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«siempre soñé con volver»

Raúl Parrado Iglesias es el presidente de la Colonia leonesa en Cuba, una asociación que reúne a más de 700 personas que, directa o indirectamente, mantienen un estrecho vínculo con la tierra de origen de sus antepasados de segundo o tercer grado

 

Raúl Parrado Iglesias es el presidente de la Colonia de Leoneses en Cuba, una asociacion que este año celebra el centenario de su fundación. - bruno moreno

27/08/2014

«Cuando vino mi abuela trajo un poco de tierra española, cuando se fue mi madre llevó un poco de tierra cubana. Yo no guardaré conmigo ningún poco de patria: la quiero toda sobre mi tumba», rezaba Carilda Oliver Fabra, una las poetisas cubanas más influyentes. En la misma línea Eduardo Galeano hablaba de dos memorias correspondientes a dos patrias personales.

Algo así le sucede a Raúl Parrado, el presidente de la Colonia Leonesa en Cuba que se encuentra visitando la ciudad de León. Entre los eventos previstos para su estancia, hoy tiene programada una visita al presidente de la Diputación para hacerle entrega del libro de condolencias a Isabel Carrasco anteriormente mencionado, así como su medalla de honor. Mañana le recibirá el Alcalde de León y el día tres de septiembre se realizará un acto de entrega de un ramo de flores a la Virgen del Camino junto a una conferencia sobre el centenario de la Colonia.

Con cien años de vida, se trata de una asociación que «empieza a gestarse en 1913, año en el que en Centro Castellano posee una mayoría de miembros leoneses que se reúnen para fundar el Club Leonés de La Habana y piden a la diputación de León un estandarte, el cual mandaron en febrero de 1914, aunque no será hasta julio del año siguiente cuando se una a la Colonia. A pesar de no tener sede como tal, las oficinas se han encontrado siempre dentro del Centro de Castellano de La Habana, refundado en 1971», explica.

La evolución histórica tuvo su punto de inflexión en los años 50, «cuando se comenzaron a admitir mujeres como socias de hecho, mientras que antes tan solo podían serlo sus esposos». Sería en esta misma década cuando se produjo la principal bajada de miembros «debido a la huida masiva de gente tras el triunfo de la revolución».

Actualmente son 768 las personas que forman parte de esta particular asociación, 38 de las cuales son nativos leoneses emigrados a Cuba. Sin embargo, «tenemos constancia de que en Cuba hay 7.000 personas con padrón leonés, solamente que estamos limitados a La Habana».

Si Raúl tuviera que definir la esencia de la colonia que preside sería como una «asociación benéfica cultural que ofrece actividades a diferentes miembros. «Cuatro son las actividades grandes que celebramos anualmente: la Junta General, el día de Castilla y León, el día de la Fundación de la Colonia y los Santos Patrones (San Roque, la Virgen del Camino y fin de año). Además, cada comisión — Jóvenes, Tercera Edad y Mujeres — ofrecen sus propias conferencias, excursiones y romerías».

La relación entre la Colonia y León es muy estrecha desde sus inicios. Tanto es así que en su día llegó a ofrecer gran ayuda tanto al hospital de San Antonio o a desgracias de la talla del trágico incendio en la montaña de Maraña en la década de los años 30. En los años 50 compraron el primer autobús para el equipo de fútbol de León y apoyaron las obras del ferrocarril para el tramo de Villablino a Madrid. «Sabemos que los leoneses mandaban mucho dinero a los familiares y a los ayuntamientos, así que en los momentos en que América estaba en auge económico lo mas lógico era lo que me decía mi abuelo, ayudar a la familia, y la forma de hacerlo era ésa. Ahora es al revés, la Diputación ayuda mucho a las casas regionales, al igual que la Junta de Castilla y León, la embajada de España o la Conserjería de Trabajo».

Es tan fuerte el vínculo que poseen los emigrantes leoneses entre sí, que en cuanto la Colonia leonesa en Cuba se asentó una de las primeras medidas tomadas fue la compra de 120m2 de tierra en el cementerio de Colón. El panteón sufrió tres modificaciones: en primer lugar estaba formado por bóvedas, después se hizo una pequeña capilla y se trajo de León una figura de la Virgen del Camino para que lo presidiera, y por último se formó la capilla final. En lo 180 niños y casi mil osarios que lo componen descansan los restos de los leoneses, entre los que se encuentran ocho de los presidentes de la Colonia.

Haciendo referencia al fallecimiento de ciertos leoneses ilustres, es inevitable recordar al asesinato de la que fuera presidenta de la Diputación, Isabel Carrasco. «Estábamos en la preparación del centenario y nos cogió por sorpresa. En el ámbito personal tengo que agradecerle mucho, yo estuve en 2009 aquí y fui muy bien recibido, se interesó mucho por el trabajo de nuestra asociación y siempre que se le invitaba a algún acontecimiento y, aunque no pudieran ir, siempre tenía las mejores respuestas. Para nosotros es un crimen que no se puede repetir, un acto bastante fuerte con el que no estamos de acuerdo. A las 24 horas del suceso abrimos un libro de condolencias por el que pasaron muchas personalidades porque es la muerte de una persona que representa una Diputación, a un pueblo del que nosotros formamos parte en Cuba», declara Parrado.

La conformación de un único pueblo es uno de los objetivos básicos de la Colonia. Como Raúl mismo deja claro, se trata de «mantener la tradición familiar, de que se reúnan, de que se conozcan y, sobre todas las cosas, de que descubran que el León que dejaron nuestros abuelos ya no es el de ahora», aunque es consciente de lo complicado que resulta cambiar la mentalidad de la gente.

A pesar de que mire la ciudad con los ojos de quien llega aquí por primera vez, tras esa mirada de esconde la «añoranza del encuentro con León», una ciudad con la que le ha ocurrido una cosa bastante curiosa tras su viaje en 2009. «Desde que me volví a Cuba casi todos los días he soñado con volver a pisar esta tierra que y me sigue impresionando, así que no sé qué me pasará cuando me vaya ahora».

En esta ocasión, el cubano ha podido visitar por primera vez en su vida Ciguera, el pueblo donde nació su abuelo. Emocionado y con las lágrimas comenzando a vislumbrarse, Raúl recuerda uno de los momentos más impactantes de su vida. «Lloré como un niño, me encontré con la familia de mi bisabuela Justa y después con una tía de mi madre. Me llevo un poco de tierra de donde nació mi abuelo, no sé describirlo, son sensaciones tan grandes, tan fuertes, hay tantos sentimientos encontrados... Nunca pensé que un día iba a conocer este lugar al que mi abuelo nunca pudo regresar desde que se llevó a mi abuela. Yo siempre imaginé las historias que me contaban, pero cuando ves la realidad de aquí, ¿cómo podían atravesar esas montañas? Las lomas aquí son muy altas, ¡son picos!».

Es por ese estallido emocional por lo que desde que comenzó su presidencia en la Colonia ha apostado muy fuerte por dos programas «muy humanos retomados de nuevo gracias a la ayuda de Isabel Carrasco». El primero de ellos es Añoranza, que propicia el encuentro de las personas nacidas en España que hace más de quince años que no regresan al hogar. «Si para mí ha sido fuerte pisar la tierra de mi abuelo, para alguien nativo tiene que significar mucho». Por otra parte está Raíces, que propicia el viaje de nietos o biznietos de estos leoneses. Según Raúl, los participantes de ambos proyectos regresan tan agradecidos a Cuba que «siempre que le economía lo permita merece la pena seguir impulsándolos».

Raúl Parrado vuelve a perderse entre las calles de su segunda patria, no sin antes dejar bien claro que, aunque le digan que la gente es fría y que las leonesas ponen cara de leonesas, le llama la atención cómo los fines de semana salen a compartir momentos». Además, confiesa su amor al paisaje leonés. «No sé cómo lo haré, pero volveré».

MIRIAM BADIOLA