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MOVILIZACIONES

Miles de indignados toman las calles de Brasil en plena Copa Confederaciones

El rechazo al aumento del precio del transporte y los gastos del Mundial 2014 son algunas de las banderas de los manifestantes

 

Cientos de manifestantes, encaramados al tejado del Congreso, en Brasilia. - Foto: EFE

Estudiantes levantan una bandera de Brasil durante las protestas en Sao Paulo. - Foto: EFE

ABEL GILBERT / Buenos Aires
18/06/2013

"Brasil no es solo fútbol y fiesta". La Copa Confederaciones quedó eclipsada la noche del lunes como si fuera una escena incómoda. Miles de personas ganaron las calles en 11 de las principales ciudades del país para protestar nuevamente contra el aumento de precios del transporte público y para reclamar al Estado un uso eficaz y transparente del gasto público. La Copa del Mundo del 2014 se ha convertido, a los ojos de los manifestantes convocados a través de las redes sociales, en objeto del escarnio social.

"Más dinero para la salud y la educación", se ha gritado en las protestas. En Sao Paulo, unas 65.000 personas han recorrido las avenidas Paulista y Consolação. Una cifra mayor de personas, predominantemente jóvenes, han llenado el centro de Río de Janeiro. En Belo Horizonte, los manifestantes han intentado acercarse al estadio Mineirao, sede del partido de fútbol entre Nigeria y Tahití. Las fuerzas de seguridad lo han impedido. "El pueblo despertó", han gritado en Brasilia los manifestantes que rodearon la sede del Congreso e incluso hubo quien se subió al tejado. Desde principios de los años noventa no se veía tanta gente en las calles. En 1992, la consigna que unificó a los brasileños tenía que ver con la dimisión del presidente Fernando Collor de Melho, acusado de corrupción.

"Las manifestaciones pacíficas son legítimas y propias de la democracia. Es propio de los jóvenes que se expresen", ha señalado la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff. La dirigiente sigue siendo favorita para las elecciones del 2014 pero su popularidad ha caído, por razones distintas, entre los sectores más pudientes y los jóvenes de la histórica clase media e, incluso, la que se ha consolidado en los últimos años, como parte de las políticas de promoción social del PT.

Contención policial
Esta vez, la Policía Militar (PM) se ha abstenido de usar gases lacrimógenos y balas de goma, salvo en Belho Horizonte. Ha habido, no obstante, algunos conatos de violencia en Sao Paulo, cuando la manifestación ha llegado a la sede de la alcaldía. Pero la saña de los uniformados no ha alcanzado los niveles recientes. La represión de los últimos días había causado estupor. La revista 'Istoe' la comparó con los tiempos de la dictadura (1964-85). De hecho, la PM es una de las herencias del régimen castrense que la democracia no pudo sacarse de encima. El servicio secreto de la PM llegó a acusar a grupos punks, anarquistas y militantes del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), un desprendimiento del Partido de los Trabajadores (PT, en el poder) de estar detrás de las protestas. Sus acciones, aseguró, en un temeroso lenguaje, son "semejantes a las de una guerrilla".

"Ecos de la primavera árabe", han señalado algunos analistas. "Como los indignados europeos", han apuntado otros. "No, esto se parece a lo que ocurrió durante la ocupación de Wall Street", se ha dicho también. "Ellos tienen algo que decir", ha considerado la revista 'Epoca', sin buscar parentescos.

Las manifestaciones comenzaron hace una semana incitadas por el Movimiento Pase Libre (MPL). Este grupo cuenta con pocos miembros orgánicos. En su mayoría son estudiantes universitarios y profesores. Las redes sociales, en un país con 50 millones de usuarios, se han convertido en su principal herramienta política. Rechazan a los partidos tradicionales y creen en las prácticas políticas horizontales. La situación del transporte público ha centrado sus reclamos. "Cada aumento de la tarifa excluye más gente del transporte público, y al mismo tiempo la excluye de la ciudad", ha explicado Nina Cappello, del MPL. La tarifa acaba de pasar de 3 a 3,20 reales (1,5 a 1,6 dólares). Desde el 2003, la inflación acumulada es de 81,7%, contra un 88,2% de incremento de la tarifa en Sao Paulo y 182,5% del salario mínimo. El incremento de 20 centavos de real, creen algunos observadores, debe mirarse como la punta de un iceberg que esconde malestares de otro espesor.

Protesta inesperada
El Gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) había imaginado una Copa Confederaciones pletórica de brillo. Ha sucedido algo inesperado. "Quien crea que puede impedir la realización de esos eventos se encontrará con la determinación del Gobierno de impedirlo", ha advertido el ministro brasileño de Deportes, Aldo Rebelo. "Las manifestaciones serán toleradas dentro de ese límite", ha añadido. La preocupación excede lo que pudiera ocurrir durante el torneo de fútbol. Brasil se prepara para recibir a más de dos millones de visitantes en julio en el marco del encuentro mundial de la juventud, que contará con la presencia del papa Francisco.

"Los gobernantes precisan entender el por qué de estos acontecimientos", ha dicho el expresidente Fernando Henrique Cardoso, haciendo uso de su antigua pericia sociológica. Los motivos del malestar varían. Los ricos nunca simpatizaron con Luiz Inácio 'Lula' da Silva ni con su heredera Roussef. Detestan sus programas en favor de los que menos tienen. Parte de los jóvenes se sienten desencantados con un PT que, dicen, hace una década se olvido del verbo "luchar" y solo mantuvo en alto las banderas del combate contra la pobreza. Las protestas tienen lugar cuando Brasil no termina de retomar la senda del crecimiento. Para este año se espera un 2,3%, y esa cifra no alcanza para resolver las asignaturas de un país de casi 200 millones de habitantes. Además del precio del transporte, el de los alimentos ha experimentado un incremento mayor, del 13% anual.

Malestar por el gasto ingente
Cinco años atrás, cuando estalló la primera crisis financiera internacional, Brasil salió adelante con una fuerte política de fomento estatal a la inversión y el consumo. La obtención de la sede de la Copa del Mundo 2014 y los Juegos Olímpicos del 2016, en Río de Janeiro, ha sido en principio vista como una bendición. Una oportunidad para profundizar el desarrollo. Muchos brasileños lamentan, sin embargo, no estar en condiciones de poder pagar una entrada (la más barata costará 60 dólares). Otros creen que se está realizando un gasto tan ingente como innecesario.

El mítico estadio carioca de Maracaná irrumpe en estas horas como un símbolo de lo indeseado. "Usted ya lo pagó", dice el portal 'Publica' y recuerda que, en 1996, y por recomendación de la FIFA, el estadio fue sometido a reformas valoradas en 37,2 millones de euros. Diez años más tarde, de cara a los Juegos Panamericanos, volvieron a gastarse allí 106 millones de euros. La adecuación del Maracaná para el Mundial significará un gasto adicional de 310 millones de euros, lo que equivale a cuatro estadios de Corea 2002. La concesión privada, por 35 años, tendrá desde 2014 utilidades anuales de 36 millones de euros.

   
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