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¿por qué unos sí y otros no?

Del José del abuelo y el padre al Alejandro del nieto

Un estudio de los nombres de las últimas tres generaciones de españoles pone de manifiesto la evolución en provincias como León donde no siempre los más usados han coincidido con las modas nacionales.

 

05/06/2016

manuel c.cachafeiro | león

José, Pepe, fue el nombre más popular de los leoneses en la década de los 30 del siglo pasado, que ya llovió. José Luis en los años 60 y Alejandro, desde el inicio del nuevo milenio. Y entre las abuelas, María, a la que se sumó un segundo nombre en los 60 con nuestras madres y Lucía con la llegada del siglo XXI.

Los padres siempre eligen los nombres, pero ¿por qué esos y no otros?, se preguntan tres investigadores del Centro Superior de Investigaciones Científicas (Csic) en un estudio sobre la evolución de una de las señas de identidad de cada individuo.

Basándose en la Estadística del Padrón Continuo del Instituto Nacional de Estadística, Antonio Abellán García, Rogelio Pujol Rodríguez e Isabel Fernández Morales llegan a conclusiones como que «los nombres más populares de nuestros abuelos fueron más frecuentes que los de nuestras abuelas» o que hoy, en el caso de León, hay más variedad, pero más concentración de nombres.

«A lo largo del siglo XX, y posiblemente en siglos anteriores, los nombres más populares de niños fueron más frecuentes que los más populares de niñas», señala el estudio. María y José también encabezan la lista a nivel nacional en los años 30, aunque hay un dato significativo, en el caso de León, apunta Isabel Fernández, y es que la concentración de José es, a nivel de España, de casi 88 españoles por cada 1.000 habitantes frente a 50 en la provincia. O María en las abuelas, 58 por cada 1.000 a nivel nacional frente a 28,5 en León. «Es posible que la asignación de un nombre responda a fuerzas institucionales y sociales, y no sea tan libre como parece. Antiguamente los nombres parecían determinados por la tradición de sagas familiares, que ocasionaba cierta uniformidad, salvo en zonas donde el santo del día tenía preferencia (algo muy de León). La capacidad de decisión de las parejas era reducida. La presión institucional era grande», explican los autores.

Los nombres de hoy no tienen nada que ver, y así José ha desparecido de los diez primeros, en León y en España, y Josefa practicamente del mapa.

¿Qué ha cambiado?, se preguntan en el Csic. La supremacía masculina pudo reflejar una tradición de sagas familiares; el varón representaba la continuidad de la familia, la propiedad, la profesión, el negocio... y el nombre venía más determinado, era menos variable. «Posiblemente exista un menor poder de las instituciones (iglesia, sagas familiares). Por otra parte, lo funcional, lo práctico y las modas nuevas (con papel relevante de los medios de comunicación y en especial de la televisión) entran en el hogar. Aumenta la diversidad que puede reflejar un intento de evitar confusiones de nombres repetidos en el mismo hogar».

Alejandro y Lucía encabezan esa nueva lista de León, y María en España, según datos del año 2000.