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La foto

 

HOJAS DE CHOPO ALFONSO GARCÍA
11/03/2019

A una determinada edad los años parecen pasar de dos en dos. «De tres en tres», dice siempre un amigo a la hora sacrosanta del vino mañanero y tertuliano. Lo digo porque, sin precisar con exactitud, por esa impiedad del paso del tiempo, hace muchos años –todos acabamos siendo un poco abuelos porretas- asistía a una cena que tenía como razón un acontecimiento. En un momento determinado y con cierta discreción, se me acercó un político –guardo de él la consideración y la amistad- para preguntarme:

—Esto va de la Madre del Año, ¿verdad?

—No —le dije—, se entrega un premio literario.

Salió a flote, sin más. Nunca volvimos a hablar del asunto.

Me viene este momento, puramente anecdótico, ahora a la memoria por la escalada creciente del gusto irremediable por la foto, sea como fuere, con cualquier motivo, venga o no a cuento, más en estas dislocadas fechas de las elecciones. ¿Hace siempre bien la foto o empalaga en ocasiones? Dicho en honor de la verdad, no era el caso del personaje referido: su paso por la política fue efímero, por voluntad propia, reclamado por sus múltiples quehaceres profesionales.

Verán.

Sucedió hace poco. Los medios que se ocuparon de la noticia la resumían: «Entregan a un empresario los 7.860 euros que perdió en León y encontró un matrimonio». Un acto de honestidad, distorsionado a posteriori cuando se hizo la entrega de la cantidad perdida. Bajo focos y cámaras, aquí reside la extrañeza y el aprovechamiento descarado de la foto. En el escenario, además de otros personajes, tres son los fundamentales: el empresario recibiendo o simulando la recepción y quien entrega la cantidad encontrada. Llama la atención, se supone que por petición propia, para conservar el anonimato, que este segundo personaje aparezca pixelado en la imagen. Conforme a su actitud inicial, que le honra, parece huir de cualquier protagonismo, lo que fortalece, sin duda, su amplitud de miras.

La tercera figura, sobre la que descarga la cámara a la que está más atengo que al acto en sí, un concejal. Sonriente y, al parecer, ufano. ¿Protagonismo puro y duro? ¿Amor desmedido por aparecer en la foto que difícilmente se explica por pertenecer al ámbito de la reserva y la privacidad? ¿Quién llama al fotógrafo? ¿Cómo y quién la distribuye? ¿Qué pinta ahí el concejal? ¿Está él en el origen del proceso? Los comentarios en la calle son jugosos, sobre todo por la escalada que supone el respeto al no todo vale. A uno la foto le parece de una obscenidad moral insultante. Lo siento.

   
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