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pobreza energética

La vuelta al brasero por la crisis eleva al 80% los intoxicados por monóxido

Los bomberos alertan a la ciudadanía e instan a colocar detectores en las casas.

 

CARMEN TAPIA | LEÓN
28/12/2014

La pobreza energética provocada por la crisis económica lleva a muchas familias a recurrir a los tradicionales sistemas de calefacción como el brasero y la leña para evitar el frío en los hogares. Los bomberos de León alertan del aumento de intoxicaciones por monóxido de carbono en los domicilios, que desde que comenzó la crisis económica se han incrementado hasta el 80% del total de heridos o fallecidos en los incendios. «Hace unos años había más incendios que muertes y ahora se han reducido drásticamente los fuegos pero se han multiplicado los afectados por intoxicaciones», aseguran Alberto García Vila y José Galván, mandos de los bomberos del área de León que participaron en la jornada organizada recientemente por la Fundación Isadora Duncan para hablar sobre Educación Financiera Familiar y Pobreza Energética.

Las estadísticas de la Policía Nacional no reflejan ningún muerto por intoxicación este año en la provincia de León, pero en lo que llevamos de invierno ya hay una treintena de personas intoxicadas en la provincia que han necesitado atención médica. Las personas mayores y los habitantes de la zona rural son los más susceptibles a los accidentes y mala combustión de las estufas y braseros. «Hemos reducido los incendios a la mitad en toda España, pero el número de muertos no baja. Fallece mucha más gente de la que aparecen en las estadísticas, que siempre muestran datos parciales, y el monóxido de carbono es el problema».

Prevenir con detectores

Los bomberos de León incorporan su labor de divulgación a una campaña que iniciará la Junta de Castilla y León para fomentar la colocación de detectores de monóxido de carbono en los domicilios. «El monóxido no huele, las personas que lo respiran no se dan cuenta que se están intoxicando», explican los bomberos, «por eso es muy importante colocar los detectores porque alertan con un sonido cuando los niveles son peligrosos». En la misma línea están las recomendaciones de la Asociación Profesional de Técnicos de Bomberos, que aconseja la colocación en todos los domicilios de los detectores «que no son caros pues su precio en el mercado ronda los 6 euros, y salvan vidas porque la gente ha vuelto a la leña y al carbón para calentarse. Si cierras mucho el tiro de las estufas se produce monóxido de carbono que puede matar. La mayoría de las víctimas de un incendio no ve las llamas. Muere antes intoxicado, lo que significa que hubieran podido salvar la vida». La mayoría de las víctimas de incendios e intoxicaciones se producen en viviendas o infraviviendas, poco acondicionadas o con materiales de construcción antiguos que causan combustiones incompletas al arder que desprenden, además de monóxido, ácido clorhídrico, sulfúrico, fosgeno, dióxido de carbono... «es más fácil morirse de un incendio en poblaciones de menos de 5.000 habitantes que en las grandes ciudades», aseguran los especialistas. «Hace cinco años casi no se sorteaban ya las ‘suertes’ en los pueblos. Este año se han duplicado», asegura José Galván. Las ‘suertes’ son las zonas comunes vecinales que se sortean entre los vecinos en los pueblos para cortar leña para las chimeneas. «El monóxido de carbono es un gas letal», insisten. «Hay que extremar la vigilancia».

La intoxicación por monóxido de carbono produce en las personas afectadas falta de aliento, náusea, mareos ligeros, dolor de cabeza, confusión mental y desmayos.




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