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UNA SEDE ACERTADA

Eurovisión 2019 convierte a Tel Aviv en un escaparate abierto al mundo

La localidad israelí ha multiplicado su imagen de ciudad 'cool' al acoger Eurovisión 2019

 

Netta Barzilai, ganadora de Eurovisión 2018, en Expo Tel Aviv. - ABIR SULTAN / EFE

ANA ALBA
19/05/2019

Tel Aviv ha multiplicado de forma exponencial, esta última semana, su imagen de ciudad 'cool' reforzando el dicho "Jerusalén reza, Haifa trabaja y Tel Aviv se divierte".

El ayuntamiento y todo el país han concentrado sus energías para que la pequeña ciudad costera, de 450.000 habitantes, se mostrara más moderna, abierta y alegre que nunca con motivo del Festival de Eurovisión. Incluso eventos culturales como la Noche Blanca, que se celebra a final de junio, se han cambiado de fecha para que coincidieran con el festival.

GRAN PUBLICIDAD

"No hay otro acontecimiento que pueda darle tanta publicidad en un tiempo tan corto a una ciudad pequeña como Tel Aviv", opina Eytan Schwartz, responsable de Tel Aviv Global, una iniciativa del ayuntamiento para mejorar el posicionamiento de la ciudad.

"Eurovisión es una oportunidad magnífica para mostrar que podemos competir como sede de eventos de gran escala", dice Schwartz. El crecimiento turístico de Tel Aviv en los últimos años, aumentará, según él, gracias al festival, que ha hecho de la ciudad un escaparate abierto al mundo.

SUBIDA DE PRECIOS

Los hoteles pensaron hacer el agosto en mayo y pusieron por las nubes unos precios siempre muy elevados. Esperaban que Eurovisión atrajera unos 10.000 visitantes, pero al ver que no llegarían a 5.000, acabaron borrando ceros a las cifras.

Uno de los motivos para que se escogiera a Tel Aviv como sede del festival en Israel por encima de Jerusalén u otras localidades es que "representa los valores de Eurovisión: es una ciudad enérgica y divertida, que cree en la democracia y el pluralismo, celebra el arte y la cultura, es para todas las minorías y tiene una enorme comunidad LGTBI", señala Schwartz.

DESCARTADO JERUSALÉN

El festival tendría que haberse celebrado en Jerusalén porque para Israel es su capital, aunque la mayoría del planeta no la reconozca como tal porque, según la ley internacional, los israelís ocupan su parte este, la que los palestinos quieren como capital de su futuro Estado.

Las dos veces que Israel acogió Eurovisión anteriormente -aunque ganó tres- se celebró en la ciudad santa, pero en esta ocasión podía suponer más problemas que ventajas. Los judíos ultraortodoxos habían mostrado su descontento porque los ensayos del viernes y las pruebas del sábado eran en shabat -jornada de descanso judía que empieza cuando se pone el sol el viernes y acaba con el ocaso del día siguiente- y amenazaban con protestar.

SIN BOICOTS

Más del 25% de los jerosolimitanos son ultraortodoxos y cada sábado se repiten las protestas contra los pocos cafés y comercios que se atreven a abrir. Además, la ciudad santa no ve con buenos ojos a los homosexuales y algunos países europeos arrugaban la nariz ante la idea de que el festival fuera en Jerusalén por la cuestión de los territorios ocupados.

Tel Aviv era una opción mucho menos arriesgada. Los religiosos ni se han acercado al pabellón donde se celebra el festival, Expo Tel Aviv, alejado del centro, y ningún país ha boicoteado el evento por el tema palestino.

Los activistas anti-ocupación de los territorios palestinos han hecho algo de ruido mediático con sus protestas y decenas de visitantes vinculados a Eurovisión han querido conocer la otra realidad del lugar desplazándose a Cisjordania -territorio palestino ocupado por Israel- en los' tours' de la oenegé Breaking the Silence, pero Tel Aviv ha mantenido su cara limpia ante los fans eurovisivos.

DESPLIEGUE DE SEGURIDAD

El festival ha supuesto un gran despliegue de seguridad, algo a lo que los israelís están acostumbrados. No obstante, el país no ha hecho un gran desembolso. Según medios locales, el Estado ha destinado a Eurovisión 150 millones de shekels (algo más de 37 millones de dólares).

Las autoridades están convencidas de haber hecho una gran inversión por el impacto que suponen los centenares de millones de espectadores que siguen el evento, cuyo atractivo ha aumentado con la actuación de Madonna. La cantante se hizo de rogar y hasta última hora no firmó el contrato para actuar.

   
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