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león en verso

El color del invierno demográfico

 

luis urdiales
06/02/2019

De todos los destinos del transporte público hasta los confines leoneses, no hubo expedición que igualara en contenido al León-Villablino, por Omaña; de vuelta, también, para la última generación de intrépidos y valientes que han dejado crecer en este territorio, del que hombres y mujeres fueron y seremos expulsados, hasta que no haya otro panorama que aquel que satisfaga a los gestores amantes de los parques temáticos con repertorio etnográfico y mausoleos hidrográficos. Se van a hartar. A quien corresponda, que le recuerde al comisario de la exposición que no olvide incluir aquellos coches de línea con frontal cóncavo, afilado y sin aristas, tal que hubieran sido moldeados con toda la intención para las dificultades que conllevaba el servicio, la incursión diaria en tierra donde lo más fácil fue siempre adivinar el invierno a la vuelta de los Santos. La megafonía de la vieja estación, en las legendarias cocheras de Cardenal Lorenzana, llamaba a rutas apropiadas para el reto del Ironman: León-Cofiñal, León-Acebedo, León-Villafranca; pudo ser un León-Varsovia, y esos panzer plomizos tampoco habrían fallado. Se antojaban míticos los recorridos basados en una traza diagonal de León, a lugares enriquecidos por requiebros naturales en los que no siempre el agua tiene que correr hacia el sur y las truchas nadar rumbo al norte. La aerodinámica convirtió a los aparatos en mito para el trasiego de la población, hornadas de sangre joven y dinámica que se labró un futuro en los internados de la ciudad, resuelta y decidida, con espíritu renacentista, dotada de manos capaces de someter a reses de una tonelada y mentes resueltas para bordar exámenes sobre ecuaciones bicuadradas. Al Pegaso de bramido ronco que tantos amaneceres alcanzó en los últimos repechos del puerto de La Magdalena, mientras dejaba atrás los valles del Sil, pocas veces lo detuvo nada; ni el metro de nieve que con más frecuencia que en la actualidad acudía a solapar muros sobre los pasos de las gentes que tenía por pasaje, fuertes y formales, a imagen y semejanza del vehículo. El coche de Fernández fue símbolo de valía y resistencia ante un invierno que era broma si se compara con esta embestida fría al León vacío; el coche era plateado; gris es el futuro.



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