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León no puede perder el tren | manifiesto de la plataforma del tren

 

04/04/2014

Desde el comienzo de la era industrial, las infraestructuras ferroviarias se han configurado como uno de los pilares básicos para que las materias primas, las manufacturas y las personas se muevan de unos lugares a otros, potenciando por un lado la industria de las ciudades y, por otro, la movilidad de sus gentes. Sobre esta base, conviene recordar que el ferrocarril ha sido un motor de progreso para León desde el año 1863, fecha en la que el primer tren hizo su entrada en nuestra ciudad, ya entonces en la estación de la calle Astorga. Sin embargo, 150 años después de esta revolución en el transporte, y cuando se están sentando las bases para el funcionamiento del ferrocarril durante todo el siglo XXI, unas decisiones cortoplacistas y equivocadas del Ministerio de Fomento amenazan con relegar a nuestra ciudad y a nuestra provincia a los márgenes del mapa ferroviario español.

En época reciente, España dio un paso muy importante, al apostar por las líneas de Alta Velocidad, dejando de lado nuestro secular alejamiento del resto de Europa. No fue fácil que los responsables políticos de nuestra nación apostaran porque la Alta Velocidad llegase al Noroeste, pero finalmente se dio el paso. De este modo, hace más de una década comenzó a ejecutarse la línea de Alta Velocidad entre Madrid y Asturias que necesariamente debe pasar por León y San Andrés del Rabanedo. En su primer tramo, la ejecución de esta Iínea fue relativamente rápida, y el AVE llegó a Valladolid en el ya casi lejano 2007, haciéndonos creer que la prolongación hasta León sería casi cuestión de meses. Sin embargo, hoy en día a muchos nos podría parecer que más que una estación de paso, Valladolid fue configurada como la estación final de su destino. Desde entonces, aunque se ha desarrollado una parte del proyecto, se cierne sobre su futuro una gran incertidumbre amparándose en circunstancias políticas, técnicas o financieras. Algo muy similar ha ocurrido en el caso del ferrocarril de vía estrecha, cuya integración en la ciudad de León estaba prevista y presupuestada y, a pesar de estar ya muy avanzadas las obras, hoy corre el riesgo de no ejecutarse conforme a lo comprometido.

León, por su posición geográfica y su vocación ferroviaria, ha sido históricamente el nudo central de comunicaciones de la meseta ron el Norte y Noroeste de España, lo que, además de una importante actividad económica, ha generado y mantenido durante muchas décadas un considerable número de empleos a los que no estamos dispuestos a renunciar. Su pérdida sería la puntilla para una economía leonesa que lleva tiempo encaminándose al colapso.

No obstante los indudables beneficios que la llegada y consolidación del ferrocarril han reportado a León, el crecimiento de los dos municipios afectados les ha llevado a engullir las estructuras ferroviarias originales, ocasionando efectos adversos, fundamentalmente en el ámbito urbano. De forma, la brecha urbanística que el ferrocarril representa les ha supuesto un obstáculo cada día mayor para su expansión equilibrada.

Son problemas cuya solución pasa por las integraciones ferroviarias, que a la vez favorezcan la movilidad de la ciudadanía y la coexistencia con el entorno urbano. Para ese fin se planteó como necesaria la integración del ferrocarril de Renfe en los dos municipios y de Feve a su paso por nuestra ciudad. Así, se desarrollaron proyectos que hasta ahora contemplaban soluciones positivas, tanto para hacer viable la comunicación en Alta Velocidad entre Madrid y Asturias con parada en León y sin renunciar a la centralidad de una estación de ferrocarril en paso, como para garantizar la compatibilidad y coexistencia del tráfico de Feve con el entorno urbano a través del llamado tren-tram. Para todo ello se han efectuado ya inversiones millonarias que ahora se cuestionan hasta el punto de dejarlas inservibles.

El presente y el futuro desarrollo económico y social de León y de la provincia necesitan la ejecución de estas infraestructuras. A los leoneses y leonesas no nos valen excusas, ya que pagamos los mismos impuestos que los habitantes de otras localidades y sufragamos las inversiones en Murcia o Vigo, los desfases de Barajas o el rescate de las autopistas radiales de Madrid, por no hablar del de las entidades financieras. Además, ya estamos pagando la situación con pérdidas sostenidas de población y de empleo en todos los sectores en general.

Y no podemos permitir que León siga en el olvido de los planes de Gobiernos, Ministerios y Consejerías; no podemos admitir que los proyectos que afectan a nuestros municipios se dejen de lado mientras se priorizan otros, más por intereses políticos que económicos o sociales; no podemos consentir que León siga tan distante de los principales centros de decisión de nuestra Comunidad y de nuestra Nación; no podemos asumir que las promesas de unos y otros sólo pretendieran conquistar nuestro voto y no dar soluciones a las comunicaciones ferroviarias que necesitamos. Nuestros responsables políticos y nuestras instituciones deben reconocer a León el lugar que le corresponde en el conjunto de la Comunidad Autónoma y de España, y ese reconocimiento exige el mantenimiento de sus compromisos con todos nosotros.

Por todo ello, los leoneses y leonesas exigimos:

1. La llegada urgente de la Alta Velocidad a León en vía doble y sin merma alguna en sus sistemas de seguridad.

2. SU coexistencia con el transporte ferroviario convencional, que da servicio a numerosas localidades de la provincia

3. El mantenimiento de la centralidad de las estaciones ferroviarias de la ciudad, tanto de Renfe como de Feve, y la adecuada integración de ambas redes en el entorno urbano y peri-urbano.

4. La garantía del empleo en el sector ferroviario, es decir, el irrenunciable desarrollo del polígono logística ferroviario de Torneros y el cumplimiento del compromiso de instalación en León del Centro de Regulación y Control de las líneas de Alta Velocidad ferroviaria del Norte y Noroeste peninsular.

Si el tren representó en el siglo pasado el progreso, hoy, en este León devastado por la crisis económica, es el único transporte que puede traernos un poco de esperanza y sacarnos de este pozo de paro, miseria, envejecimiento, emigración y parálisis de la economía. Necesitamos este motor. No decidimos regalar nuestro dinero a los bancos, pero se hizo. No decidimos regalar nuestro dinero para mantener los escandalosos sueldos de los directivos de empresas improductivas, pero se hizo. No decidimos regalar nuestro dinero a quienes especulan en un mercado en el que sólo ganan los tramposos que dirigen el

juego, pero se hizo. No decidimos regalar nuestro bienestar ni el futuro de nuestros hijos, pero nos lo han robado con engaños y decretos. Si seguimos dejando que las oportunidades pasen de largo sólo nos quedará el humo. ¡¡¡León no puede perder el tren!!!






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