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«Un libro debe ser capaz de agredir»

l El escritor Daniel Jiménez, autor de ‘Cocaína’, se desnuda de nuevo en la novela ‘Las dos muertes de Ray Loriga’. Filandó n La fina línea que siempre delimita la realidad de la ficción resulta casi imperceptible en el nuevo libro de Daniel Jiménez (Madrid, 1981). ‘Las dos muertes de Ray Loriga’ es una «realidad ficticia», asegura el autor

 

Daniel Jiménez y Ray Loriga en dos imágenes de archivo -

javier echezarreta -

álvaro soto
13/01/2019

Daniel Jiménez utiliza la figura del consagrado autor de Rendición para divagar sobre su propia vida, en la línea de obras tan exitosas como las del francés Emmanuel Carrère o el Ordesa de Manuel Vilas, dos de los grandes representantes del género de moda, la novela de no ficción. Jiménez conoció a Ray Loriga en una firma de ejemplares en la Feria del Libro de Madrid. Entre los árboles de El Retiro intercambiaron libros y después, tomando una cerveza, el primero le contó que estaba ideando una novela en la que el segundo moriría. «Me encantaría que me mataran en broma o en serio», respondió, enigmático, Loriga, que sin embargo, todavía no ha leído esta novela. Para este libro, Daniel Jiménez releyó toda la obra del escritor madrileño, «un autor fundamental, un referente con tres o cuatro novelas que son clave en la literatura española», asevera.

La supuesta muerte de Ray Loriga de la que habla el título de la novela sirve a Jiménez como hilo argumental para otro objetivo: «Contar mi vida de forma honesta». Y pese a su juventud, la existencia del autor está llena de momentos dramáticos, que incluyen el suicidio de una persona cercana a él, el desahucio de su familia, adicciones a la cocaína y al alcohol y una relación tormentosa con una novia que se cansa de tantos excesos y decide marcharse a Argentina.

Aunque una vez leído el libro no lo parezca, Jiménez afirma que siente «pudor» por la exhibición pública de su vida. Pero recuerda que en Cocaína (2016, también en Galaxia Gutenberg y Premio Dos Passos) el texto «era aún más duro». «Entonces me sentía más resentido. Ahora escribo desde el agradecimiento, no he querido ser hiriente, sino respetuoso», cuenta el autor, que en la vida real (y por tanto, en la novela), además de escribir, trabaja en un restaurante vegano.

Reconoce Jiménez que abrirse en canal ante el lector y mostrar sus demonios personales y familiares le han hecho perder amigos. ¿Vale la pena que la gente más cercana se enfade? «No lo sé. Cuando estás escribiendo, estás imbuido en esta obsesión, que es tan real que no te importa lo que pase. Una vez que supe que se iba a publicar y mi novia lo leyó, sí que sentí acojone. Pero deben existir novelas como ésta o como Ordesa, pudorosas y conmovedoras que con tanta sinceridad pueden agredir», continúa.

En Las dos muertes de Ray Loriga se suceden las reflexiones de Daniel Jiménez sobre la literatura. Es Jiménez coautor, junto con Félix Blanco, del Manifiesto Plagiarista, una definición de la literatura como «un plagio, emulación o aprendizaje» de lo que escribieron otros antes. «No plagiamos, sólo resituamos los textos de los otros. Todo lo nuevo surge de lo viejo y de lo anejo».





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