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PANORAMA

Las europeas en Cataluña

 

Antonio Papell
28/04/2014

Todas las elecciones democrática marcan siempre hitos en el devenir de los países, más allá de su propia significación objetiva, y estas europeas del 25 de mayo, que se celebrarán en una coyuntura compleja, tendrán una influencia grande en el futuro de este país. Las elecciones al Parlamento Europeo, que se desarrollan sobre una única circunscripción aunque hay formaciones que tienen presencia sólo en determinados territorios, están ubicadas en el extremo de la crisis y en pleno fragor del problema catalán. En consecuencia, los resultados electorales nos ofrecerán, primero, el dictamen de la ciudadanía sobre el comportamiento de los partidos en esta época de vacas flacas. Y, en segundo lugar, valorarán inapelablemente la tarea que cada cual ha hecho en el escenario catalán

En el ámbito estatal, la principal incógnita es quién ganará las elecciones. Si es Rajoy el vencedor, podrá decir con fundamento que el país ha refrendado su obra de dos años largos de gobierno, que han sido de sangre, sudor y lágrimas pero que finalmente nos han redimido de la recesión; en este caso, el PP puede tener casi asegurada la continuidad tras las elecciones generales de 2015. Y si gana el PSOE, o si Valenciano consigue acercarse mucho al PP, Rubalcaba se sentirá legitimado para optar en primarias a su continuidad. Lógicamente, también son ciertos los recíprocos de estas proposiciones.

CiU prueba suerte junto al PNV, Coalición Canaria y Compromiso por Galicia, con Ramón Tremosa —ya eurodiputado— a la cabeza. ERC ha optado por poner al frente a Josep Maria Terricabras, un filósofo de prestigio que pertenece a este ignoto territorio que es el independentismo de izquierdas, y por situar como número dos al excéntrico Ernest Maragall, hermano de Pasqual y exconseller de Educación con Montilla, uno de los primeros del sector catalanista del PSC en romper la baraja.

Cabe la esperanza de que un nuevo fracaso electoral de Artur Mas, que experimentó como se sabe un gran traspiés en las últimas autonómicas que él mismo adelantó, conmocione al nacionalismo moderado, provoque una gran catarsis y encarrile la cuestión catalana hacia otros derroteros. Pero la constatación de que el soberanismo se aglutina cada vez más en torno a Esquerra Republicana, que en cierta forma es una clarificación, produce también inquietud porque el aliento populista de la Asamblea Nacional de Cataluña, que abona la ruptura unilateral, proviene de los mismos parajes. Hay que confiar en que los electores de Cataluña tengan en cuenta todas estas cuestiones al votar.





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