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TRIBUNA

Autonomía contra la historia

 

JOAQUÍN CUEVAS ALLERJOAQUÍN CUEVAS ALLER 16/04/2005

UNA DE LAS PRIMERAS decisiones de los políticos españoles al inicio de la democracia fue la creación de una Constitución que garantizara una justicia independiente, la seguridad y la libertad de los ciudadanos. Una de las singularidades de la nueva ley de leyes fue la inclusión del Estado de las Autonomías con el loable fin de descentralizar el Estado y acercar la Administración a los españoles. Entre ellas fue creada la autonomía de Castilla y León. Han pasado ya más de dos décadas de la creación de esas instituciones, ha llegado el momento de hacerse la siguiente pregunta: ¿la creación de la Constitución y de las autonomías ha sido positiva o negativa? Sin duda, la nueva Constitución ha traído un soplo de libertad y de democracia que España no tenía anteriormente. La Constitución ha sido el mejor instrumento que hemos tenido los españoles para alcanzar un extraordinario desarrollo político. Tiene, sin embargo, algunas lagunas o trampas peligrosas que no se han sabido, o más bien, no se han querido evitar. Una de ellas es haber incluido en el texto los términos nacionalidades y regiones, sin especificar cuáles son las unas y cuáles son las otras, provocando diferencias entre las diversas regiones en lugar de respetar la igualdad entre todas. Otra laguna o trampa es la permisividad o libertad de que las autonomías tengan diversos contenidos en la enseñanza de nuestros niños y jóvenes. Estas dos anormalidades constitucionales están generando graves consecuencias, que están poniendo en verdadero peligro la unidad de España. Otra consecuencia es el aumento de poder de los partidos nacionalistas, hasta el límite de pedir estos públicamente la independencia, rompiendo España en mil pedazos. La formación de las Autonomías ha sido el auténtico motor que ha impulsado el mayor desarrollo económico de todas las regiones españolas en toda nuestra historia, de todas menos de una: la región leonesa. El avance espectacular de las regiones ha colocado a las tres provincias leonesas, León, Zamora y Salamanca, en los últimos lugares en los índices de riqueza nacional. Sin embargo, este retraso económico no es lo peor, lo peor es que la política autonómica nos está desnudando de nuestra historia y de nuestra propia identidad con el más absoluto de los desprecios a los leoneses como pueblo español. Están intentando que nos despreciemos a nosotros mismos a través de la ignorancia. Se desprecia todo aquello que se ignora. Si no sabemos quienes somos ni de donde venimos no sabremos a donde vamos. La política autonómica castellana desarrollada en la región leonesa en estos veintitantos años es lo más parecido a un circo de payasos y magos Los primeros para entretenernos y olvidarnos de nuestros graves problemas. Los magos para ilusionarnos y hacernos ver aquello que ellos quieren que veamos. El mago saca palomas y conejos de la chistera, multiplica los billetes por diez o por veinte. La política del gobierno no ha hecho otra cosa que entretenernos e ilusionarnos con proyectos y más proyectos que nos harían muy felices. La realidad es muy diferente. El 19 de marzo pasado emitió La 2 de Televisión Española un programa sobre los Ancares leoneses y gallegos. Se pudo ver claramente las políticas desarrolladas de ambas Autonomías. La Xunta está invirtiendo mucho dinero, recuperando las costumbres, la arquitectura popular, creando muchos y atractivos puestos de trabajo con el turismo. La Junta tiene en el más completo abandono al territorio y a los ciudadanos, provocando la despoblación general.. La arquitectura popular abandonada y en ruinas, no quedan casi niños y los pocos que quedan no tienen escuelas, tienen que ir a Galicia a estudiar. Hasta las alimañas están más protegidas que las personas. Es incomprensible las diferencias de gobernar de la Xunta y la Junta. No se debe olvidar que se trata del mismo país, de zonas limítrofes, de Gobiernos del mismo partido. Lo que pasa es que en Galicia gobierna Manuel Fraga, eso lo explica todo. La política desarrollada por la Junta en la región leonesa es simplemente una política contra la historia. No solamente no se preocupa de los ciudadanos sino que intenta destruir hasta el último vestigio de todo aquello que sea leonés, incluso el riquísimo patrimonio cultural. La falta de presupuesto para la recuperación de las vidrieras de la Catedral de León, las mejores del mundo, el impago del recibo de la luz del monasterio de San Miguel de Escalada -auténtica joya del arte mozárabe- , no son más que detalles del abandono y del desprecio de unos gobernantes a un pueblo, a su historia y a su identidad. Unos gobernantes que han tenido recientemente la osadía de decir que la solución al grave problema de la despoblación de la región la van a solucionar con emigrantes; no importa que los leoneses sigan emigrando. No cabe mayor desprecio a nuestros derechos. Mientras, ¿qué hacen nuestros políticos? Pues vendernos la moto, un día sí y otro también, con demagogia barata y populismo de ocasión para que les tengamos en cuenta en las próximas elecciones, como vulgares magos circenses. Políticos que se llenan la boca con la palabra democracia y con promesas, cuando lo único que hacen con ellas es gárgaras para luego escupirlas y pisarlas. Los políticos no pueden seguir rehuyendo los problemas de la región, entre ellos, el derecho a la autonomía propia. Deben obligarse e implicarse para solucionarlos, corrigiendo el actual sistema intervencionista con libertad y democracia. La democracia no es sólo un medio para elegir los gobiernos sino también un sistema de principios básicos para garantizar la defensa de los derechos de los ciudadanos. Y la libertad es un don natural que debe tener el ser humano para obrar de una manera o de otra o de no obrar, con la obligación de responsabilizarse de sus actos. Es también una facultad de la que debe gozar todo ciudadano para hacer y decir todo aquello que no se oponga a las leyes y a las buenas costumbres.