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El diésel es de fachas

 

Luis urdiales
05/12/2018

Hasta hace nada, los coches se vendían como ahora las colonias y las bebidas sintéticas que abren el apetito y secan el hígado; era meter una mujer en el spot televisivo y a las marcas le quitaban el vehículo de las manos. De ahí pudo contagiarse ese estereotipo femenino que se empeñaron en fundir con el acabado de los mejores bólidos, para que la fiebre consumista cerrara el círculo y no dejara lugar a la duda. Dicen que algunas marcas diseñaban los faros inspirados en la mirada arrebatadora de las escandinavas, según el canon de belleza que imperaba en la época; otras teorías más absurdas sostenían que la potencia del motor elegido era inversamente proporcional a la virilidad del cliente. Cosas imposibles si te empadronas en un soviet. La vida ha cambiado tanto que el sector tiene que palparse la ropa antes de meter un modelo en el mercado; para que el comprador esté seguro de que con las cuatro ruedas y el volante no se lleva un papel en blanco que le va a arruinar la vida, con la comisión de medio ambiente, la inspección de hacienda, el comité de asesores para la transición sostenible, o, simplemente, que el cargo de conciencia le impida conciliar el sueño. Antes de adquirir un vehículo conviene ver a un asesor que evalúe la posibilidad económica de soportar el gasto; no de la alimentación de los niños, no; del paquete que repercute del clavo impositivo para el diésel, el combustible de los ricos que tienen por costumbre quemar rueda y fundir parafina. A partir de ahora, al repostar, regalarán vales para completar la cartilla de racionamiento de autoridad moral que da derecho al voto en las próximas elecciones. Eligieron el diésel para exprimir al contribuyente y pagar vicios adquiridos que la utopía del estado del bienestar había idealizado como fábulas gratuitas; los obreros votan a la derecha mientras la progresía del Congreso dilapida impuestos en nutrir ideologías demodés. Todos somos socialistas, dijeron los currantes, hasta que echaron cuentas. Y vieron que era mejor la fórmula Trump: el dinero en el bolsillo en vez de en la caja del estado. Así con el diésel. Eligieron el gasóleo como decidieron no criminalizar el consumo masivo de la cerveza; que no deja de ser un alivio, en el fondo.

   
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