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eID. al servicio de la identificación

Una solución que permite identificar . a las personas a través de la red. E s la última aventura (de momento) de un leonés inquieto, que con 16 años fue fichado por una multinacional y que ha dado un vuelco a su carrera para poner la tecnología al servicio de la transformación de la sociedad. En pocos meses tiene ya clientes a nivel internacional, y sigue creciendo

 

Iván Nabalón ha desarrollado Electronic Identification tras una intensa carrera en el unvierso tecnológico. - ramiro

eID. al servicio de la identificación -

maría j. muñiz | león
03/05/2016

Electronic Identification permite resolver el problema de la identificación de las personas a través de la Red, y conseguir «una confianza como la que tenemos en el mundo presencial». Permite dar solución a un problema que todavía no se había resuelto en Internet, explica Iván Nabalón, director general de una empresa muy joven, pero que nace con una larga experiencia internacional detrás. «Conseguir esta identificación permite tener relaciones y negocios totalmente confiables, con procesos de inicio a fin en el mundo digital. Por eso nuestra propuesta es clave para cualquier organizació que quiera completar su transformación digital, con independencia del sector donde trabaje o la ubicación desde donde opere».

«En eID hemos nacido con una vocación global, primero por la tecnología, porque ya somos capaces de identificar a personas de 150 países en cuestión de segundos y a través de la tecnología por vídeo. Y además por el equipo. La mayor parte de las quince personas que formamos parte ahora de la compañía hemos nacido o trabajado fuera de España, y eso nos da una ventaja añadida a la hora de plantear proyectos fuera. Algo muy importante en nuestro sector».

Una experiencia y un potencial que «unidos a que tenemos la tecnología más eficiente y con mejor experiencia de usuario, nos convierten en una empresa con un futuro muy prometedor».

Nabalón sabe de lo que habla, porque su experiencia en el mundo empresarial tecnológico es tan precoz como extensa. De hecho este leonés de San Esteban de Nogales (pueblo del que presume y no ahorra elogios a su monasterio cisterciense y sus fiestas de San Jorge), considera que su relación con la informática le viene «casi de nacimiento». Tanto como su inquietud por emprender.

Su primer ordenador fue la herramienta para iniciar una carrera informática sustentada en cursos de programación, pero también en la búsqueda de ‘financiación’. «Con 13 años ya hackeaba con un grupo de amigos el Autocad para los arquitectos, y programas de ese tipo. Los vendíamos en el rastro para sacar algún dinero. Hoy, con los derechos de autor, eso es ilegal, pero entonces no dejaba de ser un pasatiempo. Y sobre todo una manera de ganar dinero para comprar ordenadores más potentes».

Muy poco después el director de informática de Dulciora, que poco después se convirtió en Cadbury Schweppes, se fijó en el joven informático leonés, y le ofreció su primer puesto de trabajo. Tenía 16 años entonces. «La empresa tenía su sede en Valladolid, y en poco tiempo se transformó en una multinacional con más de 85.000 empleados en todo el mundo». Durante 10 años Nabalón ocupó diversas responsabilidades en la sección de informática, y los últimos tres años estuvo trabajando en Londres.

«La etapa internacional fue una gran experiencia, pero a principios del año 2000 me aburrí de los corsés de las multinacioales». Volvió a Madrid e inició su trayectoria como emprendedor. Montó una empresa de servicios de consultoría, que ocho años después vendió a una multinacional. «Seguí trabajando en España como ‘country manager’, hasta que la compañía se convirtió en una referncia en el mundo del management». Tenía más de 40 empleados, pero «la crisis golpeó a su matriz, así que volví a cambiar a un grupo de referencia en el mercado español. Con 31 años me convertí en el miembro más joven de su historia en el comité de dirección».

En los dos años siguientes esa empresa creció más de un 20% anual, y en 2012 superó los 700 empleados en el país.

Por entonces el emprendedor leonés había puesto ya su foco de atención en la ciberseguridad, y decidió emplearse a fondo en la que es una de sus grandes inquietudes personales. «La tecnología no sólo puede trasformar las organizaciones, sino también la sociedad. Entonces dedicaba mis ratos libres a investigar cómo la gestión y la tecnología pueden cambiar las democracias, y con ello la vida de las personas».

Emprendió una nueva etapa. En 2012 publicó su primer libro, ‘Una visión de futuro de la gestión pública y la relación con el ciudadano’. «Es toda una declaración de intenciones sobre lo que vendría después».

Que fue un proyecto que le llevó a abandonar su trayectoria profesional hasta entonces para emprender Civitana.org. «Una red social de participación ciudadana con garantía legal. Civitana tiene una misión muy clara, que es posicionar al ciudadano en el corazón de una democracia más activa. Siempre hemos entendido que Civitana tiene que ser la base de una sociedad más consciente, participativa y construida sobre los valores humanos, con un impacto económico y social sin precedentes. Todo ello utilizando siempre la tecnología, lo que requiere crear instrumentos y un entorno confiable para todas las partes, como la identificación digital o la firma o el voto electrónico».

Civitana se lanzó en 2014, pero «muy pronto nos dimos cuenta de que no teníamos un modelo económico sostenible. Se trata de un proyecto con base social, y creemos que vamos a tardar mucho tiempo en transmitir a la sociedad el verdadero valor de la propuesta».

Así que, «como se dice en el argot del emprendimiento, pivotamos». civitana.org sigue siendo «un proyecto de laboratorio, con otro plazo». Nabalón creó Electronic Identification (www.electronicid.eu). «Se trata de extraer todos los avances para identificar a personas a distancia, ya sea por vídeo, firma electrónica, voto electrónico,... Todo ello con una especial atención a las leyes europeas, que dan soporte a nuevos servicios».

Durante un año, hasta finales de 2015, el esfuerzo se centró en «construir una solución robusta, que pueda comercializarse». Lanzaron eID en un momento en el que la legislación requiere en mayor medida la identificación electrónica de las pesonas.

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