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NUBES Y CLAROS

Cuestión de edad

 

MARÍA J. MUÑIZ
13/04/2019

Es sabido que cumplir años no es tan malo si se piensa en la alternativa. Tanto como que la vejez hoy viene a coincidir prácticamente con la esperanza media de vida, según sesudos informes que vienen apretando por un lado con lo de prolongar la vida laboral, ya que la salud parece acompañar pero las cuentas públicas no; y por otro con un nuevo concepto de tercera edad, que comience casi con las primeras dependencias. Antes de eso, se reclama vida activa, si no laboral sí al menos mental y física. Lo dicen los expertos, los 80 son los nuevos 60. En poco tiempo le hemos ganado 20 años a la ‘edad madura’.

Vivimos más y mejor durante más tiempo, pero esa vejez interminable nos lleva también en muchos casos a un terrible último capítulo de dependencia y subsistencia agotadora, aunque parezca inagotable. Hay quien se lo toma con humor. Me cuentan de uno que dice que en su vejez sólo espera de sus hijos que le aparquen en la silla de ruedas con cuidado de que quede mirando a la tele. Humor (negro) madrileño. No quiero entrar aquí en episodios tan terribles como los malos tratos de algunos cuidadores a los ancianos. Para ellos, como para quienes atacan a los niños, los dos colectivos más indefensos, el más duro y ejemplarizante de los castigos. Sin atenuantes.

No quiero porque hoy tengo motivos para celebrar. Mi querida tía y mi querida suegra son gemelas. Cosas que tiene la vida, que siempre acaba cerrando algún círculo. Nacieron el mismo día del mismo año, y ayer estaban de aniversario grande (hasta ahí puedo leer...). A pesar de la coincidencia se parecen como un huevo a una castaña. Clara celebró la efeméride con su doble sesión habitual de acrobacias de gimnasio (clase de no sé qué y no sé cuánto, que yo ahí no estoy muy puesta, pero muy movidas seguro) y maratón de cafés con pandillas varias; y Margarita con su retranca gallega del ‘deja, deja, pa’qué’, que acabará derivando en festín, como quien no quiere la cosa.

Según el nuevo concepto de ‘vejez’ están ellas prácticamente en la flor de la vida, esa edad que Mafalda situaba en los 40 años hace ya demasiado tiempo. Si se despistan un poco y les pilla un gobierno que haga las cuentas de la hucha de la Seguridad Social con los dedos las tiene todavía trabajando de becarias. No es el caso. Están en edad y disposición de disfrutar de la vida, pero para eso, a los 15 y a los taitantos, hay que poner empeño. Ánimo, chicas. A exprimir la vida.

   
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