¿Cuánto puede dar de sí?

—Claro que sí, es complicado porque no hay muchos referentes, está en pañales, pero a mi me parece un mundo de posibilidades. Yo creo que una de las razones porque las que no se explota es por la imposibilidad de monetizar el trabajo. De aquí a unos años seguro que empiezan a surgir aplicaciones para tablets de editoriales que apuesten por este formato y entonces avanzara mucho más, por ahora no sale rentable. En general a las editoriales les da mucho miedo la piratería, pero es algo con lo que van a tener que convivir y adaptarse, el futuro es digital.

—Hablame de ‘Abierto 24 horas’ y de ‘Everybody’.

—Pues surgieron un poco de casualidad, se me ocurrió que podía utilizar la animación al servicio de una historia y lo aproveche. Me pillaron en un día lúcido. Estoy muy orgulloso de estos trabajos y han tenido muchísima repercusión, todo el mundo me conoce por estas historias. Me encanta saber que nunca van a poder ser llevados al papel. La exclusividad de un medio lo hace más grande.

—Lo extraño, lo amenazante, el miedo larvado está presente en tus historias. ¿De qué manera consigues transmitirlo y qué tratas de contagiar?

—¡Qué soy un miedica! bueno es algo que me gusta leer, me identifico antes con la cobardía que con la valentía, no queremos vernos así, pero no es malo, es supervivencia. No sé, es una cuestión de empatía, el patetismo es mucho más interesante que la perfección, somos humanos y me gusta escribir sobre humanos, aunque no lo parezca.

—Estás modificando sobre la marcha los mimbres de la novela gráfica. ¿Eres un precursor?

—Uy no creo. No pienso que esté cambiando nada, y no es falsa modestia, no veo que esté haciendo algo realmente revolucionario. Quizás en el ámbito digital sí que este haciendo cosas más interesantes pero como ya te dije, es un terreno aún por descubrir.

—En Agustín desandas el camino. Quiero decir que das la vuelta al cómic del superheroe convirtiendo los poderes de un hombre normal en una manera de recontar la soledad y la angustia. ¿Qué te proponías?

—Me molesta el supuesto realismo de los superheroes en la actualidad, es imposible tomarse en serio a un hombre en mallas y capa, por muy atormentado que este, es ridículo. Echo de menos los colores chillones y las aventuras, que identifico más con el genero. Quería reírme de todo eso. Si los poderes caen en una persona normal, cobarde y solitaria, simplemente no tenemos aventuras, pero tenemos una historia realista. Un hombre se enfrenta con algo desconocido. Nos ha pasado a todos, decimos «este picor no es normal» y nos preocupamos, no pensamos que tenemos el superpoder de tener picores, porque lo nuevo asusta. Agustín ademas es hipocondríaco, lo que lo hace más divertido.

—¿Cuál crees que es el futuro de la novela gráfica?

—Por el momento parece muy alentador en cuanto a calidad y cantidad. Y parece que cada vez tiene mayor hueco en librerías y medios generalistas. Quiero ser optimista y pensar que esto no va a decaer sino todo lo contrario. La gente se va olvidando de los prejuicios, es un medio completo en el que cabe cualquier tipo de historia y genero. Se puede hacer humor, drama, periodismo, biografía, incluso poesía.

—¿En qué autores te apoyas?

—Tengo muchos referentes, mi principal es Jason, por sus historias cotidianas salpicadas de ciencia ficción, Blain también, mucho. No sé, infinidad, Andi Watson, Craig Thompson, Mignola, Bruce Timm, Yves Chaland, Max... Me gusta mucho los primeros años del cómic, de principios del siglo XX y me fijo mucho en esa gente, Winsor McCain, Frank King, George Herriman.... Y el grandísimo Will Eisner, claro.





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