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LA GALERNA

De lo cotidiano a lo extraordinario

 

ANA GIL
09/04/2019

Antes era algo cotidiano: comer en familia con las noticias de fondo. De aquellos años me quedaron algunos nombres en la memoria. De hecho, me pasé mucho tiempo pensando que el canciller alemán era Helmut Khol y que no habría otro porque ese cargo estaba asociado a ese nombre para siempre.

Lo mismo ocurría con el lendakari Ardanza. También recuerdo a los hutus y a los tutsis en Ruanda o el sufrimiento de Omayra, la niña colombiana atrapada en el fango y entre los restos de su casa tras la erupción del volcán Nevado del Ruiz. Poco más que aquellos recuerdos quedaron dentro de mi memoria.

Ahora es imposible ver el telediario y es poco recomendable hacerlo en familia. Niños que esnifan pegamento en parques, casos de ‘manadas’ que no dejan de sucederse, mujeres asesinadas por sus parejas, sucesos escalofriantes, campaña política, el problema catalán, kamikazes que siembran el pánico, la mayor cárcel de ballenas del mundo, un zoológico en el que amputaron las garras a una leona para que el público pudiera acercarse más a ella sin sufrir riesgos... y así una noticia detrás de otra. Es lo que vi ayer mismo, cuando me atreví a encender la televisión. Creo que tardaré un tiempo en volver a hacerlo.

Da un poco de miedo mostrarles a los niños esta ventana al mundo. Más que nada porque muchos de estos asuntos no tienen explicación posible y eso genera mucha confusión e inquietud en cualquiera. Es un sinsentido que en la mayoría de los casos no admite discusión.

No es lo más común encontrar noticias buenas, ilusionantes o esperanzadoras, lo que si que hace el telediario es dejarte con la boca abierta, como en el caso de Ángel, el hombre que ha ayudado a morir a su mujer, María José, enferma de esclerosis múltiple. Él ha relanzado la causa de la eutanasia y ha dado un paso inédito en esta lucha, además de haberse convertido en el primer detenido por este motivo. Esto si que genera debate.

El de Ángel es un caso de valentía y de amor por ayudar a su pareja a conseguir lo que deseaba, que era no seguir viviendo. Quizás todavía quede algo de esperanza.